Un día como hoy en la ciencia…

La rabia es la zoonosis viral conocida más antigua, y es también uno de los virus más peligrosos que el ser humano puede contraer, con una letalidad cercana al 100%. La rabia es la causa de muerte de decenas de miles de personas cada año en la actualidad, principalmente en Asia y África, donde la epidemia representa un problema de salud pública.

Además, la rabia puede ser muy difícil de diagnosticar, ya que en las primeras etapas de contagio se puede confundir fácilmente con otras enfermedades o con simple agresividad. Afortunadamente para nosotros, Louis Pasteur desarrolló en 1885 una vacuna contra la rabia, junto a su colega Émile Roux.

Sabiendo que contraer el virus de la rabia era una muerte casi segura en aquel momento, Pasteur y su paciente (o mejor dicho la madre de su paciente) estuvieron de acuerdo en aplicar la vacuna que hasta el momento solo había sido testeada en perros y no se sabía si iba a funcionar en humanos.

La revista Time difundió en 1939 la historia de cómo sucedieron los hechos, de la siguiente manera:

«Una calurosa mañana de julio de 1885, un afiebrado Joseph Meister era arrastrado frenéticamente por su madre por las calles de París, en búsqueda de un médico desconocido que, según los rumores, podía prevenir la rabia. Joseph, de 9 años, había sido mordido 14 veces por un perro enorme y rabioso, y su madre, en un desesperado intento por engañar a la muerte, viajó rápidamente desde su ciudad en Alsacia hasta París. Temprano en la tarde, la señora Meister preguntó por el hombre que podía curar la rabia en un hospital. Un joven doctor le respondió: ¨Ah, se refiere a Pasteur. Venga conmigo¨

El bacteriólogo Louis Pasteur, quien mantenía varias casetas con perros rabiosos en un pequeño laboratorio, y era acosado por críticas de sus colegas, nunca había probado su vacuna para la rabia en un humano. Sin embargo, conmovido por las lágrimas de la señora Meister, finalmente llevó al niño al hotel Dieu y le inyectó la vacuna obtenida de la espina dorsal de un conejo que había muerto por el virus de la rabia. Por tres semanas, Pasteur observó ansiosamente al niño a un lado de su cama. Para su enorme alegría, el niño se recuperó».

Poco después, el éxito de sus estudios y la vacuna contra la rabia fueron reconocidos oficialmente, y cientos de personas que habían sido mordidas por perros rabiosos se agolparon ante el despacho de Louis Pasteur.

El joven Joseph Meister, creció para convertirse en conserje del Instituto Pasteur, donde, según Time, pasaba su tiempo contando a los visitantes los detalles de su anécdota como primer paciente con el virus de la rabia de Pasteur.

 

Origen: Un día como hoy en la ciencia…

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