‘150 MG.’: el lado más oscuro de los fármacos

En los primeros minutos de 150 MG. la cámara pasa del picado mar de Bretaña, en Francia, a una sala de cirugía. No hacen falta detalles: la desinfección del cuerpo, el corte del bisturí, la sierra de hueso contra la caja torácica y la sensación de que para los médicos es un día laboral como todos. La única alterada es la doctora Irene Frachon, interpretada por la actriz danesa Sidse Babett Knudsen (quien se destacó en Westworld de HBO), una neumóloga alarmada por una epidemia silenciosa que sólo ella parece ver.

Bajo la dirección de Emmanuelle Bercot, una compleja historia sobre la medicina, los fármacos, la burocracia y la apatía de las instituciones se convierte en un vertiginoso, horripilante y, sobre todo, fascinante viaje sobre la malicia pasiva que se esconde en hospitales blancos y salas de reunión elegantes.

Frachon descubre daños severos en las válvulas pulmonares de varios pacientes, quienes habían consumido Mediator, un fármaco de la enorme compañía francesa Servier. La droga ostensiblemente sirve para tratar la diabetes, pero en realidad se recetaba como píldora dietética, poniendo miles de vidas en peligro. La doctora decide enfrentarse a la titánica labor de demostrar lo dañino que es el Mediator, por lo cual empieza con un estudio liderado por el doctor Antoine Le Bihan, un discreto pero emocionante papel encarnado por Benoit Magimel, y pronto descubre un sinfín de enemigos y unos cuantos aliados.

Knudsen y Magimel.

Anclado en el matizado trabajo de Knudsen, la película logra hablar de los problemas que aquejan a los sistemas de salud, tanto por la influencia económica de las farmacéuticas como por la indiferencia de los mismos médicos. También logra ilustrar sutilmente las maneras en las que el sexismo complementa los problemas. La mayoría de las víctimas son mujeres, sofocadas por los estándares de belleza, pero también son las que más apoyan la lucha de Frachon. Ella también se ve disminuida por las percepciones de la sociedad, y por la noción de que es una pequeña arribista de provincia.

El título original, La Fille de Brest, alude a las dos cosas: ‘fille’ significa niña y la película ocurre casi toda en el hospital universitario de Brest, considerado una institución menor de una provincia insignificante. Es, en otras palabras, una lucha entre David y Goliat. Sin embargo, Frachon se rehúsa a guardar silencio y se dedica a buscar justicia.

150 MG. es un relato absorbente, contando con un rigor casi periodístico que no oculta ningún detalle, desde una autopsia gráfica a la mezquindad de los burócratas. Bercot, que le dedica la película a su padre, un médico, se mueve con destreza, manejando un enorme elenco y un tema espinoso con una gracia admirable. Por su naturaleza, es un relato necesario que invita a una reflexión sobre la salud, el sexismo, la industria farmaceútica y la vida moderna. Llega a salas de cine colombianas el 29 de junio.

Origen: ‘150 MG.’: el lado más oscuro de los fármacos

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