Cuba: Ante la falta de Medicamentos, Remedios para un gran dolor de cabeza

El sistema farmacéutico ha sufrido un desabastecimiento en los últimos meses. La falta de financiamiento para la producción, indisciplinas en los eslabones de la cadena e inexistencia de fiscalización en las unidades que comercializan los fármacos, contribuyeron a profundizar el maltrato a la población y la proliferación del mercado informal de medicinas, a expensas de desacreditar un servicio que permite disfrutar de uno de los derechos más importantes ganados por los cubanos: la salud.

Remedios para un gran dolor de cabeza.

Más de un centenar de cubanos consultados por BOHEMIA expresaron malestar y preocupación ante la falta de medicamentos.

Por MARIETA CABRERA, IGOR GUILARTE FONG y TONI PRADAS

Fotos: CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA

“Una manzana al día mantiene al médico lejos”, alegó en el siglo XVIII Benjamín Franklin, político considerado uno de los padres fundadores de los Estados Unidos de América. Y, vamos, Franklin sabía de lo que hablaba. En sus púberos días trabajó como vendedor en la tienda de barrio de su padre, donde dispensaba velas, jabones, además de medicamentos y diferentes hierbas curativas.

Como para mantener la salud la disciplina en el tratamiento médico lo es todo –o casi todo–, muchos cubanos se preocupan en los últimos meses luego de ir reiteradamente a las farmacias y no conseguir la “manzana” prescrita por su médico.

Ni el viejo Benjamín hubiera podido dormir en paz con esos truenos. Tal vez por eso inventó el pararrayos, inspirado su intelecto por otros científicos coetáneos como Isaac Newton (curiosamente, también aprendiz de boticario en su adolescencia, aunque en definitiva se inclinó por la Física y tras caerle una manzana de su huerto en la cabeza – ¡otra vez una manzana!–, se volcó al estudio y descubrimiento de la Ley de la gravedad).

Gravedad, catalogan muchos, es que falten tantos medicamentos en las farmacias cubanas y, lo peor, que algunos puedan encontrarse en las oscuras alforjas del mercado informal. Molestos, rezongan a solas, o en chismorreos, en asambleas y ante el micrófono de no pocos medios de prensa escrita y electrónica.

Una señora que no logra reconocer la botica habanera de Infanta y Manglar como la recordaba –la ve más pequeña, vaya–, finalmente acepta la explicación de la empleada: es la misma, solo se cambió de lugar el mobiliario (aunque inexplicablemente eliminaron un sofá donde el cliente podía hacer la espera sentado).

“Es la misma, sí, pero no tiene medicamentos”, rumia bilis la anciana, abrazada a su brisca de tarjetones como tabla de salvación. Poco le importa a esa hora que Franklin, New-ton, el dramaturgo noruego Henrik Ibsen o el padre del idioma italiano, Dante Alighieri, hubieran sido principiantes de boticario.

Remedios para un gran dolor de cabeza.

-¿A quién no le va a doler la cabeza, si en ocasiones debe recorrer varias farmacias y no encuentra el medicamento indicado por un facultativo? (Foto: YASSET LLERENA).

Lo cierto es que las explicaciones ofrecidas por los encargados de su producción y distribución en los últimos meses, no han dado tranquilidad. Siguen faltando medicinas, y cuando reaparecen las que ya nadie se acordaba, se volatilizan otras y luego desaparecen las reencontradas.

Con la oreja pegada a la tierra, BOHEMIA fue a la calle para explorar la ruta que siguen los medicamentos para llegar a su destino final. Desde el cliente hasta la industria productora y, por supuesto, la red de dispensarios, pues se puede leer en el libro Rayuela, de Julio Cortázar, “una farmacéutica está al servicio de la verdad, aunque se localice en los sitios más íntimos”.

El turno de las farmacias de turno

BOHEMIA sondeó cuál es la percepción de los cubanos sobre la disponibilidad de fármacos en los anaqueles de las boticas de distintas partes del archipiélago. Así, pudo conocer que su satisfacción es bastante baja, luego de indagar a 140 personas, mujeres y hombres mayores de 35 años que habitan en siete municipios capitalinos y en las provincias de Pinar del Río, Mayabeque, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila.

