Una “yuquilla” como ejemplo de “el deber ser” en fitoterapia

Por: Giovannina Orsini

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Cúrcuma o Yuquilla: Curcuma longa

Mi protagonista de esta semana se puede llamar “yuquilla” pero si colocan este nombre en internet le van a salir varias cosas, y siempre voy a insistir en esto: a la “cúrcuma” (Curcuma longa, pariente del “gengibre”, Zingiber officinale) también la llaman así y a otra, que no conozco mucho, de nombre científico Asclepias curassavica.

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Yuquilla: Asclepias curassavica

¿Complicado? SI…!!! Justamente por eso siempre hay que tener a la mano la planta o al menos una foto de ella, preferiblemente con flores, darle este dato a algún botánico junto con su nombre común y procedencia, y luego buscarle el nombre científico para ver realmente qué se le ha estudiado a la planta.

¿Y por qué la procedencia? pues porque, por ejemplo, la “citronela” de los Andes es el “malojillo” de Miranda y la “paja cedrón” de Bolivia (esto es, en todos los casos Cymbopogon citratus).

 

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Yuquilla: Ruellia tuberosa

Ruellia tuberosa fue objeto de la tesis doctoral de mi colega Carlos Ciangherotti, que hasta se ganó el premio anual de la Cámara Venezolana de Medicamentos hace un par de años. A ella la llaman comúnmente, además de yuquilla, raíz de barreto, oreja de ratón, peonilla, escopetilla, explota-plota (debido a que sus frutos son unas pequeñas cápsulas que cuando están lo suficientemente secas, marrones, explotan al ser mojadas – el chiste es mojarla con la boca, y te explota dentro!)…, y bueno, se puede decir que la llaman más o menos de otras treinta maneras (sin exagerar).

 

Desde el punto de vista tradicional, esta planta tiene muchos usos reportados, pero en esa tesis se demostró la eficacia de su raíz en la protección del daño renal en un modelo de diabetes inducida (el título del artículo científico salió con un error ortográfico, pero debo sobrevivir con eso dada la importancia del mismo).

Debo aclarar que no es que cura la diabetes sino que evita una de las complicaciones más importantes de esta enfermedad (nefropatía o daño renal), y aunque no me gusta dar “recetas”, puedo compartir que se usa de la siguiente manera:

Se colocan a hervir unas tres raicillas secas en un litro de agua (decocción o cocimiento) y se toman tres tazas al día.

Cada persona tiene sensibilidad diferente a los compuestos químicos y las plantas tienen muchos!, por esa razón no hay que abusar de la dosis ni tomarla permanentemente.

También es importantísimo tener claro que cada parte de la planta tiene una composición diferente, incluso dependiendo de si está en flor o fruto. Los cultivadores de caña de azúcar, por ejemplo, tienen muy claro que si la planta florece ya no sirve, pues todo el azúcar ‘se va’ para las flores (y se transforma, de manera que ya no se puede extraer). Esto de las plantas y sus partes es tan delicado que, por ejemplo, la raíz del perejil que nos comemos puede ser abortiva.

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Raiz de Ruellia tuberosa (fuente: Tramil)

Como dije en un escrito previo, el uso tradicional de las plantas por comunidades indígenas, tiene una validez indudable toda vez que el conocimiento se ha transmitido de generación en generación sin influencias externas. Pero en la actualidad, con el incremento en las comunicaciones, vialidad e intercambio cultural, tenemos el deber de validar los usos tradicionales urbanos, mediante el análisis profundo de la composición química de la planta, su actividad biológica, su posible toxicidad ¡sin olvidar la correcta identificación de la planta! (y todo esto lleva su tiempo).  En este sentido, recomiendo dar un vistazo periódicamente a la gente TRAMIL quienes tienen una buena galería de plantas cuyo uso ha sido validado científicamente.

Para cualquier información adicional puede comunicarse conmigo a través del correo:

gorsiniv@gmail.com

#SoyBotánica

 

Origen: Hablaremos de Fitoterapia: Una “yuquilla” como ejemplo de “el deber ser” en fitoterapia

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