Farmacia y humanidad

RICARDO GIL OTAIZAPor: Ricardo Gil Otaiza

El decurso de la historia trae consigo hechos relevantes acerca de los primeros vestigios de la vida en el planeta, y ellos nos llevan a pensar en la farmacia como punto de partida de la relación dada entre los primeros pobladores y el medio natural. No sabemos a ciencia cierta cómo fue el debut del primer ser humano en la Tierra (todo está sujeto a diversas hipótesis científicas), pero lo que sí podemos afirmar con absoluta certeza es que esa primera mujer y ese primer hombre tuvieron que echar mano de los recursos que les proporcionaba el entorno para resolver sus ingentes problemas existenciales: frío, calor, hambre, sed, defensa y salud. El proceso de aprendizaje se dio por ensayo y error y fueron sin duda la intuición y la mera observación los mecanismos utilizados para sobrevivir en un medio inhóspito, duro, signado por fuerzas poderosas que buscaban el reacomodo y el equilibro (y que todavía hoy podemos atisbar con real asombro).

Posiblemente haya sido la mujer quien se dedicara a las labores de la recolección de las hierbas y de otros elementos necesarios para la vida, mientras que el hombre se concentrara en la caza y en la defensa. No obstante, ese “acto” de recolección de plantas, aunado con la utilización de las vísceras de los animales para fines curativos, son los primeros destellos que nos llevan a pensar en el nacimiento de la profesión médica y farmacéutica, que se erigen así en hechos fundantes de las actividades inherentes a la preservación de la vida. Quien recolectaba las hierbas las llevaba hasta la cueva y a partir de ese momento iniciaba el trabajo de “preparación” de las mismas para aplicárselas al enfermo (trituración y maceración, entre muchas posibles). Médico y farmacéutico en un binomio indisoluble (ambas en la persona del herborista) se erigían así en punto clave del nacimiento de dos prácticas complementarias, que con el correr del tiempo darían como resultado dos profesiones de la salud a las que la humanidad debe en buena medida su perennidad y su trascendencia en el tiempo y en el espacio.

Historia de la humanidad
Si bien los investigadores dan por cierto que fue en la civilización árabe cuando se separaron las prácticas médicas y farmacéuticas (y tal vez a partir de entonces se origine también su “connatural” rivalidad), el hecho de que la confección de fármacos a partir de las plantas medicinales sea parte sustantiva de la labor del farmacéutico (que aún hoy se mantiene a través de procesos de alta tecnología: biosíntesis), nos lleva a afirmar, sin temor a tremendismos, que la historia de la farmacia (y de la medicina) es en sí misma la historia de la humanidad. Hombre y medio natural ayer y hoy son “parte” y “todo” de un mismo hecho complejo: el anhelo de perpetuidad, que desde tiempos inmemoriales ha anidado en el inconsciente del ser humano.

Ingente la labor del farmacéutico y elevada también su responsabilidad planetaria. Empero, todo esto tendrá un verdadero sentido desde la ética, como noción del bien y del mal; de lo real y lo trascendente en el lento proceso de hominización de nuestra especie (aún vigente: qué dudas caben), que nos impele a buscar elevadas cimas de realización en perfecto equilibrio con el entorno y con nuestra propia conciencia. Esa ética conlleva además la noción del respeto a la naturaleza como proveedora de todo aquello que necesitamos para la vida, traducida a su vez en los seres que forman parte de la biosfera (a quienes desdeñamos y agredimos con saña a cada instante), y quienes han sido y son nuestros compañeros en el tránsito sobre la Tierra.

@GilOtaiza rigilo99@hotmail.com 

Origen: Farmacia y humanidad

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