Cuba: Drogas ‘por receta’, un juego peligroso entre los jóvenes

El abuso de medicamentos se extiende en ese sector poblacional

Blister o peineta de trifluoperazina (Foto: Ernesto Carralero)

LA HABANA, Cuba.- Sin dejar de lado el uso de marihuana y alcohol, muchos jóvenes consumen ahora medicamentos con el fin de drogarse. Los precios, más asequibles, impulsan esta opción.

Una dosis pequeña de marihuana, medio gramo, puede costar de 2 a 5 CUC dependiendo de la calidad, mientras una botella de Habana Club 3,85 CUC. En cambio, las “medicinas subvencionadas por el Gobierno” son mucho más fáciles de adquirir.

El blíster de Nitrazepam, medicamento antiepiléptico, puede adquirirse en el mercado negro por 20 CUP. Generalmente se mezcla con alcohol y produce sensación de tranquilidad. Aunque en un principio basta con un par de tabletas, el paso del tiempo obliga aumentar las dosis. También suele usarse el Cosedal para provocar sensación de euforia.

Después de una “fiesta”, aunque a primera vista los efectos pasen el medicamento permanece en sangre y puede ser reactivado con cualquier sustancia líquida.

Adonis, joven entrevistado para este reportaje, comenta: “Cada vez que tengo el dinero me compro un blíster de Cosedal. Tengo un amigo que me lo suelta en 10 CUP. Ya lo de después es unirme con alguien y comprar una botella. Cuando te baja con alcohol te pones riquísimo. Lo malo es que tiene es que te tiras un blíster en un par de horas porque el efecto se pasa rápido y hay que ir aumentando la dosis. Cuando se te empieza a quitar pueden darte ganas de vomitar. Lo bueno es que al otro día te tomas una taza de café y empieza a subirte el arrebato de nuevo”.

Tramadol y otras drogas también son utilizados (Foto: Ernesto Carralero)

El tramadol, analgésico opioide que se receta a pacientes con cáncer, es otro de los medicamentos usados. Suele costar unos 20 CUP el blíster. La trifluoperazina es un antidepresivo que se conoce normalmente en Cuba como la “pastilla de la alegría” y ahora los jóvenes usan para “elevarse en las fiestas”. Usada para anestesiar caballos, la ketamina se mezcla con marihuana para producir la llamada “flaca”. También suelen añadirse pastillas de dimenhidrinato al alcohol para acentuar la sensación de embriaguez.

A la vez el metilfenidato, un psicoestimulante utilizado para tratar el déficit de atención, es conocido como “cocaína de pobres”. Pero en este caso cada pastilla puede llegar a costar hasta 1 CUC.

Orlando, joven entrevistado, dice: “Imagínate aquí un poquito de polvo puede costarte casi 100 CUC. Yo lo había visto en las películas así que en una fiesta me pusieron ‘metil’ delante en rayitas y pensé que era cocaína. Me di un toquecito y ahora lo compro cada vez que se aparece. Ese está súper controlado. Casi siempre se lo recetan a niños con problemas. Hace un tiempo tuve una vecina que los botaba porque decía que era demasiado fuerte para su hijo y me puse las botas”.

Aunque estos medicamentos son muy controlados por el Gobierno, los “camellos” logran adquirirlos para el consumo. Muchas farmacias suelen ocultar la llegada de estos productos a sus establecimientos con tal de revenderlos luego, poniéndolos así a su alcance. En otros casos las farmacias funcionan como surtidores privados para el negocio.

Peineta de dimenhidrinato (Foto: Ernesto Carralero)

Leonel, joven entrevistado, comenta: “Cuando quiero conseguir algo fuerte para acompañar el alcohol llamo a un amigo que trabaja en una farmacia. Si estoy cerca igual puedo pasarme, me quedo en una esquina y me resuelve. De madrugada también puedes ver algunas personas rondando… tú sabes, haciendo el ‘paripé’ (disimulando) para lo mismo”.

Esta práctica suele afectar a los destinatarios originales de los medicamentos. De manera que pasan meses sin poder conseguirlos.

Rey, paciente de 30 años, sufre depresión: “La última vez que me recetaron algo me metí un mes para conseguirlo y tuve unas crisis súper desagradables. Pero un día di tremendo bateo en la farmacia y empecé a llamar a la policía a gritos. ¿Sabes qué paso? Me consiguieron el medicamento supuestamente desaparecido en 10 minutos. No tuve ni que pagarlo”.

Aunque la práctica está muy extendida, se ha creado entre los jóvenes cierta precepción de que aquellos que usan medicamentos para drogarse son “gente pobre”.

David, joven de 23 años entrevistado, comenta: “Hay cantidad de gente que se arriesga con eso pero porque no tienen un peso en el bolsillo para comprarse una botella o un taco (cigarrillo de marihuana). Yo prefiero la hierba, que es natural. Una pastilla rara de esa puede matarte si se te va la mano”.

Cosedal, otro de la lista (Foto: Ernesto Carralero)

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