Dopaje universitario: el Orfidal sustituye a las anfetaminas contra la angustia en época de exámenes

Tatiana Márquez.- Estaba desesperada, ya no sabía qué podía hacer y el tic-tac del reloj le martilleaba la cabeza una y otra vez. Cada vez que se acercaban los exámenes, Beatriz tenía que sobreponerse al mismo martirio. “Me faltaba el aire, no podía controlar los nervios”, explica esta estudiante del último curso de Enfermería. “Me aterraba el convencimiento que no iba a darme tiempo a aprendérmelo todo, que tendría que pagar una segunda matrícula… y la presión se hacía insoportable”.

Hasta que, en una de esas tardes de zozobra, no aguantó más y robó fármacos que la ayudaran a aplacar su angustia en el hospital donde aún hoy hace prácticas. No lo resultó difícil. Estaba familiarizada con el mundo de los medicamentos gracias a sus estudios y, al fin y al cabo, se trataría sólo de algo puntual. “No tenía por qué estar sufriendo en pleno siglo XXI habiendo remedio”, argumenta.

Pero el de Beatriz no es un caso aislado, ni mucho menos. El dopaje intelectual es cada vez más popular entre los estudiantes que necesitan memorizar muchos conocimientos en muy poco tiempo. Desbordados por los plazos o por la presión, recurren a preparados químicos que estimulan las funciones cerebrales y controlan las propias emociones, ya sea mediante medicamentos, drogas, o potenciadores cognitivos.

Nada ilegal o excesivamente exótico, pero lo suficientemente efectivo como para sacarles del bloqueo. Suplementos de vitaminas B y C, ginseng, lorazepam, benzodiazepina, … algunos de ellos presentes en productos populares como Pharmaton, Denubil, DeMemory o Berocca Boost.

Paralizados por los nervios

La psicóloga clínica del Hospital 12 de Octubre Marta Oviedo asegura que “muchos suspenden no porque no se sepan el temario, sino debido a que se paralizan cuando tienen que enfrentarse a la prueba”. De hecho, uno de los estudios más importantes realizados en España, el del profesor y doctor en Psicología José Manuel Hernández con una muestra de alumnos de 16 universidades diferentes, revela que más de la mitad de la comunidad universitaria española presenta este problema. Por eso no resulta tan extraño que, ante el pánico al fracaso, los estudiantes recurran a la química, tanto para tranquilizarse como para resistir cuando los litros de cafeína no hacen efecto.

Cogí Orfidal y Lexatín un día que estaba de guardia. Conozco los efectos de estos ansiolíticos y media pastilla al día durante la semana anterior me bastaba para quitarme la ansiedad que me producían los exámenes”, cuenta Beatriz con naturalidad. Se trata de medicamentos sujetos a prescripción médica y que crean cierta adicción en tratamientos crónicos, así que estaban algo más escondidos. Sin embargo, esta joven alumna de enfermería pudo hacerse con su dosis.

Como afirma la psicóloga Oviedo, ese miedo al fracaso y la sobrecarga de responsabilidades “provocan síntomas a nivel cognitivo -preocupación obsesiva o pensamientos negativos-, síntomas fisiológicos -ritmo cardíaco acelerado, sensación de ahogo, dolores, sudoración, e incluso mareos, vómitos, o diarrea-, y motores -tartamudeos o problemas de vocalización-“. Quienes lo sufren viven un auténtico calvario. De ahí que la idea de una pastilla mágica que aumente las capacidades y funciones del cerebro se convierta en una solución muy atractiva. Más aún si se puede conseguir con cierta facilidad.

¿Por qué no tomar algo que te ayude a estar alerta, mantener la concentración, mejorar la memoria e incrementar la creatividad y la productividad? ¿Existirá algo que calme los nervios? Éstas son algunas de las preguntas que se hacen muchos estudiantes que sueñan con conseguir algo parecido al NZT-48 de la película Limitless, de Bradley Cooper; aquella pastilla que le hacía incrementar el funcionamiento cerebral al 100% y le convertía casi en un superhombre.

Drogas ‘inteligentes’

Científicamente, lo más parecido a eso son los potenciadores cognitivos, también conocidos como drogas inteligentes. Estimulan las conexiones neuronales y mejoran la memoria, el estado de alerta o la concentración, pero sin provocar el síndrome de abstinencia que sí producen drogas como las anfetaminas, también empleadas para aumentar la resistencia intelectual y con las que se traficaba hasta hace relativamente poco.

