Historia: En las reboticas se reunían personajes ilustres para debatir sobre cualquier cosa

J M Rodríguez / AGM

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María Dolores Olmo Fernández-Delgado Autora de ‘De la botica a la farmacia’

Mientras que Benito Pérez Galdós definía a los boticarios como hombres «atrozmente liberales» y Quevedo se refería a ellos como los profesionales que ejecutaban las órdenes de asesinos (los médicos), en la literatura del siglo XIX eran considerados figuras cultas que participaban activamente en la sociedad. Tras pasar cinco años adentrándose en distintas farmacias de la Región en busca de muebles, pinturas y utensilios de boticas, María Dolores Olmo ha conseguido publicar su tesis ‘De la botica a la farmacia. Interiores urbanos al servicio de la ciencia y sociabilidad en la Región de Murcia (1860-1931)’, una investigación de seiscientas páginas que trae al presente la profesión y el entorno social del olvidado boticario.

-¿Cómo definiría la figura del antiguo farmacéutico?

-Sin duda, era una profesión que tenía una gran consideración social. Especialmente, a partir de 1845, cuando se abren las primeras facultades de Farmacia en España, momento en el que el boticario pasa a ser farmacéutico. Desde entonces, comenzaron a ser tratados como hombres de ciencia, cultos, los cuales participaban activamente en la vida de la ciudad. Antes de este cambio de estatus, para ejercer la profesión solo tenían que pasar un examen y haberse formado con otro boticario, aproximadamente, durante cuatro años.

-¿Cumplían las farmacias de hace dos siglos las mismas funciones que las contemporáneas?

-Las farmacias eran tanto centros científicos como reuniones sociales. En las reboticas [salas que utilizaban para preparar los medicamentos] se reunían personajes ilustres para debatir sobre cualquier cosa. Como todavía no había casinos ni centros culturales, organizaban allí sus tertulias. Siempre aparecía algún sacerdote, maestro, médico… Mientras que durante el día el farmacéutico elaboraba sus fórmulas magistrales, a partir del atardecer comenzaban los debates. Según un documento de la época, en una reunión incluso se planteó cuánto tardaría una hormiga en mover la campana de la catedral.

-¿Recuerda alguna idea brillante que naciese en el interior de una rebotica?

-En una reunión, en San Antolín, surgió el proyecto del Entierro de la Sardina cuando un grupo de estudiantes, vestidos con túnicas y entre cantos lúgubres, llenó un túmulo con restos de pescado. De esta forma, se realizó una especie de entierro de la sardina. Probablemente, vendrían de Madrid y conocerían el entierro de la capital. En la misma rebotica, cuando Isabel II visitó la ciudad, los intelectuales elaboraron un discurso en panocho que está considerado como el primer bando de la huerta. No como desfile, pero sí como discurso. En otra, nació la idea de dedicar un monumento a Salzillo.

-¿Participaban los boticarios en movimientos políticos?

-Junto con el resto de intelectuales, se metían en diversos tema sociales. Los miembros la rebotica de la avenida Reina Victoria de Cartagena, por ejemplo, decidieron participar en la Revolución de Septiembre de 1868. Sin su colaboración, el movimiento no habría triunfado en la ciudad portuaria. En otra, se organizó una milicia constitucional cuando Fernando VII derogó la Constitución de Cádiz.

-Ha leído numerosos inventarios de boticas de los siglos XVII y XVIII. ¿Con qué clase de preparados se ha encontrado?

-Los inventarios de aquella época eran bastante curiosos, ya que en las farmacias podías encontrar desde ‘pezuñas de la Gran Bestia’ hasta esperma de ballena, material de unicornio o cráneo humano. Además, empleaban piedras preciosas, como esmeraldas y lapislázulis, para la elaboración de medicamentos. Todas las guardaban bajo llave en unos armarios llamados ‘El ojo del boticario’.

-¿Qué utensilios utilizaban?

-Los importantes siempre han sido la balanza y el mortero. A partir del siglo XIX, introdujeron nuevas formas farmacéuticas como las grajeas y otros utensilios como los pildoreros. También existían las copas para dorar las píldoras. De hecho, el refrán ‘no me dores la píldora’ alude a este utensilio, ya que con las copas recubrían con oro o plata las píldoras para cambiarles el sabor.

-Si queremos viajar al pasado, ¿dónde podemos encontrar algún resquicio boticario?

-En Murcia, en la farmacia Ruiz. En Cartagena, en la de la avenida Reina Victoria. También hay en Caravaca, Lorca, Jumilla. Gracias a los elementos decorativos que conservan, podemos embriagarnos un poco del ambiente del pasado.

Origen: «En las reboticas se reunían personajes ilustres para debatir sobre cualquier cosa» | La Verdad

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