Panamá: Hacia una política de medicamentos

autor-sin-foto-400Por: Franklin Castrellón

Dentro de la amplia gama de actividades involucradas en la “modernización del Estado” panameño, hay dos asignaturas cuya materialización reclama grandes dosis de coraje y determinación; ellas son la modernización de los procesos y la eliminación de la discrecionalidad de los funcionarios, práctica íntimamente relacionada con la corrupción en buena parte de la burocracia gubernamental.

Los cambios que trae la modernización del Estado tocan tantos intereses que los pocos gobiernos que intentaron alcanzar ese objetivo se detuvieron a poco de intentarlo, para no someterse al riesgo político que ello involucra. Hasta donde recuerdo, el último en incluir ese tema en su plan de gobierno fue el expresidente Martín Torrijos (2004-2009), quien en su Visión Estratégica de Desarrollo Económico y de Empleo hacia el 2009, planteó, en su objetivo 5, la “Reforma y modernización del Estado”. Pero no llegó siquiera a iniciar su ejecución, a sabiendas de que el riesgo político era alto. Ya había sido suficiente con la reforma fiscal y del sistema de seguridad social.

Ahora, bajo el gobierno de Juan C. Varela, la Dirección Nacional de Farmacia y Drogas del Ministerio de Salud (Minsa) emprende la tarea de modernizar los procesos, fortalecer el control de medicamentos y eliminar la corrupción en el trámite de los registros sanitarios, para proteger a la ciudadanía. Pero en el camino se ha ganado una “pelonera” pública, estimulada por funcionarios que se oponían a los cambios, con el beneplácito de unos cuantos comerciantes, a quienes resultaba más cómoda la flexibilidad en la aplicación de controles que representan riesgos para la población.

A la campaña de los adversarios de la modernización de los procesos para autorizar la venta de fármacos se han sumado algunos medios y comentaristas, sorprendidos en su buena fe por aquellos a quienes conviene mantener el statu quo. Con este comentario no pretendo descalificar a quienes, con todo el derecho del mundo, exigen mayor agilidad de un anacrónico sistema que reclama, no solo más personal capacitado y recursos para desarrollar su función, sino la reducción de los pasos necesarios para expedir los registros sanitarios de medicamentos, drogas y otros productos.

A propósito de la crisis, la directora de Farmacia y Drogas, Jenny Vergara, señala que cuando llegó al cargo se encontró con una entidad deteriorada en sus procesos, con recurso humano insuficiente, con unidades que incumplían las reglas, y con limitados y deficientes recursos tecnológicos e infraestructura. Con el apoyo del titular del Ministerio, poco a poco, logró incrementar el número y calidad de farmacéuticos al servicio de esa unidad. Paralelamente, se han firmado convenios de cooperación con autoridades de medicamentos de España, Portugal y otros países, que se traducirán en oportunidades de capacitación de personal y en intercambio de información clave para que esa entidad cumpla mejor su misión de proteger la salud de la población del país.

El deficiente sistema de informática, que impedía avanzar los procesos, está en vías de ser reemplazado por equipo moderno con antivirus y fibra óptica, al tiempo que la Dirección gestiona la donación de un programa informático para registros sanitarios con estándares de la Unión Europea. Todo ello, para optimizar la capacidad y proteger la seguridad de la población, mediante un programa de farmacovigilancia que incluye la prevención y control de la falsificación de medicamentos. En esta línea, se logró incorporar a Panamá al Sistema de Monitoreo internacional de Reacciones Adversas a Medicamentos, que mantiene la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La Dirección Nacional de Farmacia y Drogas impulsa el cumplimiento de la Ley de Medicamentos, dando impulso a la libre competencia, lo que en corto plazo se debe traducir en mejores precios para el consumidor. Otro gran objetivo de los cambios señalados es el de lograr la calificación de OPS/OMS como Autoridad Regulatoria Nacional y luego Regional. Además, se gestionó con la Facultad de Farmacia de la Universidad de Panamá el diseño curricular de un programa de postgrado en Asuntos Regulatorios de Medicamentos para fortalecer las competencias del recurso humano que labora en la Autoridad de Medicamentos, iniciativa que ha despertado interés de participación de autoridades de Centroamérica y que posiciona a Panamá como país líder en la materia.

Modernizar el Estado es un camino atiborrado de obstáculos, especialmente cuando en el proceso se ataca la corrupción y se afectan los intereses creados. Confío en que el Minsa logre los objetivos que se propone alcanzar y que, en relativo corto plazo, la virulencia pase a ser un episodio natural que sufren aquellos que se atreven a impulsar los cambios que requiere el país.

Origen: Hacia una política de medicamentos: Franklin Castrellón

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