Modafinilo, así es la droga inteligente que triunfa entre los estudiantes

DIEGO BERMEJO

Corrían los primeros compases de la década de los 90 cuando escuchamos por primera vez hablar del modafinilo. Llegaba de la mano de los testimonios de los soldados estadounidenses en la guerra del Golfo Pérsico. En los batallones rulaba a base de bien. Los teóricos beneficios para el combate y la supuesta ausencia de efectos secundarios la convertían en una rutina entre los luchadores yanquis.

El modafinilo no les llegaba del mercado negro. Para entonces, ya se estaba comercializando como fármaco indicado para los enfermos de narcolepsia, la patología que provoca en sus enfermos un deseo irrefrenable de dormir. Para evitarlos, se les prescribía este elemento en forma de pastillas.

Una década después de que tuviera lugar el conflicto armado ya mencionado, el consumo de Provigil -fármaco que contiene la sustancia en cuestión- ya estaba extendido ampliamente entre las mejores y más prestigiosas universidades de Estados Unidos. Poco después aterrizaba en los bolsillos de los ejecutivos agresivos de la empresa privada. Lo hacía con las tres etiquetas que lo han vuelto a poner estos días más de moda que nunca: La de “potenciador cognitivo”, la de “droga inteligente segura” y la de estupefaciente “sin efectos secundarios adversos”.

Este último punto es el más controvertido de todos. ¿Qué efectos secundarios no detectables a corto plazo podría tener el consumo regular de un fármaco indicado para narcolépticos en personas que no padecen esta patología? Después de analizar los resultados de más de una veintena de estudios, investigadores de las universidades de Oxford y Harvard concluían que sólo entraña “bajo riesgo”.

Los expertos opinan

Según este informe, queda certificado que el consumo de modafinilo incrementa la atención y potencia la inteligencia fluida, es decir, la velocidad de procesamiento y la capacidad de adaptación a situaciones nuevas. De ahí que tanto estudiantes como ejecutivos hayan decidido dar una oportunidad a un principio que promete, en condiciones normales y sujetos sin contraindicaciones, ayudar en la decisión y resolución de eventualidades con rapidez.

El Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología valora que nos encontramos ante “el primer ejemplo real de una droga inteligente, lo que genera un debate ético real que hay que enfrentar”, poniendo el foco en el nuevo escenario que se estaba abriendo tras su consumo masivo: “Con cualquier método utilizado para mejorar la cognición, las consideraciones morales siempre deben ser tomadas en cuenta”.

Más recientemente la Universidad de Oxford en Reino Unido quiso analizar las consecuencias de su consumo a través de un estudio cognitivo del que formarían parte distintos estudiantes de este centro. La atención visual, la memoria espacial, las funciones ejecutivas y la memoria episódica antes y después del consumo de modafinilo se compararon.

Benjamin Zand, uno de estos voluntarios, confirmaba tras la primera dosis que se sintió “más despierto y menos cansado” de lo habitual y también “menos dispuesto a la frustración”. Sin embargo, tras una segunda dosis percibió una “mayor distracción” prestando una desmesurada “atención a cosas equivocadas” que le distraían de su estudio. La cosa fue a más y Zand alegó haber sentido dolor de cabeza, falta de apetito o vigilia. Tras la tercera y última dosis se repitieron estos pasajes tras un día en el que, como parte positiva, aseguró, no dejó de trabajar sin sentir cansancio.

El médico que le atendió descubrió que su hígado había reaccionado intentando eliminar el modafinilo de su cuerpo provocándole las reacciones físicas que indicó en su informe. Cada cuerpo, concluían los médicos, reacciona de una manera distinta a un mismo impacto.

Experiencias encontradas

La experiencia de otro estudiante, Damián Enrico, que cursó Ingeniería en Sistemas en la Universidad Tecnológica Nacional de Argentina, ha sido bien distinta. Con dificultades para poder concentrarse durante el tiempo necesario para poder solventar con éxito las pruebas universitarias, recurrió, entre otras sustancias, a la que él denomina la pastilla de la inteligencia: “Estuve tomando modafinilo, Piracetam, Aniracetam y Colina, todo junto. Eso me permitió estudiar mucho sin cansarme“. De efectos secundarios, en su caso, ni rastro.

Otra estudiante argentina, en este caso de la carrera de Medicina, Virginia, pasó por varios episodios como los que describe Benjamin Zand hasta que un compañero le aconsejó cómo debe administrar el uso de esta droga. De repente, todos los efectos secundarios desaparecieron. Le ha ido bien, pero sabe que, como en cualquier cosa, abusar tiene sus riesgos.

En contraposición a los primeros estudios citados en este artículo, el Journal of Clinical Psychopharmacology publicó que los beneficios del modafinilo no son demasiado consistentes como para poder catalogarlo oficialmente como un potenciador mental. A lo que también se sumó la Universidad Católica de Chile donde argumentaron la “insuficiente evidencia de su eficacia“.

Por último, mucho más agorera se ha mostrado la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) elaborando un listado de posibles efectos secundarios entre los que se encuentran problemas a la hora de respirar; inflamación en cara, boca y garganta; erupciones; fiebre; mareo; dolor de cabeza; problemas estomacales y pérdida de apetito. Además, puede acabar derivando en otros problemas de índole psicológico como los cambios de humor, la sensación de desasosiego, la agresividad, la confusión e, incluso, el desarrollo de ideas suicidas.

El contrapunto a estas dos versiones respecto a la eficacia del modafinilo lo pone John Harris, director del Instituto para la Ciencia, la Innovación y la Ética de la Universidad de Manchester quien, sin negar su capacidad como potenciador cognitivo, no ve en esta sustancia nada que no lo pueda llegar a proporcionar el café o el ejercicio físico: “Si no eras un genio antes, no lo vas a ser después de tomar una píldora. La droga no es capaz de convertir a nadie en Einstein de la noche a la mañana”.

Origen: ELMUNDO

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