El desabastecimiento de penicilina pone en jaque a la salud mundial

KEILA GUIMARAES

Una madre sujeta en brazos a su bebé recién nacido, infectado de sífilis. HEUDES REGIS

Stella Ngubenkomo tenía sólo 11 años cuando descubrió que sufría un problema de corazón que requería inyecciones mensuales de penicilina para evitar un fallo cardíaco o una muerte prematura. “El médico me dijo que no viviría mucho tiempo”, recuerda.

Durante los últimos 16 años, esta vecina de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, ha visitado una clínica local una vez al mes para recibir una inyección del antibiótico, el único medicamento que puede mantenerla viva. Sin embargo, la escasez de penicilina en Sudáfrica durante los últimos dos años ha afectado el tratamiento de pacientes como ella en todo el país.

“A comienzos de 2015 comenzó a faltar penicilina G benzatina. Entonces empezamos a usar ampicilina, pero también se nos acabó”, explica Mark Sonderup, vicepresidente de la Asociación Médica de Sudáfrica (SAMA). “Este problema ha supuesto un reto pues durante un tiempo no había una sola dosis de penicilina en todo el país”.

Penicilina. Enfermedad reumática

La penicilina G benzatina es imprescindible para controlar la enfermedad reumática del corazón, que afecta a 33 millones de personas en todo el mundo y causa la muerte de miles de ellas cada año.

Esta afección se puede desarrollar a partir de una simple infección de garganta por estreptococo. Si no se trata, puede acabar invadiendo otras partes del cuerpo incluyendo el corazón, dañando sus válvulas y transformando la vida del enfermo para siempre.

La escasez de penicilina complica aún más el tratamiento de esta enfermedad prevenible: “Está claro que el desabastecimiento es un problema. Significa que el acceso al tratamiento es limitado, que es la razón por la que todavía existe la enfermedad reumática del corazón”, explica Bongani Mayosi, presidente de la Sociedad Pan-Africana de Cardiología (PASCAR).

Carestía global

Según la Organización Mundial de la Salud, al menos 18 países, incluyendo Estados Unidos, Canadá, Portugal, Francia y Brasil, han sufrido la falta de penicilina durante los últimos tres años.

En Estados Unidos, que está viviendo un repunte de la sífilis, las insuficientes existencias de penicilina G benzatina han complicado su tratamiento. Pfizer Inc., el único proveedor del fármaco bajo la marca Bicillin L-A, ha sido incapaz de satisfacer la demanda debido a “retrasos en la producción” en una de sus plantas, situada fuera del país americano.

En Brasil, la escasez de penicilina G benzatina registrada entre 2014 y 2016 coincidió con un nuevo brote de sífilis, dolencia que se asocia a graves malformaciones en bebés. Este antibiótico es el único medicamento que puede matar la bacteria de la sífilis en el feto.

De no ser tratada durante el embarazo, esta enfermedad puede causar ceguera, sordera y graves malformaciones óseas en el feto. También se vincula con un alto índice de nacimientos de bebés muertos y mortalidad infantil.

En un intento por paliar la escasez, en abril de 2016 Brasil importó 2,7 millones de viales de penicilina como fondo de emergencia. También permitió al fabricante chino North China Pharmaceutical Group Semisyntech Co Ltd introducir los ingredientes de la penicilina en el país sin tener que cumplimentar un importante registro de medicamentos. Aun así, el suministro sigue sin ser estable.

Débora S. M., de 21 años de edad, residente en Recife, y que pide que no escribamos su nombre completo, fue madre de un bebé con neurosífilis a mediados de febrero. La joven y su hijo hubieran podido ser tratados con una simple inyección de penicilina, pero Débora no fue examinada ni una sola vez durante todo su embarazo. Acudió a su clínica local en múltiples ocasiones, pero no fue bien tratada porque no había facultativos o porque faltaban medicamentos.

Débora se enteró de que tanto ella como su bebé tenían sífilis en el momento del parto. “Me entristeció mucho porque mi bebé nació enfermo”, explica.

Su hijo recibió el alta tras 10 días de tratamiento con penicilina en el hospital, pero ambos tendrán que acudir al centro con regularidad para su seguimiento durante los próximos 18 meses. Habrá que esperar a que el bebé tenga un año y medio para determinar si está curado de la enfermedad y si arrastrará malformaciones de por vida.

Pocos proveedores

Este insuficiente suministro de penicilina se debe a diferentes razones, entre ellas la dependencia de un número limitado de productores a nivel global. Sólo cuatro compañías en todo el mundo producen el principio activo del antibiótico, y mantienen la producción a niveles bajos pues se trata de un medicamento que genera pocos beneficios.

Los países que más penicilina necesitan tampoco logran establecer claramente cuál es su demanda. Este fármaco se ha utilizado en el tratamiento de enfermedades mortales pero olvidadas, tales como la sífilis y la enfermedad reumática del corazón, que afecta a países pobres con recursos limitados para identificar el lastre que representan en sus territorios.

“Hay un fallo en el mercado de la penicilina: existe la demanda, pero viene de los pobres“, explica Ganesan Karthikeyan, cardiólogo del All India Institut of Medical Sciences de Nueva Delhi, India, donde hace ya 15 años que padecen la precariedad en los suministros del fármaco.

Otro de los factores que contribuyen a esta situación es la fragmentación del proceso de producción. Generalmente, las compañías farmacéuticas obtienen las materias primas y el principal ingrediente del fármaco -llamado API- de otros productores, para componer después el fármaco final y venderlo en todo el mundo. Un problema en una de las compañías de esta cadena afecta al suministro del medicamento en todo el mundo.

“Si uno de los productores del principio activo abandona el mercado, esto afecta a los fabricantes del producto acabado, lo que podría causar retrasos en la producción y afectar a los países a los que suministran”, explica Maggie Savage, del Equipo de Nuevas Oportunidades de Mercado del Clinton Health Access Initiative (CHAI), que el año pasado analizó las existencias de penicilina G benzatina en todo el mundo.

La experta apunta que, durante los últimos 10 años, al menos cinco compañías han dejado el mercado en busca de productos más rentables, lo que ha reducido el número de empresas productoras del medicamento.

En la penicilina no hay dinero, así que las empresas no la quieren fabricar”, explica el doctor Amit Sengupta de Nueva Delhi, coordinador global del Movimiento para la Salud de los Pueblos (People’s Health Movement). “Cuando la penicilina era el fármaco más potente del mundo existían fábricas por todas partes, pero hoy en día se utiliza sólo en un pequeño nicho de mercado”.

De este “nicho de mercado” dependen millones de personas en todo el mundo. Alrededor de 33 millones de enfermos de reuma del corazón necesitan inyecciones mensuales de penicilina. La Organización Mundial de la Salud calcula que de haber tenido acceso a una dosis del medicamento, los 53.000 bebés de 30 países que murieron por sífilis contraída en el útero materno en 2012 se hubieran salvado.

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