Tras esas pesquisas conoció que son precisamente algunos medicamentos destinados a mantener a raya la presión alta –el enalapril, y un diurético utilizado en ese tratamiento: la clortalidona– los que perciben los entrevistados como los más fantasmales. En Cuba, poco más de un millón de pacientes utiliza un antihipertensivo de por vida, sea enalapril o captopril, y los diuréticos hidroclorotiazida y clortalidona, esos cuatro con bastante inestabilidad en su oferta.

Seis de cada 10 personas se las agencian para conseguir por otras vías las medicinas en falta. Tocados por la suerte, a 20 por ciento de los pacientes les regalan el medicamento que necesitan, mientras 10 por ciento lo recibe del exterior. Pero de cada decena, seis lo adquieren en la pillería de la calle y uno lo forrajea directamente en el dispensario, de una reservita que “por casualidad” tiene el farmacéutico.

Afortunadamente, la mitad de los ciudadanos afirma poder encontrar, en el sistema oficial, un sustituto para el medicamento que habitualmente consume y está en falta.

A pocos metros del estadio Latinoamericano, Yosmany Tamayo Vargas administra la farmacia principal del capitalino municipio del Cerro. El joven, quien años atrás cambió los sobresaltos de una ambulancia por las parsimonias de los esparadrapos y los blísters, afirma que es obligación de cada unidad localizar en cualquier parte de la ciudad el medicamento que no tiene en sus estantes.

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Yosmany Tamayo, administrador de la farmacia principal del Cerro, afirma que es obligación localizar en cualquier parte de la ciudad el fármaco que no posee en sus estantes.

“Para esto, tenemos un mecanismo factible”, afirma con la flema de los boticarios de antaño, de cuando a las farmacias les llamaban apotecas. Y explica: “por la mañana, si se nos ha agotado un medicamento, informamos de inmediato al área de salud para que no sigan prescribiéndolo y evitar también molestias al paciente”.

A una farmacia principal como la suya –revela– debe llegar, de los medicamentos controlados, 10 por ciento por encima del pedido que corresponde para sus clientes habituales. El objetivo es cubrir las altas, suyas y de otras unidades, y auxiliar ante la carestía de algún establecimiento. “Pero está viniendo muy por debajo del número de pacientes que tengo aquí”, se lamenta.

Por ello, deben coordinar con otras unidades para ver en cuál existe la medicina en falta. “No esperamos a que llegue el paciente, y si es un medicamento sujeto a tarjeta de control, le hacemos un documento que justifique la remisión. Sea por receta o venta liberada, le indicamos dónde adquirirlo”.

Pero ciertos dispensarios niegan el despacho que, dicen, reservan para sus clientes. “El medicamento es para los pacientes. No para ‘los míos,”, fustiga Tamayo. “Ya no tener el que la persona necesita es un maltrato, y si se lo localizo en un municipio lejano, estando a tres o cuatro cuadras, es doble maltrato”.

Bien lo sabe Ángela López, de 76 años, vecina de Santa Catalina, municipio de Diez de Octubre. A las 10 de la mañana está con su esposo Roberto Rodríguez gastando zapatos por la principal del Cerro en busca de amitriptilina, pues en otra farmacia le dijeron que ahí había. Pero ya no hay. Le aconsejan entonces que llame o venga el lunes, por si entra.

“Figúrese, uno viene de tan lejos. A veces pasan hasta dos meses sin hallar el medicamento. Me he visto obligada a recortar el tratamiento y ahora tomo menos cantidad para estirar las pastillas. Sigo ese plan hace 10 años y esto nunca había pasado”, reprocha.

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La farmacia ubicada frente al hospital Doctor Salvador Allende muestra un deplorable estado físico. Igual que en otras unidades, su reparación ha sido largamente postergada.

Más de dos horas después, los periodistas vuelven a toparse con la pareja de ancianos, sudorosos y agotados, en la farmacia de La Covadonga. “Hasta aquí hemos llegado luego de caminar tres farmacias”, resumen, orgullosos de haber encontrado la amitriptilina, pero queda otra receta sin poder comprar.

En la misma unidad, Marisol Peña Zúñiga, de 55 años, anda a cuestas con sus tarjetones de enalapril, clortalidona y omeprazol. “Me dio un infarto cerebral y tengo necesidad de tomar los medicamentos sin falta. Me he quedado hasta un mes sin conseguirlos”, dice. Su hija, quien la acompaña, indica que cuando no hay las medicinas que toma en su botica, le dan un desvío para otra, pero cuando llega al lugar sugerido, la cola es inmensa y se acaba rápido. “Mira dónde vinimos a conseguirlas, luego de tanto caminar: en La Covadonga”.

