Por qué las medicinas cada vez son más caras

El futuro de la medicina es prometedor. Siempre y cuando podamos pagárnoslo, claro está. Los precios de los nuevos medicamentos se han disparado en los últimos años, y en muchos casos, esta subida espectacular no está ligada a unos mayores beneficios para el paciente. Es lo que señala un nuevo informe publicado por la OCDE y llamado ‘New Health Technologies. Managing Access, Value and Sustainability’ que resume las promesas y los problemas de la medicina moderna.

“La producción farmacéutica es abundante, pero no responde de manera adecuada a las necesidades médicas prioritarias”, señala el informe. “Como resultado de las nuevas tendencias, muchos nuevos medicamentos tienen precios muy altos que no siempre están relacionados con grandes beneficios para la salud”. Este cambio se debe en gran parte al auge de las medicinas especializadas, que en algunos países desarrollados llegan a suponer el 37,7% de las prescripciones a lo largo del año, y cuyo precio de salida al mercado es muy alto. Se trata, por lo general, de medicinas orales contra el cáncer e inmunomoduladores (que regulan el sistema inmune).

Héctor G. Barnés

El informe presenta varios ejemplos de este “nuevo modelo de negocio”. Por ejemplo, el coste del tratamiento para la esclerosis múltiple cuesta de media 10 veces más ahora que hace 10 años, 60.000 dólares (56.000 euros) frente a 6.000 (5.600). Algo que también ha ocurrido con el coste del tratamiento oncológico mensual de los pacientes suscritos a Medicare, ya que muchos de los medicamentos aprobados durante los últimos años son especialmente caros. “Aunque los precios varían ampliamente, este incremento se ha observado en muchos países de la OCDE”, señala el informe.

El coste de las medicinas para enfermedades graves sin tratamiento alternativo se ha disparado en los últimos años

Esto provoca que, en muchos casos, el coste para la seguridad social de estos tratamientos se dispare, lo que plantea nuevos retos, sobre todo teniendo en cuenta los problemas demográficos que atraviesan países como España. Aún más sensible en el caso de medicinas utilizadas para tratar enfermedades graves que no tienen otro tratamiento alternativo, lo que permite a las farmacéuticas disparar el precio. Aunque el informe no lo cite, es lo que ocurrió con Turing Pharmaceuticals de Martin Shkreli y la subida del 5.000% del medicamento para tratar el sida Daraprim o las medicinas para tratar la leucemia mieloide crónica (LCM).

Un futuro esperanzador, pero caro

En muchos de los casos analizados, los nuevos medicamentos han permitido que los pacientes vean alargada su vida y mejorada la calidad de esta. En el caso de la leucemia, por ejemplo, la aparición de medicamentos como el imatinib (Glivec) permitió que los pacientes pudiesen sobrevivir a la enfermedad. Sin embargo, es un tratamiento para toda la vida. Es lo que tienen en común la mayor parte de medicinas que suponen una elevada carga económica para enfermos y sistemas de seguridad social: son patologías crónicas con apenas tratamientos alternativos que colocan a las farmacéuticas en una situación privilegiada para negociar los precios.

La financiación privada no llega a muchos medicamentos que tratan enfermedades raras. (iStock)
La financiación privada no llega a muchos medicamentos que tratan enfermedades raras. (iStock)

Según el informe de la OCDE, en 2016 se prepararon 13.700 nuevos medicamentos, 6.900 de los cuales estaban en fase de desarrollo. El área que está experimentado un mayor crecimiento es la oncología: un tercio de las nuevas medicinas sirven para tratar el cáncer, una enfermedad que la OCDE considera prioritaria y que supone el 16,9% del coste de los países desarrollados. Sin embargo, el informen advierte que se destina muy poco dinero a a la investigación sobre resistencia a los antibióticos. ¿Por qué? “Los incentivos para las compañías privadas para desarrollar nuevos antibióticos son pocos ya que las expectativas de que resulten rentables son mucho más bajas que otras categorías terapéuticas, como las enfermedades crónicas”.

En otras palabras, el mercado no siempre ofrece respuesta a las necesidades de la población. Debido a que gran parte de la financiación es privada, esto puede suponer un riesgo a la hora de investigar enfermedades que afectan sobre todo a países en vías de desarrollo. Son las conocidas como “enfermedades abandonadas”, nombre por el que se las conoce desde hace 20 años, como el sida, la malaria y la tuberculosis, cuya investigación suele financiarse con dinero público (60%) o procedente de ONG (9%).

De los medicamentos aprobados por la FDA en 2012, solo uno aumenta la probabilidad de supervivencia en más de dos meses

La buena noticia para los españoles es que, en comparación con otros países, los precios no son demasiado elevados. Como puso de manifiesto una investigación realizada por Sabine Vogler y publicada en ‘The Lancet Oncology’, los países en los que los fármacos para tratar el cáncer son más caros son Suecia, Suiza y Alemania, y el coste es más bajo en Portugal, Reino Unido, Grecia y nuestro país. No obstante, la subida de precios en los medicamentos que entran al mercado es generalizada.

