En vez de guerra, tratamiento y compasión

Juan CartagenaPor:Juan Cartagena

Es más fácil empezar guerras que terminarlas. En la guerra contra las drogas nadie gana. Hasta los narcotraficantes con sus riquezas se asesinan uno al otro. Por estas razones la oportunidad de reformar la política global de drogas en la sesión especial de las Naciones Unidas en abril simboliza esperanza para todo el mundo. El encuentro llamado UNGASS tiene la capacidad de re-orientar las prioridades y un paradigma prohibicionista hacia uno de tratamiento médico y compasión.

En esta guerra fracasada hay ciertos hechos incontrovertibles:

Después de más de medio siglo de la criminalización del consumo, producción y venta de drogas ilícitas la guerra es un fracaso. Hoy día la producción de opio, por ejemplo, ha aumentado 400% desde 1980 y la heroína en este país es más barata y más pura que nunca. Este sistema económico es tan lucro que convierte la prohibición en el hazmerreír de nuestros tiempos.

Los riesgos a la salud pública aumentaron agraviadamente durante esta época de prohibición. Miles de adictos han muerto por usar drogas contaminadas, gobiernos han prohibido programas efectivos de intercambio de jeringuillas, y el nuevo antídoto a la sobredosis de heroína, Naloxone, no tiene distribución nacional. Al otro extremo, hay tantos países que prohíben medicinas de opiatos que hay 5,500 millones personas que viven sin acceso a medicinas para aliviar su dolor.

Como en cualquier guerra, los derechos humanos son la primera víctima. Más de mil personas al año son ajusticiados en países donde crímenes de drogas conllevan la pena de muerte. Al nivel global mujeres son encarceladas más por drogas que por cualquier otro crimen y en Latinoamérica el número de latinas encarceladas aumentó 50% en 15 años. En este país la encarcelación desproporcional de afro-americanos y latinos causado por la guerra contra las drogas explica porque tenemos solo cinco por ciento de la población global pero 25% de la población encarcelada.

El narcotráfico mundialmente es una empresa criminal valorizada en $332,000 millones, más que el valor combinado del café, tabaco, cereal, vino y cerveza. Los carteles son los que se enriquecen por medio de esta guerra.

La violencia contra civiles en nuestros países no tiene fin. Solamente en Méjico, desde 2006 cuando el gobierno alistó a su ejército a enfrenar los carteles, se estima que más de 60,000 personas fueron asesinadas, miles han sido desaparecidos, y miles son desplazados de sus hogares.

Estos son los hechos. Ahora en la UNGASS tenemos que exigir el fin a esta guerra.

(*)Juan Cartagena es el presidente de LatinoJustice PRLDEF 

Origen: En vez de guerra, tratamiento y compasión | El Diario NY

Deja un comentario