Por lo que ha leído, Marisol sabe que hay problemas con las materias primas para producir los medicamentos, “sin embargo hay muchos en la calle, que una los ha visto”, acusa, y vuelve a la carga: “Yo no compro por esa vía porque no sé lo que me están dando, pero en la calzada de Monte tú ves de todo”.

Una percepción distinta tiene Ada Alba, de 76 años, quien reconoce haber comprado clonazepam en la calle hace tiempo. Ella y su marido toman esa pastilla desde años atrás, y aunque ha estado en falta en los últimos dos o tres meses, no se ha visto obligada a acudir a la bolsa negra. “En mi opinión, no es la peor: ha habido crisis peores”, deshila de entre sus recuerdos.

También apela a su memoria Elda Luisa López Cristiá, administradora de la farmacia comunitaria de atención hospitalaria 976. “Siempre ha habido medicamentos en falta, lo que pasa es que ahora existe el programa Cuba dice”, asevera sin titubear la responsable de esa botica mejor conocida por La Covadonga, en el Cerro, frente al hospital doctor Salvador Allende.

Elda Luisa habla por su experiencia en el sector desde 2009, y de la alerta que dio la sección de críticas del noticiero televisivo. Mientras esta salía al aire, el Ministerio de Salud Pública (Minsap) llevaba a cabo una inspección en las 2 148 farmacias del país, que dio fe del deterioro del sistema y atajó desde indisciplinas laborales y delitos, hasta problemas de infraestructuras y organización.

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Cualquier fisura en los eslabones de la cadena por la que transita un medicamento puede hacer que caiga en manos de los revendedores.

 La mafia blanca

No es la primera vez que ocurren violaciones de la ley relacionadas con los fármacos. En Mayabeque, la Unidad Provincial de Investigación Criminal y Operaciones tramitó el expediente No. 551 de 2015, contra tres ciudadanos implicados en la venta ilícita de metilfenidato con fines de lucro.

Este medicamento es solo prescriptible para niños y su venta es controlada por ser una sustancia psicotrópica. Por ello, los delincuentes contactaron con 25 padres y familiares y les solicitaron las tarjetas de menor para realizar la documentación y adquirirlos.

La registradora del Centro de Salud Mental de Güines les entregó dichos documentos y esta se los facilitó al vicedirector Docente y de Psiquiatría Infantil del policlínico Marta Martínez, de ese municipio, para que confeccionara los certificados médicos con asignación de 180 tabletas cada uno. Tal proceder fue autorizado por la directora de ese centro, sabiendo que estos infantes no requerían análisis clínico, y a cambio recibió pagos en CUC.

Autorizados los papeles, una técnica farmacéutica, sin cumplir las exigencias establecidas, despachó y cobró también en CUC el servicio; en ocasiones entregó el medicamento a personas no reflejadas en los certificados, quienes realizaban la compra y llevaban a otros individuos para comercializar los blísters en esa moneda.

En este caso de falsificación de documentos públicos y tráfico de drogas estuvieron implicados cinco trabajadores de Salud, una técnica en Farmacia y 32 personas que formaban parte de la cadena delictiva, más cuatro ciudadanos sin vínculo legal con ese sector.

De todo como en botica

La ruta por la que transita una medicina es bastante vulnerable, reconoce Yosmany Tamayo, jefe de la farmacia principal del Cerro.

“Desde donde se produce hasta el destino final, que es el paciente, se pueden violar muchas cosas y es así como puede ir a parar al mercado negro. Empezando por donde está la materia prima: si no se toman las medidas para salvaguardarla, puede que se sustraiga y se haga una fábrica ilegal de medicinas, como ha sucedido. Después, en la droguería (almacenes que distribuyen los fármacos a las boticas), si hay alguna fisura organizativa, se pueden sustraer medicamentos”, afirma el directivo. Aun así, reconoce que es en la farmacia donde más posibilidad de desvío existe.

Remedios para un gran dolor de cabeza.

Ilustración: ADÁN IGLESIAS.

“Pero para eso están los mecanismos de control. Si yo, por ejemplo, no miro la factura, la almacenera me puede decir que en vez de 820 entraron 800. Y esos 20 pueden ir a parar al mercado ilegal. Si no verifico la transferencia entre las áreas de almacén y de dispensación, ahí también puede haber una grieta”, revela.

