La pastilla roja española que excita a los marroquíes

EL KARKUBI ESPAÑOL Las pastillas se fabrican en laboratorios caseros en localidades del norte de Marruecos. Los ingredientes: hachís en polvo, harina, colorante rojo y fármacos traídos de España. CRÓNICA

Se llama ‘karkubi’ y se fabrica con hachís y fármacos comprados aquí con recetas falsas. “La mayoría de las personas lo toman para ir de fiesta, como en la España de la ruta del bakalao”

Esta es la desconocida historia del tráfico de drogas al revés: de España a Marruecos. Y de cómo esta semana han sido detenidos 18 traficantes en Cádiz, Madrid, Extremadura…

Los chavales de la ciudad marroquí de Castillejos cuentan que Hafiz, un joven estudiante de Derecho en Tánger, se arrancó a mordiscos parte de la piel de la mano derecha porque iba puesto hasta arriba de karkubi. “Estaba de fiesta, tomó tres o cuatro pastillas rojas mezcladas con alcohol y le entró paranoia”, dice un amigo. Otro, cada vez que se mete, se raja los brazos con una cuchilla. Y un grupo de chicos del movimiento tcharmil, bandas de jóvenes marroquíes de barrios marginales famosas por sus atracos con machetes por todo el país, dieron una paliza a una prostituta porque “las pastillas no les pegaron como querían y se volvieron muy agresivos”.

En un pequeño apartamento en Castillejos, en el barrio de Condesa, uno de estos chicos, menor de edad, tiene una especie de laboratorio casero donde fabrica el karkubi. Su receta es una bomba: diazepam comprado en farmacias españolas, harina, hachís espolvoreado y colorante rojo en gotas. “Esos ejemplos violentos no son los más comunes. La mayoría de personas que consumen es para ir de fiesta; a otros les relaja. Depende de la dosis”, explica señalando una bolsa llena de fármacos. “Cada día cruzan la frontera de Ceuta coches cargados con pastillas escondidas en el aire acondicionado. Me dejan siempre unos pocos comprimidos que uso como base para hacer el karkubi. El resto los envían a las ciudades de la costa, que es donde más se consumen”. Con una probeta toma las medidas exactas con las que hace la masa con los ingredientes. De la mezcla saca varias pastillas diminutas que luego vende en la calle por 20 dirham (2 euros) cada una. Un viaje cósmico y muy barato. Más aún cuando llega a la capital económica Casablanca, donde esta droga lleva tiempo causando alarma entre los jóvenes con ganas de fiesta y entre los niños de la calle. Allí la pastilla roja se encuentra fácilmente por 10 dirham (1 euro).

Es un fenómeno de tráfico de drogas a la inversa. Estamos acostumbrados a escuchar las historias del hachís que viene de Marruecos. En este caso es al revés. El principio activo -el fármaco- con el que se hace esta sustancia llega al reino alauita desde la Península.
La ruta del Bakalao

“Es como en los años 90 en Valencia con la ruta del bakalao. La gente antes de ir a las discotecas se compraba su pastilla por 500 pesetas. Ahora, en Marruecos, sucede lo mismo pero con el karkubi. Es barato y te coloca en un estado de euforia constante acompañado de alucinaciones”, explica Javier Molinera, inspector jefe de la Sección de Medio Ambiente, Consumo y Dopaje de la Policía Nacional. Su equipo, junto con la Guardia Civil, ha desmantelado este mes una red que falsificaba recetas y compraba benzodiacepinas en farmacias de toda España que luego llevaban a Marruecos.

Las cifras que maneja esta banda criminal, integrada por españoles, marroquíes y sudamericanos, son millonarias: en dos años falsificaron 50.000 recetas. Con cada una compraban una caja de 60 comprimidos por cuatro euros. Una vez los pasaban a Marruecos, vendían cada comprimido por tres euros, sacando nueve millones de beneficio. En ciudades del norte como Castillejos, la pastilla de benzodiacepina, sobre todo el clonazepam, un potente ansiolítico con efecto sedante, la mezclaban con el hachís, obteniendo tres o cuatro karkubis.

