El escándalo de las vacunas chinas dispara la desconfianza

Durante 4 años se han usado millones de dosis caducadas en 20 provincias. Detenidas 130 personas de una trama de fármacos contra 25 dolencias

ADRIAN FONCILLAS

Millones de vacunas caducadas o mal almacenadas han sido utilizadas durante cuatro años en China. Los cíclicos escándalos de seguridad alimentaria y sanitaria han endurecido a los chinos, pero la magnitud del último les ha pasmado y ha disparado la desconfianza del consumidor. Las sombras cubren al sector farmacéutico y a las autoridades por su dejación de funciones mientras asoma un riesgo mayor: que la vacunación disminuya.

La policía de la provincia oriental de Shandong ha detenido a 130 personas. En el núcleo de una organización que consiguió beneficios de 570 millones de yuanes (78,5 millones de euros) está una exfarmacéutica de 47 años y su hija, quienes compraban a bajo precio vacunas a punto de caducar y las revendían desatendiendo criterios elementales de almacenamiento y transporte. Dos millones de vacunas se han utilizado en 24 provincias y grandes ciudades como Pekín, Chongqing o Guangzhou. El caso crece a diario. Ya han sido identificados 300 distribuidores y 13 compañías farmacéuticas, según los últimos datos.

SOLO DESPROTECCION Las vacunas cubrían 25 enfermedades como encefalitis, rabia, polio y hepatitis B. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recordado que las dosis caducadas raramente causan más peligros para la salud que la desprotección. Las autoridades han multiplicado los esfuerzos para animar a una población desmoralizada. La Fiscalía del Estado supervisará las investigaciones, la Administración de Alimentos y Medicinas de China (SFDA, por sus siglas inglesas) ha ordenado a los gobiernos locales que fiscalicen el sector y el primer ministro, Li Keqiang, ha prometido duros castigos para los culpables y los funcionarios que miraron a otro lado.

Detrás está, otra vez, la incapacidad del Gobierno de proteger a su población de los facinerosos. Los mayores lamentos sociales aluden a cuestiones mundanas como la contaminación o la falta de seguridad alimentaria o sanitaria. Pekín se ha esforzado en atajar los problemas pero se enfrenta a sectores atomizados donde el beneficio rápido eclipsa otras consideraciones.

En el pasado se descubrió que algunas vacunas sólo contenían soluciones salinas. La producción de las de la hepatitis B se detuvo en el 2012 por no tener la calidad mínima. Y ahora vuelve a circular un artículo del 2003 de la reputada revista Caixin sobre niños que sufrieron enfermedades serias y discapacidades al ser vacunados.

En el sector se suceden los escándalos. Dos años atrás fueron retiradas medicinas por exceso de cromo y en el 2007 fue ejecutado Zheng Xiaoyu, director de la SFDA, por cobrar sobornos para aprobar medicinas que causaron una decena de muertos. China se sobresaltó en las vísperas olímpicas por la leche infantil contaminada con melanina que mató a seis niños y enfermó a 300.000. Los chinos aún no han recuperado la confianza.

“No sabemos si las vacunas que pusieron a nuestra hija son válidas. Si no podemos fiarnos de lo que ocurre en un hospital, ¿qué nos queda?”, se lamenta Yang, oficinista de Pekín. Los padres han volcado su frustración en las redes sociales. Un mujer sostiene que quiere llevarse a su hija del país para librarla de “la leche contaminada, el aceite de alcantarilla (reciclado y de ínfima calidad) y las vacunas inútiles”. Y muchos se preguntan por qué ha tardado tanto en conocerse el escándalo de las vacunas si las principales implicadas fueron detenidas el año pasado.

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