Para el administrador, todos los procesos son auditables. De cualquier manera, desconfiar es parte de su librito. “Cuando vienen cuatro o cinco recetas de un medicamento que nosotros le llamamos ‘conflictivo’, como meprobamato, mentolán, micocilén en polvo…, que son de alta demanda, o alguno que ha estado en falta y lo distribuyen, a esas les ponemos muchísima atención”.

Tamayo admite que es un poco difícil esa situación, porque un cliente que va al área de dispensación tres o cuatro veces puede ser un mensajero, o alguien haciendo un favor a otra persona. “Pero uno sabe a veces y trata de presionar.

“Es algo que tenemos que trabajar de conjunto. Ahí tiene que entrar también el médico, que no dé una receta por complacencia. Y también la policía, que cuando uno llame porque tiene a un paciente con seis o siete recetas, que puede ser un invento, que venga, porque quién soy yo para retener a alguien”, propone.

Según el licenciado Eduardo Linares Rivero, jefe técnico de la Empresa Provincial de Medicamentos del Este, de La Habana, en la inspección recientemente realizada detectaron, entre otras incidencias, recetas falsas, validadas con el número de profesional de algunos médicos que partieron al extranjero y sus cuños quedaron en posesión de familiares.

También sorprendieron a dependientes de farmacias con recetas en blanco en su poder, y cuños falsos con el nombre de un policlínico y un médico; entre estos, incluso, descubrieron uno que respondía a la Dirección Provincial de Salud de Santos Suárez, barriada habanera que de manera surrealista fue convertida en provincia.

Ejército para la toma de la pastilla.

Entre los 434 fármacos considerados de primera prioridad están los 103 que se despachan mediante la tarjeta de control, como el salbutamol.

Ejército para la toma de la pastilla

Problemas financieros y de control provocaron la crisis, a la que con urgencia se le han propuesto soluciones

A mi niño, mi niño, le duele la cabeza… cantaban las rondas de aquellos juegos de antaño. Quién recuerda esos tiempos ingenuos, incluso más atrás, cuando el adusto boticario estaba rodeado de frascos de porcelana, morteros, pilones y balancitas. Y recetas o récipes, muchas récipes encabezadas por la caligrafiada sigla Rx.

Aun con la candidez de entonces, no se permitían improvisaciones. Hasta el primer tercio del siglo XVII, los aspirantes a cirujanos, barberos, boticarios y parteras de las villas fundadas en Cuba tenían que someterse a examen en Nueva España –una orden tajante del Real Protomedicato de San Cristóbal de La Habana–, a fin de conseguir permiso para poder formular aguas aromáticas, licores, ácidos, jarabes, electuarios, extractos, píldoras, espíritus, sales, bálsamos, tinturas, polvos, escaróticos, aceites, ungüentos…

Hoy todo es más difícil. Los medicamentos se han hecho más complejos para ser más efectivos y la popularización del servicio médico obliga a producciones industrializadas, infra-estructuras y organización con preciso engranaje de reloj. En Cuba exige todo un ejército de trabajadores profesionalizados con el que se podría emular la toma de la Bastilla.

Pero es a la toma de la pastilla a lo que aspira este sistema, digamos, por ese niño de la cantinela al que le duele la cabeza. Y como la cadena desde la fabricación del medicamento hasta su venta en las farmacias hoy tiene fisuras, a quien le percuten las sienes es al Estado cubano, responsable de garantizar a toda costa ese derecho humano que es la salud.

Para cumplir con este mandato, el Departamento de Planificación y Análisis de Medicamentos y Fármaco-epidemiología, del Minsap, se encarga de conocer las necesidades, valorarlas y presentarlas a quien financiará la satisfacción de la demanda.

El cuadro básico de medicamentos en Cuba, uno de los más grandes que pueda tener cualquier país, alcanza los 801 productos. Este puede variar cada año: mientras unos de nueva generación se incorporan, otros se retiran al demostrarse su menor efectividad.

Ejército para la toma de la pastilla.

De los 801 productos del cuadro básico de medicamentos en Cuba, la industria farmacéutica nacional está encargada de producir 499.

La industria farmacéutica nacional, en manos del grupo empresarial Biocubafarma, está encargada de producir 499 productos de ese total de 801. Por su parte, la empresa Medicuba tiene en su agenda importar el resto, con una cartera que oscila en unos 100 millones de dólares para ese fin, incluida la compra de un medicamento específico que se destina a una sola persona.