“Las benzodiacepinas actúan inhibiendo un sistema de neurotransmisión cerebral. La rápida suspensión del fármaco produciría un efecto rebote, provocando una hiperactividad de todos los sistemas que habían sido atenuados por la presencia de las benzodiacepinas y que ahora ya no encuentran resistencia”, cuenta el doctor navarro Raúl Usechi. “Casi todos los mecanismos excitativos del sistema nervioso central empiezan a funcionar en sobremarcha y el cerebro permanece en un estado de hiperexcitabilidad. Esto genera un efecto paradójico, que mezclado con otras sustancias como el hachís, puede causar ansiedad, alucinaciones, irritabilidad, o comportamientos agresivos”.

La Policía detuvo a finales de marzo a 18 integrantes de la banda, a los que se les imputa un delito contra la salud pública, pertenencia a organización criminal y falsedad documental. Pero desde que se iniciaron las investigaciones en abril de 2015, 110 personas de la red criminal han sido detenidas en 40 provincias españolas. “Estaban muy bien organizados. Los cabecillas se dedicaban desde Cádiz a copiar sellos y recetas de médicos. Otros, los llamados pasadores, iban por las farmacias de pequeñas localidades, donde es más fácil colar este tipo de recetas”, cuenta el inspector Molinera.
Robos a los médicos

Tres españoles y dos marroquíes, con antecedentes por robo y delitos contra la salud pública, encabezaban la banda, que organizaba todo el entramado desde Cádiz. En sus domicilios tenían la maquinaria necesaria para la falsificación de recetas privadas. Algunas las descargaban de la deep web (internet profunda) y otras las robaban directamente en centros de salud y escaneaban centenares de copias. Después se las entregaban a sus pasadores, el escalón inferior de la banda, en su mayoría ciudadanos de Latinoamérica repartidos por toda la Península. Para que no les pillaran usaban un DNI falso con los datos del paciente que figuraba en el documento prescrito. Sobre todo compraban cajas de Rivotril (clonazepam). Y los pasadores cobraban el doble del valor del psicofármaco.

Cuando tenían una gran cantidad de cajas de medicamentos, los jefes de la banda sacaban las pastillas, las envolvían en pequeñas bolsas de plástico y las escondían en el interior de vehículos que cruzaban El Estrecho hasta Ceuta y Melilla. Un paquete de un kilo de estas pastillas ocupa lo mismo que una bolsa de lentejas, con lo que pasaban la frontera a Marruecos sin ningún problema.

Aquilino Alonso, consejero de Salud de la Junta de Andalucía, señala que la investigación se inició a raíz de una inspección rutinaria en una farmacia donde detectaron recetas médicas privadas (no de la Seguridad Social) falsificadas, con las que pretendían comprar clonazepam. También siguieron la pista a la denuncia de un psiquiatra de Cádiz que alegaba que estaban comprando medicamentos con recetas a su nombre y número de colegiado.

“El delito más complejo, el tráfico de drogas, se produce en Marruecos. Aquí la banda lo que hace es comprar un producto legal utilizando una receta falsificada. Es difícil que pisen la cárcel”, explica la Policía. “Nos consta que llevan tres años sacando el Rivotril de España. Por eso creemos que el incremento de la venta de benzodiacepinas en los últimos años (según la Agencia Española de Medicamentos, ha aumentado un 57% desde principios de siglo hasta 2014) no sólo se debe a que los españoles estemos más enganchados a los tranquilizantes”.

En Marruecos, la alarma por el aumento del consumo de lo que también llaman “las tabletas alucinógenas” y la “ampolla roja”, no deja de crecer. En Casablanca, por ejemplo, los datos oficiales hablan de que el 20% de los varones y el 15% de las mujeres jóvenes consumen este tipo de sustancias. El karkubi triunfa en los barrios más desfavorecidos y el éxtasis procedente de Argelia, entre los ricos.

Una lacra que arrastra a muchos y que las autoridades quieren sacar de las calles. Una bomba roja de hachís hecha con fármacos españoles.

 

http://www.elmundo.es/cronica/2017/05/04/59039b0aca4741720c8b45e5.html

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