Ecuador: Las terapias alternativas de salud se abren campo en los hospitales públicos del país

La OMS define a la medicina tradicional o ancestral como el conjunto de conocimientos y prácticas basadas en experiencias y culturas indígenas.
Redacción Buen Vivir.-eltelegrafo.com.ec.-

Todas las personas, en un momento u otro, desarrollamos una enfermedad producto de algún virus o nos vemos afectados por alguna dolencia que interfiere con la cotidianidad de nuestras vidas. En ciertos casos, las enfermedades o cuadros sintomáticos se prolongan en el tiempo y se apoderan de la vida de quienes las padecen, llegando a ser una pesada cruz con la que deben cargar a diario.

A pesar de los enormes avances de la ciencia médica moderna, existen muchas enfermedades para las que la medicina no encuentra respuesta. Hay tratamientos que no son más que paliativos que aminoran los síntomas u otros que resultan en sí mismos causales de daño y malestar.

En ocasiones, se presentan cuadros sintomáticos que no logran ser diagnosticados ni por los mejores médicos y también hay personas que no pueden acceder a médico alguno.

Frente a situaciones de malestar o enfermedad, toda persona desea aliviarse y recuperar su salud. Cuando esto sucede, son muchos los pacientes que, al momento de buscar ayuda, recurren a tratamientos alternativos, ya sea por no encontrar una solución satisfactoria a sus malestares dentro de los tratamientos de la medicina alopática, por no tener acceso a dichos tratamientos o por confiar más en la medicina tradicional de su propio pueblo.

Existen varios términos que se han ocupado habitualmente para designar al conjunto de diversos sistemas, prácticas, productos medicinales y de atención a la salud que no están reconocidos por la institucionalidad médica ni integrados al sistema sanitario oficial. Se les ha llamado indistintamente medicina alternativa, complementaria y tradicional o ancestral.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la medicina tradicional o ancestral como “el conjunto de conocimientos, aptitudes y prácticas basados en teorías, creencias y experiencias indígenas de las diferentes culturas, sean o no explicables, usados para el mantenimiento de la salud, así como para la prevención, el diagnóstico, la mejora o el tratamiento de enfermedades físicas o mentales”.

Dentro de esta categoría podemos encontrar a la medicina ayurvédica de la India, la medicina tradicional china, la de los chamanes indígenas de toda América; también la naturopatía (medicina ancestral de Occidente), la tradicional tibetana, entre otras.

Por otra parte, están las terapias o medicinas alternativas y complementarias que, si bien en su mayoría tienen principios y elementos dentro de sus prácticas terapéuticas que se derivan de las ancestrales o tradicionales, no son tratamientos tradicionales. Éstos surgen, en su forma actual, a la par de la medicina moderna occidental y no forman parte de la medicina ancestral de un país o región. Dentro de este grupo podemos encontrar a la quiropraxia, la osteopatía, la homeopatía, la medicina antroposófica, el reiki, la terapia de energía luz dorada, el biomagnetismo, la bioenergética, la terapia neural y muchas más.

A pesar de que existen férreos detractores de las medicinas y terapias alternativas, en las últimas décadas estas formas de tratamiento terapéutico han ido ganando espacio y relevancia en el mundo occidental. El uso de este tipo de terapias es muy extendido.

Según estimaciones de la OMS, hasta el 80% de la población de los países en desarrollo acude a la medicina tradicional como forma de atención primaria. Este organismo también reconoce un significativo incremento de su uso en países desarrollados y en desarrollo a partir de la década de los 90.

Es por este motivo que hace más de una década la OMS impulsa una estrategia para la adecuada incorporación de las terapias tradicionales y complementarias dentro de los sistemas de salud pública de los países miembros. Siguiendo esos lineamientos, son varios los países que han aceptado y avalado formas de medicina que, hasta hace no mucho, habían sido desestimadas por el establishment médico.

En Suiza, a partir de 2012, se incorporaron al sistema de salud público por un período de prueba de 5 años, 5 ramas de la medicina alternativa: la fitoterapia, la homeopatía, la terapia neural, la medicina tradicional china (acupuntura) y la medicina antroposófica. Esta decisión se tomó por medio de una consulta popular. Durante este tiempo de prueba, dichas terapias deberán demostrar su eficacia y conveniencia en términos de costo-beneficio, para llegar a ser incluidas de forma definitiva en su sistema de salud pública. Así mismo, países como Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Nicaragua, Perú y Ecuador reconocen la necesidad de implementar sistemas que incluyan enfoques y tratamientos de salud intercultural, en los que se estudie y rescate no solo las medicinas ancestrales de los pueblos originarios, sino también aquellas medicinas alternativas que hayan demostrado ser de utilidad para los pacientes.

En Ecuador del Buen Vivir, el Ministerio de Salud Pública ha reconocido la validez de varias formas de medicina alternativa, como son la acupuntura y la homeopatía. En la actualidad, la institución está trabajando en una serie de regulaciones para el ejercicio de los profesionales especialistas en medicinas alternativas y terapias complementarias, con la finalidad de instaurar de forma oficial a estas ramas de la medicina alternativa dentro del sistema de salud normado, las cuales han cumplido, desde hace ya varios años, un papel relevante en varios centros de atención primaria a escala nacional.

Actualmente, resulta de vital importancia continuar abriendo espacios para la investigación y el desarrollo de una medicina integral, que recoja lo mejor de la medicina alópata y de la alternativa, de modo que podamos avanzar hacia tratamientos menos invasivos. Avanzar hacia una medicina que tenga un amplio espectro de formas de diagnóstico y tratamiento eficaces e inocuos, hacia una medicina que sea asequible a todos. (I)

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