Aunque en los últimos años ha habido una tendencia a la importación debido a las imposibilidades que ha tenido la industria (limitada capacidad tecnológica instalada, falta de patentes, de moléculas…), esta mantiene un papel vital para garantizar la presencia y estabilidad de medicamentos en el sistema de salud.

Para producirlos –que significa para el país disponer de soberanía médica–, el Ministerio de Economía y Planificación destina al año alrededor de 200 millones de dólares que se invierten en adquirir fundamentalmente materias primas farmacéuticas, envases, excipientes…, los cuales se utilizarán en las 62 instalaciones productivas del archipiélago.

Según datos de Biocubafarma, 398 medicamentos se ofrecen en las farmacias comunitarias. El resto es de uso hospitalario. Pero a los dispensarios de la calle van solo 76 productos importados por el Minsap. Así, el mayor impacto en la disponibilidad de medicinas en las boticas lo tiene el encargo de la industria nacional.

Por diversas razones (averías, obsolescencia tecnológica, dificultades con la disponibilidad de materias primas de algunos renglones en determinado momento…), Biocubafarma se ha visto obligado a importar productos terminados para cumplir así su compromiso de entrega al sistema de salud. Eso, lógicamente, ha encarecido la adquisición de los salvadores compuestos.

Ejército para la toma de la pastilla.

Desde los almacenes de Emcomed se realiza la distribución a las droguerías provinciales y luego a las farmacias.

“Son muchas agonías. A veces uno, desde afuera, no logra entenderlas”, comenta el doctor Emilio Delgado Iznaga, director nacional de Medicamentos y Tecnologías Médicas del Minsap. “El servicio de salud con cobertura universal, gratuito… se podrá imaginar que si nadie en el mundo lo hace así, ni los ricos, en Cuba existe porque nosotros lo hacemos a pulmón”.

 Viviendo al día

Apenas conoce la demanda estudiada, la industria se enfrasca desde mediados del año en la importación de los insumos.

Sabe que para asegurar estabilidad en la oferta de medicamentos tiene que haber 120 días de cobertura en la cadena productiva. Es decir, debe estar fabricándose la cantidad necesaria de un rubro para 30 días, también otros 30 almacenados en la droguería, e igual cantidad en la farmacia. (Para los hospitales, el stock es de 60 jornadas).

De manera que la industria debe tener en mano el dinero en el momento preciso para poder salir a contratar y comprar sus renglones. De lo contrario, se desestabiliza la oferta: si no produce, se agotan las reservas en el resto de la cadena.

Hoy, al estar baja la cobertura, la industria fábrica para los 30 días y se distribuye todo, y cuando llega a la farmacia se acaba en un abrir y cerrar de ojos. Súmese a eso la ansiedad de la población, porque también llega incompleta la solicitud de la unidad.

Ejército para la toma de la pastilla.

En los primeros cinco meses de 2016 los productos de Biocubafarma mantuvieron una presencia estable. Luego comenzaron a agotarse recursos por falta de financiamiento, explica Rita María García.

Biocubafarma mantuvo estable la entrega en 2014 y 2015 gracias a que contó oportunamente con los recursos para dar respuesta al plan de producción, expone Rita María García Almaguer, directora de Operaciones y Tecnología del grupo empresarial.

Al cumplir con las exportaciones previstas, el grupo obtuvo el capital que le permitió adquirir a tiempo lo requerido. Pero en 2016   no cumplió el plan de ingresos y, por tanto, no estuvo en condiciones de financiar todas las compras de materias primas y materiales de envases para garantizar el año. “El país, al estar tan tenso financiera-mente, no nos pudo ayudar”, añade la directora.

“En los primeros cinco meses del año pasado todos nuestros   productos mantuvieron una presencia estable. Luego comenzaron a agotarse muchos recursos, ya que no se contó oportunamente con el financiamiento necesario para pagar las deudas contraídas y así lograr la estabilidad del suministro”, detalla García Almaguer.

“Esto conllevó a que los proveedores comenzaran a declinar: demoraron las entregas, modificaron las formas de pago, elevaron los precios y, en otros casos, decidieron no ofertar las materias primas y materiales de envases”, concluye.