Históricamente, el Katovit, elaborado con componentes anfetamínicos, y “usado durante años por miles de universitarios en España”, según el catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense (UCM) Jesús Pintor, era el producto estrella utilizado como potenciador para alcanzar la excelencia.

“Era una poderosa pastilla que te daba fuerzas para hacer aquello que quisieras”, explica. “Te daba el coraje, la estimulación y la motivación necesaria para realizar cualquier cosa”, relatan abiertamente en los foros de internet quienes solían consumir esa droga, pensada en un principio para personas con Alzheimer o demencia senil. Pero “los estudios sobre el producto en la Fase 4, cuando ya se está comercializando, revelaron que tenía efectos adictivos no deseados”, explica Pintor, y tuvo que ser retirado del mercado por el Ministerio de Sanidad en 2011.

Hoy en día, las sustancias que le han tomado relevo al Katovit están sometidas a un estricto control. Sin embargo, el riesgo está en que algunos de los potenciadores cognitivos que los estudiantes consumen son medicamentos destinados al tratamiento de trastornos de hiperactividad y déficit de atención (THDA), o la esquizofrenia, entre otras enfermedades.

Efectos secundarios

Lo que ignoran los jóvenes que recurren a estos fármacos es que muchos de ellos acarrean efectos secundarios a largo plazo. Incluso a corto plazo, no son pocos los usuarios que han tenido que recibir atención médica por intoxicación, debido a la intolerancia al producto o por sobredosis.

“No es bueno abusar de la farmacología”, defiende Ángel Sánchez, profesor de Toxicología de la UCM e internista en el Hospital Clínico de Madrid, quien además lanza dos advertencias más relacionadas con las consecuencias educativas que con las sanitarias: “El efecto placebo tiene un papel determinante y la información que se ha aprendido rápidamente durante la medicación no se recuperan en el futuro con la misma facilidad”.

Este especialista asegura que “no está demostrado científicamente cuál es el porcentaje exacto de eficacia” de estos fármacos pero, aun así, algunos estudiantes acuden al médico fingiendo que tienen narcolepsia (trastorno del sueño), o problemas graves de concentración en su vida cotidiana, entre otras patologías, para conseguir la receta que necesitan. Otros tratan de conseguirla a través de algún conocido que trabaja en el ámbito sanitario o, directamente, se la escamotean a algún familiar que se medica.

Remedios ‘caseros’

Ése último caso es el de Eline, otra estudiante a punto de finalizar Comunicación Audiovisual y que se confiesa usuaria de Propranolol, un medicamento que encuentra en el botiquín familiar. Este fármaco pertenece al grupo de betabloqueantes y que es usado principalmente en el tratamiento de la hipertensión y la profilaxis de migrañas en niños. “Me lo empecé a tomar para el examen de conducir”, señala, “pero la sensación de nervios que tenía en época de exámenes y presentaciones de clase era muy parecida”. Así que se planteó repetir ya en la universidad porque conseguía relajarse y ganaba seguridad en sí misma.

Los betabloqueantes son “favorables” a ojos del bioquímico Pintor, debido a que “suprimen parcialmente la adrenalina y los nervios”. A diferencia de otros relajantes derivados de la valeriana, como el Valium, que “te dejan adormecido y que, en consecuencia, reducen la efectividad de la persona, éstos no producen somnolencia”, detalla el especialista. Aun así, insiste en que afectan al sistema cardiovascular y que “no se pueden tomar a la ligera o abusar de ellos sin consultar a un médico”.

El otro grupo de pastillas que cuenta con gran apoyo en la comunidad universitaria es mucho menos clandestino, ya que se vende sin receta en farmacias, herboristerías o incluso en supermercados. Son los complejos vitamínicos. Según afirma Pintor, “no son un milagro, pero sí es cierto que, concretamente la vitamina B -propia de alimentos de origen animal- es muy recomendable para el aprendizaje”.

A pesar del amplio abanico de posibilidades de doping intelectual, tanto legal como ilegal, los expertos coinciden en que la mejor opción para enfrentarse a los exámenes es comer bien, hacer algo de deporte y, sobre todo, estar descansado.

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