Colombia: El laboratorio suizo Novartis y el Minsalud

Francisco Cortés RodasPor: Francisco Cortés Rodas

En Colombia hay columnistas, líderes de opinión y políticos que desconocen que el neoliberalismo como régimen social ha desarticulado, tanto en las sociedades ricas como en las pobres, los sistemas de educación, salud y pensiones, y que además ha producido, especialmente en los países pobres, un aumento de la mortalidad por causa de la pobreza, al impedir que las personas con menos recursos puedan adquirir drogas de alto costo. Los efectos negativos del neoliberalismo y la globalización, afirman los mencionados columnistas y líderes, son ficciones creadas por sociólogos y filósofos de izquierda, que no aceptan la cruda realidad del mundo capitalista.

En contra de la pretendida suficiencia cognitiva de los intelectuales del establishment es importante señalar el pecado del neoliberalismo, doctrina que se practica hoy con tanto ahínco, pero sin crítica, en las universidades de élite, los medios y los partidos políticos. El pecado es este: estudios empíricos de sociólogos y economistas muestran que los países más poderosos han impuesto mediante su participación en las instituciones de gobernanza global como el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de Comercio y el Banco Mundial, regulaciones económicas globales que han tenido efectos devastadores para muchos habitantes de los países más pobres.

En relación con las farmacéuticas, los Estados Unidos y sus más fuertes aliados europeos insistieron, como los miembros más poderosos de la OMC, a instancias de sus laboratorios, en que las protecciones de la propiedad intelectual fueran lo más fuertes posibles. Esto hizo que se definieran los derechos de propiedad intelectual en el sistema de patentes en función de los intereses de las empresas farmacéuticas, determinando que se diera una subida de los precios de los medicamentos en los países más pobres y en los emergentes, privando a los enfermos de los países pobres de las medicinas que tanto necesitan.

Este es el contexto global en el que se desarrolla el gran negocio de las farmacéuticas en el mundo entero y es la situación que algunos países intentan enfrentar mediante propuestas y cambios al sistema de patentes impuesto por la OMC. Colombia es uno de ellos. El ministro de Salud, Alejandro Gaviria, decidió declarar un medicamento, la molécula Imatinib (Glivec) utilizada para tratar la leucemia, de interés público. Esto permitirá, en el caso de que la Superintendencia de Industria y Comercio respalde la decisión del Ministro, que se puedan entregar licencias a otras farmacéuticas para que lo produzcan. La competencia que puede darse, con varias farmacéuticas llevando al mercado el mismo medicamento, comportará una baja de su precio, con el consecuente beneficio para muchos enfermos de leucemia.

En juego están aquí dos importantes principios: i) el aseguramiento de los derechos de propiedad intelectual en el sistema de patentes; ii) la idea de que la competencia es social y debe contribuir a generar el bienestar general. Lo que finalmente sea decidido por el Ministerio y la Superintendencia será un indicador del grado mayor o menor de autonomía de Colombia frente a las grandes multinacionales

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