Aun así, ningún producto previsto para la atención al grave faltó, ni cuando hubo que paralizar las fábricas de medicamentos para el cáncer y de sueros. A pesar de la compleja situación financiera, se garantizó la inversión de la planta de citostáticos, que ya produce.

Parte de Biocubafarma es la Empresa Comercializadora y Distribuidora de Medicamentos (Emcomed), encargada de la red de droguerías (almacenes provinciales) que suministra las medicinas a las farmacias. Su directora general, Adis Nuvia Neyra Muguercia, reconoce que cuando hay desabastecimiento se estresa el sistema de distribución, porque tiene que ir más veces a dar respuestas a la carestía, desgraciadamente con menos recursos.

“Hoy estamos en un mejor momento: ha ido entrando el financiamiento paulatinamente y esto nos ha permitido tener un nivel de deuda muy bajo con los proveedores”, alienta García Almaguer.

“Pero el ciclo logístico nuestro es bien amplio, y nunca antes de 120 días el proveedor te entrega el producto”, apostilla. “Y si se trata de uno que se compra en la India o en China, que tiene dos meses de travesía, estamos hablando de cinco meses”.

Ejército para la toma de la pastilla.

Infografía:VÍCTOR MANUEL FALCÓN GACÍA

Purgantes del botiquín estratégico

Para solucionar el problema de los medicamentos, el Minsap ha dispuesto en primer lugar, trabajar hacia el interior de su sistema. Ya a los médicos, semanalmente, se les pasa una nota informativa con la situación de los faltantes y sugerencias de alternativas terapéuticas disponibles para que puedan prescribirlas a los pacientes.

Con eso –afirma la licenciada Mailin Beltrán Delgado, jefa del   Departamento de Servicios Farmacéuticos de la Dirección de Medicamentos y Tecnologías Médicas del Minsap–, se evitan las recetas sin respaldo y que el paciente desande las farmacias en busca de algo que no existe.

Asimismo, el Ministerio ha coordinado con la industria el establecimiento de prioridades: del cuadro básico de 801 medicamentos, 434 (54 por ciento) son de prioridad 1: los que salvan vidas.

“Le hemos dicho a la industria que no pueden faltar en las cantidades adecuadas”, resume. Esa preeminencia incluye los 103 productos que se despachan mediante la tarjeta de control.

También se han propuesto medidas como sanciones, y otras que apuntan a un mayor control y fiscalización. Igualmente, el aseguramiento de recursos materiales, las reparaciones de inmuebles, la profesionalización del personal y el rescate de la ética.

La farmacia merece ese respeto porque es el lugar donde las personas van a encontrar, más que medicamentos, calidad de vida.

Lamentablemente siempre hay quienes especulan

El doctor Emilio Delgado Iznaga, director nacional de Medicamentos y Tecnologías Médicas del Minsap, comenta sobre las irregularidades detectadas en las inspecciones a las farmacias, sus causas y las medidas en estudio

Ejército para la toma de la pastilla.

El doctor Emilio Delgado subrayó la necesidad de potenciar la calificación de los trabajadores que laboran en las farmacias.

Una llamada al móvil interrumpe unos minutos la entrevista que amablemente ha concedido el doctor Emilio Delgado Iznaga a los reporteros de BOHEMIA. Al otro lado del teléfono una persona le ruega ayuda para localizar un medicamento que necesita y no logra encontrar. Delgado le pide calma y promete ver qué puede hacer. Sonrojado, se disculpa con sus interlocutores y les comenta que, como si él fuera capaz de obrar milagros, todo el día recibe solicitudes como esa.

No es difícil imaginar su conflicto: toda Cuba, directamente o al sesgo, le reclama por los fármacos faltantes, dada su condición de director nacional de Medicamentos y Tecnologías Médicas del Minsap. Tan delicada razón y su condición de funcionario autorizado para explicarla, llenaron de paciencia a los periodistas, que esperaron horas a que el entrevistado concluyera una reunión imprevista, concertada por el Ministro de Salud.

– ¿Cuántos medicamentos han estado en falta en los últimos meses?

–Al cierre de febrero, las faltas llegaron a 93 (el 12 por ciento del total de 801 del cuadro básico de medicamentos). De estos, 77 fueron de la industria cubana y 16 de los importados. Marzo no se comportó así: fueron 10 de los importados y más de 100 de producción nacional. Cero faltas nunca hemos tenido. Pero a principios de 2016 se movió entre 30 y 40 medicamentos, aunque algunos tienen sustitutos y, por tanto, es menor el impacto negativo.