El lujo de poder medicarse

Eso si hablamos de medicamentos cuya eficacia se corresponde con los beneficios que producen en la salud de los pacientes. No obstante, como señalábamos, hay otros que resultan menos eficientes. Aquí vuelven a aparecer también los tratamientos contra el cáncer: “De los 12 medicamentos nuevos aprobados por la FDA en 2012, solo uno aumenta las probabilidades de supervivencia en más de dos meses”, señala el informe. Otras medicinas de reciente entrada en el mercado han visto aumentar su precio y disminuir su impacto.

La tendencia parece tristemente clara: cada vez hará falta gastar más dinero para obtener peores resultados. Según las cifras ofrecidas por el informe, en 1995, un año más de vida costaba al paciente estadounidense 54.100 dólares (algo más de 50.000 euros); en 2005 esta cantidad ascendía a 139.100 (130.000 euros) y en 2013 eran 207.000 (193.000 euros). Es decir, un aumento de un 10% anual, muy por encima de la inflación. Por si fuera poco, la cantidad de medicamentos no recomendados por el NICE (National Institute for Health and Care Excellence) ha pasado de una tercera parte a dos tercios, aproximadamente.

El estudio hace especial hincapié en el reto que suponen los medicamentos para tratar la hepatitis C y que fueron aprobados entre 2013 y 2014. Se trata de tratamientos que suponen un gran avance para los pacientes debido a la respuesta de más de un 90% que produce el sofosbuvir, muy caros pero rentables. No obstante, la estrategia de Gilead, la compañía que lo comercializa en un gran número de países como España, desvela el problema que presentan mucho de esos tratamientos. El medicamento salió al mercado en EEUU con un coste de 84.000 dólares (78.630 euros) para 12 semanas. A principios de 2016, Gilead había obtenido en todo el mundo 35.000 millones de dólares (32.760 euros) de beneficio gracias al sofosbuvir.

Las ganancias de Gilead han sido excepcionales, lo que plantea la pregunta de la relevancia de este modelo de negocio y las respuestas políticas

En España lo conocemos bien: el coste por paciente ronda los 13.000 euros, y la no administración de los nuevos fármacos llevó a la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C a querellarse en el Tribunal Supremo contra el ministro de Sanidad del momento, Alfonso Alonso. Muchos accionistas de la propia Gilead consideran que se podría reducir el precio del medicamento para facilitar su acceso en todo el mundo y seguir ganando dinero. Es la gran pregunta que se hace el informe: “las ganancias de Gilead han sido excepcionales y no reflejan la media de las compañías farmacéuticas. Sin embargo, estas plantean la pregunta de la relevancia del modelo de negocio y las respuestas políticas”.

¿Qué hacemos?

El informe también resume algunas de las medidas políticas que se están adoptando para hacer frente a este aumento en los precios y propone algunas más. Entre las primeras se encuentran una mayor regulación del mercado de entrada de nuevos medicamentos y su aceleración (que se ha reducido casi a la mitad den los últimos 10 años) o la adopción de medidas de fijación de precios basándose en el valor de medicamento, como ocurre en el sistema de salud inglés. También la financiación pública de medicamentos cuando la investigación de estos no resulta rentable, como ocurre con algunas medicinas para combatir el cáncer.

El coste de algunos medicamentos puede excluir a muchos enfermos. (iStock)
El coste de algunos medicamentos puede excluir a muchos enfermos. (iStock)

Entre la serie de medidas propuestas por el informe se encuentran las siguientes, basadas ante todo en un “reequilibrio entre los poderes de negociación de los compradores y los vendedores en algunas áreas terapéuticas” y la incentivación del desarrollo de medicamentos huérfanos (aquellos que afectan a un sector relativamente pequeño de la sociedad y cuya comercialización, por ello, resulta poco probable). Como señala el informe, uno de los problemas en muchos mercados es que, como hemos visto, las farmacéuticas tienen mucho más poder que el consumidor a la hora de fijar precios.

“Las tendencias actuales en los mercados farmacéuticos se ven al mismo tiempo con optimismo y con preocupación”, concluye el informe. “La cantidad de medicamentos aprobados cada año, impulsada por el desarrollo de terapias dirigidas, suena prometedora”. Sin embargo, la OCDE alerta de la aparición de “un nuevo modelo de negocio” en el que “las empresas solicitan precios más altos a poblaciones pequeñas afectadas por enfermedades graves”. ¿Se podrá reaccionar a tiempo, o millones de personas sufrirán por esta falta de adecuación entre el mercado y las necesidades de los pacientes?

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