La salud de la constituyente

Por: Oscar Feo Istúriz

La idea central de este artículo es que poseemos una buena constitución en salud, que sin duda podemos mejorarla, pero debemos tener mucho cuidado en no retroceder. Pero sobre todo, que hay que hacer que se cumpla.

Tenemos una buena constitución en salud. Nuestra constitución del 99 se opone al pensamiento sanitario dominante en el mundo, que concibe a la salud como una mercancía, que ve la salud como enfermedad y asunto individual que puede colocarse en el mercado. Nuestra constitución afirma la concepción de la salud como derecho humano y social fundamental que debe ser garantizado por el estado, como parte del derecho a la vida, y con la participación activa y consciente de la población organizada.

Por otra parte, la constitución señala que para garantizar y cumplir ese derecho es necesario construir un sistema público nacional de salud de carácter intersectorial, descentralizado y participativo, regido por los principios de gratuidad, universalidad, integralidad, equidad, integración social y solidaridad.

También se enfatiza en que ese sistema público de salud dará prioridad a la promoción de la salud y a la prevención de las enfermedades, al tiempo que permita el tratamiento oportuno y una rehabilitación de calidad. Además, señala la obligación del estado para proveer el financiamiento necesario y para desarrollar una política científico técnica y de formación de profesionales que logre concretar el derecho a la salud.

Como podrá notarse, es una concepción bastante avanzada. Casi socialista.

En qué puede ser mejorada. La constitución omite señalar el carácter único del sistema de salud, mantiene abiertas las puertas a la fragmentación, en la cual múltiples instituciones sanitarias incluidas las privadas y las vinculadas a las aseguradoras, todas con financiamiento del estado, participan de la prestación de servicios a la población. Un elemento en el que se puede avanzar es remarcando que el sistema público debe tener un carácter único, que obligue a resolver la fragmentación existente. Es evidente que esta concepción tiene enemigos, ubicados en algunas de esas múltiples instituciones y que ven amenazados sus espacios de poder y, en muchos casos, de negocios.

Otro aspecto en el que puede ser mejorada la constitución es incluyendo la conceptualización de la salud como “vivir bien” o “vivir viviendo” como decía el Presidente Chávez. Conceptos que no aparecen porque sencillamente no formaban parte de la dinámica de pensamiento existente en la época en que fue elaborada. Salud y vivir bien ya han sido rescatados en las constituciones de Bolivia y Ecuador, y se podría enriquecer nuestra constitución incorporando dicho concepto: Salud como parte de un modo de vida en beneficio de la colectividad y de la naturaleza, que se opone al modo malsano e individualista que caracteriza al capitalismo y al pensamiento eurocéntrico dominante.

Merece ser incorporado otro elemento: el del medicamento como bien público y parte del derecho a la salud, y la necesidad de impulsar su producción nacional.

Por último, no menos importante, la incorporación del modelo de Barrio Adentro como centro de la construcción del nuevo sistema público nacional de salud, basado en áreas de atención integral comunitarias y con una organización no en niveles, sino de redes integradas e integrales de salud.

Cuidado. Podemos retroceder. Si revisamos bien la constitución del 99 veremos que no está influenciada por el pensamiento de la salud pública tradicional. Conscientemente no se habla de atención primaria (APS), ni se menciona la definición de salud de la OMS, ni se habla de poblaciones vulnerables (nuestra concepción es universalista), ni de niveles de atención, que son conceptos del pasado y que muchas veces se hacen funcionales al capital y al mercado.

Un lamentable retroceso, tenemos que plantearlo críticamente, se dio con el Plan de la Patria en Salud. Si hacemos un análisis comparativo entre la Constitución y el Plan de la Patria, se consigue un retroceso, que quizás no sea fácil de detectar, pero que para los investigadores y expertos en el área de la salud colectiva resalta claramente. En primer lugar, la Constitución habla de “garantizar” el derecho a la salud, en el Plan de la Patria se asume que la función del Estado es “asegurar”, hay una diferencia notable ente ambas, asegurar y garantizar, y esa es una de las discusiones mundiales de mayor énfasis en el mundo de las políticas de salud. Hoy la propuesta del capital en salud es el aseguramiento y la cobertura con énfasis en poblaciones vulnerables y programas focalizados, mientras que nuestra propuesta es la de un estado que garantiza el derecho a la salud por medio de sistemas universales para toda la población. Además, el Plan de la Patria habla de atención primaria y de niveles de atención, mientras las políticas de salud del estado venezolano hablan de atención integral y redes integradas. En esa perspectiva es necesario mantener una vigilancia epistemológica, que no deje colarse en la nueva constitución el lenguaje de la salud pública neoliberal.

Otra forma de retroceder, sería si cedemos a los grupos de presión y poder que tratan de incluir sus temas específicos en la constitución. En el 99 tuvimos que enfrentar muchas presiones, hay grupos de enfermos organizados que desean ver sus temas incluidos en la carta magna: diálisis, trasplantes, hemofilia, seropositivos, por poner algunos ejemplos, quisieran ver sus temas explícitamente reflejados en la constitución, cuando la verdad es que esos temas, si bien constituyen aspectos que deben ser asumidos y garantizados por el estado, no necesariamente deben tener rango constitucional. Si claudicásemos ante la influencia de esos grupos organizados terminaríamos haciendo una constitución para enfermedades específicas, cuando de lo que se trata es de tener una constitución para la salud y la vida

No basta con tener una buena constitución. Hay que cumplirla. No podemos dejar de reconocer la crítica situación en que se encuentra la salud. Es grande la deuda que tenemos con el pueblo venezolano. No hacemos nada ocultando esa realidad. No se trata de un tema electoral. Es algo que sabe toda la población, habría que ser bien ciego para no reconocer la crisis en la que se encuentra la salud en Venezuela. Siete ministros de salud en cuatro años. Un presupuesto mayor para seguros y clínicas privadas (HCM) que para el Ministerio de Salud. Retrocesos importantes. Corrupción. Negocios. No es este el espacio para analizarlo, pero en la constituyente tenemos que hacerlo con responsabilidad y seriedad. Garantizar el derecho a la salud de la población requiere analizar con visión crítica la real situación que nos afecta. Estamos conscientes de los avances, pero también de las cosas que no funcionan, que son muchas y que no podemos ocultar.

Con esto sólo quiero expresar que no basta con tener una buena constitución, de hecho la tenemos, es muy buena, la próxima puede ser mejor, pero es indispensable hacer que se cumpla. El papel aguanta todo. La constitución puede ser inmejorable, pero lo inaplazable es hacer que mejoren las condiciones de salud y de vida del pueblo venezolano. Es un imperativo ético insoslayable.

oscarfeo@msn.com

Origen: La salud de la constituyente – Por: Oscar Feo Istúriz

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