– ¿Cómo se llegó a tanto descontrol en las farmacias?

–Primero: es una desfachatez de aquellos trabajadores farmacéuticos que cometen indisciplinas. Y todos estos fenómenos se agudizan en medio de las crisis de medicamentos, porque faltan en determinado momento 100, 70…, y lamentablemente siempre hay gente que especula con ellos.

“Hoy, como con cualquier otro producto, hay tendencia a especular con los medicamentos, pero esto tiene la peculiaridad de ser muy sensible porque no es cualquier cosa.

“No necesariamente es así en toda Cuba. Los principales problemas están en La Habana, donde se dan los fenómenos en una dimensión y con las peculiaridades de una capital cosmopolita, como cualquiera otra del mundo.

“En La Habana, sin duda, el funcionamiento de las empresas de farmacias es malo. Les ha faltado control a estas y a sus unidades de base. Hicimos visitas y lo primero que arrojaron fue que hay serios problemas en el funcionamiento de las empresas, de control sobre la incorporación de los trabajadores a las unidades. Se ha violado esto durante mucho tiempo y nosotros no lo tenemos totalmente claro, para ser honestos.

“Ojalá pudiéramos tener técnicos y licenciados en las unidades, pero como no los tenemos, debe haber un procedimiento de habilitación de la persona: pasar un curso, aprender… porque no es despachar chancletas, es dispensar medicamentos.

“Y hemos encontrado en la capital que se inscribe cualquiera que le hace falta trabajo. ¿Cómo aprende?, con un tutor. Y el que es bandolero se busca para aprender a otro bandolero. Te puedes encontrar unidades que no tienen un trabajador que sea técnico ni licenciado en Farmacia. Y esas son causas y condiciones del desvío.

“En el resto del país las farmacias tienen, por lo general, personal preparado, técnicos, y mejor influencia de las empresas sobre esas unidades. Los problemas se dan allí en menor magnitud”.

En tierra de nadie

El doctor Delgado Iznaga considera que existen otras causas, además de la falta de control y de disciplina.

“La actividad de Farmacia y Óptica, que es de subordinación local, lo mismo ha sido presupuestada, que empresarial, que de Salud Pública. Ahora pertenece a los consejos de la Administración Provincial. No ha sido nunca de nadie. Hay lugares donde está la impronta de los cuadros, de la gente, por hacerlo bien; y hay otros, como en la capital, donde la situación es compleja.

“Las empresas de Farmacia y Óptica no se subordinan a Salud Pública, pero están rectoradas en su funcionamiento por la política que establece, como encargo estatal, el Minsap.

“Debemos decir que, lamentablemente, en los últimos años ha predominado más la tendencia al funcionamiento empresarial, que a velar por los componentes técnicos del trabajo de la farmacia y el cumplimiento del Programa Nacional de Medicamentos. Han buscado más, vender para generar utilidades como empresa, y por tanto pagar mayores salarios por ingresos. Eso está bien, pero no puede ser en detrimento de lo establecido para el control de los medicamentos.

“Las medicinas nuestras son muy baratas, por los subsidios. Se puede comprar un número de estas, revenderlas y luego depositar su valor. Desde la mirada empresarial, se deposita todos los días. Así, puede alguien buscarse la receta, ponerla en un vale y hacer el procedimiento ‘legal’, pero es esa ilegalidad la que las empresas tienen que controlar. Lo que hemos encontrado es bochornoso”.

– ¿Entre las medidas propuestas tras la inspección, existe alguna de orden estructural?

–En eso se está trabajando, para buscar mejores maneras de gestión de la empresa de farmacia que permita un mayor control.

– ¿Una variable sería que se subordinen al Minsap?

–Dentro de las variables existe, aunque el país está tratando de potenciar el funcionamiento de los gobiernos locales y territoriales.

“Hay lugares donde la Dirección Provincial de Salud y la empresa de farmacia tienen un vínculo perfecto, pero hay otros donde no es así.

“Lo que se está haciendo es buscar formas para un mayor control del Minsap, por la vía que sea, sobre el papel de las farmacias, que no solo tiene un componente económico, sino también en relación con la prescripción y el aseguramiento de la demanda”.

Origen: MEDICAMENTOS: Remedios para un dolor de cabeza | Revista Bohemia

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