España: Los supervivientes de la talidomida ganan una batalla de su larga guerra

La Junta de Andalucía anuncia el primer censo oficial para atender mejor y dotar de derechos a las víctimas del fármaco

Ángeles Peñalver | granada

DOCU_IDEALLas madres de José Daniel Rosales, Ángel Martín o Matilde Román tomaron de buena fe talidomida, un principio activo en fármacos distribuidos masivamente a finales de los años 50 y 60 contra las molestias del embarazo. Sus hijos, como miles de niños españoles, nacieron con malformaciones a causa de esa sustancia que determinó su existencia. Otros bebés se quedaron en el camino por alteraciones incompatibles con la vida.

Según Ángel Martín, baezano y portavoz de los afectados andaluces, de las 3.000 víctimas que pudo llegar a haber, hoy sobreviven unas 500 en España, 60 en Andalucía. «La batalla por el reconocimiento de nuestros derechos está siendo eterna. La farmacéutica alemana que patentó el medicamento, Grünenthal, consiguió hace seis meses que el Supremo desestimara el pago de 204 millones de euros de indemnización al que la habían condenado. Dijeron que el caso está prescrito, pero en Alemania los afectados han recibido 600 millones en ayudas en los últimos 34 años. Independientemente de la responsabilidad directa de Grünenthal, es importante aclarar que no es el laboratorio sino el Estado -que siempre autoriza y tiene la última palabra en el empleo de cualquier medicamento en su territorio-, el que está respondiendo ante las víctimas en los distintos países», apostilla indignado Ángel Martín, quien anuncia que siguen batallando con las miras puestas en el Tribunal Constitucional español y en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo si fuera necesario.

«Las víctimas cumplen años, sus cuidadores van desapareciendo y ahora todos nos planteamos cómo afrontar la vejez, determinada en muchos casos por las secuelas físicas o mentales», apostilla el baezano Ángel Martín.

Por fin, después de batallar en el Parlamento Andaluz para poner de acuerdo a todos los partidos, la asociación de víctimas ha conseguido que la Consejería de Salud cree el registro de personas afectadas por talidomida para mejorar su atención. «Este fichero permitirá diseñar políticas de salud y orientar actividades de prevención, planificación y asistencia sanitaria a las personas inscritas», figura en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA).

La creación del censo conlleva un procedimiento de evaluación para ofrecer, a toda persona que lo solicite, la posibilidad de identificar la relación de causalidad entre la malformación que presenta y el uso de talidomida. «Eso facilitará un reconocimiento oficial de la administración sanitaria de cara a posibles reclamaciones de los afectados ante los tribunales», reconoce el texto legal andaluz. Una puerta a la esperanza.

Hasta ahora, en España el Gobierno sólo le ha reconocido algún derecho a 24 personas que, en su momento y mediante pruebas clínicas, pudieron obtener una ayuda económica de 100.000 euros. La victoria es pírrica para las víctimas, que llevan peleando -en algunos casos- más de 50 años. Para más inri, en Alemania se retiró el fármaco del mercado en 1961, dos años antes que en España, porque ya se había comprobado la relación entre el consumo de talidomida y las malformaciones, asociadas generalmente a extremidades muy cortas o inexistentes con las que nacían los bebés.

«El primer paso»

José Daniel Rosales, que vive en un pueblo granadino, está contento por la medida anunciada por la Junta de Andalucía, pero dice que aún les queda un largo camino por andar hasta conseguir sus históricas reclamaciones, como una indemnización justa y proporcionada para todos. Él está dispuesto a andarlo, aunque sea con una sola pierna y cuatro dedos por mano. Carece de pulgares. Desde que quiso ponerse de pie, lleva adosada a su lado izquierdo una pesada pierna ortopédica. Y así ha trabajado toda su vida.

José Daniel, como Ángel, se considera un afortunado que ha logrado sobreponerse a los complejos, a las burlas y a los prejuicios. «Otros no han podido soportarlo y se han suicidado o han tenido muchos problemas personales», espeta.

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