Medicamentos que matan

 

Alfredo Zurita.-

Con más frecuencia de lo que se piensa, el medicamento no cura, sino que daña.

Todo medicamento puede matar, al producir los llamados efectos adversos, que se pueden leer en los prospectos, que incluyen la muerte, entre muchos otros más frecuentes, como diarreas, calambres, vómitos, etc., y lógicamente pueden matar por error en la dosis, o combinación de efectos adversos entre varios medicamentos.

Por esta razón en algunos países las recetas deben ser escritas a máquina, no a mano, y un farmacéutico debe revisarlas en el momento que el paciente adquiere los medicamentos, e interrogar al paciente si entendió bien las indicaciones de dosis.

Una causa común de confusión en los ancianos que toman varios medicamentos es el cambio de color de las pastillas o píldoras, ya que ellos se habitúan a diferenciarlas de esta forma, y lo mismo pasa en pediatría con medicamentos en jarabe con distintas concentraciones.

Pese a las precauciones, en Estados Unidos se ha estimado por diversos organismos de control que las personas muertas como resultado de medicamentos bien indicados y bien tomados por el paciente es de unas 100.000 por año, la tercera causa de muerte en ese país, junto con las infecciones hospitalarias, en tanto que en Inglaterra se estima que el 7 % de las hospitalizaciones son por efectos adversos de medicamentos.

En Argentina donde la regulación de venta de medicamentos es más laxa, se pueden comprar casi todos sin receta, aunque el envase diga que no, y la gente toma medicamentos en mayor medida que en el promedio mundial, las consecuencias negativas podrían ser peores, aunque no hay estudios confiables al respecto.

Muchas personas no consideran este problema cuando se les indican o compran por su cuenta medicamentos, y creen que mientras más, mejor, y sin duda muchas muertes por esta razón pasan inadvertidas, al encontrarse una explicación a la muerte, como consecuencia de la enfermedad, para la que se lo utilizó.

“No me puede dar algo fuerte para la gripe”, es una frase común en consultorios y farmacias, por gente obsesionada por no perder el presentismo. Una barbaridad porque la gente con gripe debería quedarse en su casa, en vez de salir a contagiar a los demás.

Un problema adicional y creciente es la falsificación, un tema que llevó a la cárcel a algunos sindicalistas cuando la ministra Ocaña ordenó investigarlo en 2008, y que está conectado con el tráfico de efedrina y los narcos, pero que también se generaliza por la expansión de los productos químicos asiáticos más baratos, pero de calidad dudosa. Por esta razón se está generando la trazabilidad, que permitirá saber de dónde salió ese medicamento que uno está por tomar, algo que ya se exige también en alimentos en algunos países, por el problema de contaminación con agroquímicos de frutas y verduras, y en la carne por el uso de hormonas en animales.

Los efectos beneficiosos y adversos de los tratamientos requieren estudios prolongados, y costosos, antes de su aprobación para la comercialización, que impacientan a los enfermos que se podrían beneficiar de los mismos, y tratan de sortear estas medidas, lo que es el caso de los niños que se llevan a China para tratamiento con células madre, aún no autorizado en Argentina, ni ningún país desarrollado, salvo para fines muy específicos.

En dos notas recientes comenté el caso del escritor Ricardo Piglia, que después de una batalla legal y por redes sociales consiguió que su prepaga le pague un tratamiento experimental, de beneficio y efectos adversos aún desconocidos.

Dos comentarios me llamaron la atención, uno dirigido a mí, en la cual, el hijo de una paciente que padece la misma enfermedad de Piglia, dice que él se la daría a su madre, porque de todos modos morirá, por tanto, ¿Por qué no probar? No sé si lo haría con autorización de su madre, y conocimiento de que podría apresurar la muerte.

Otro comentario en una nota de la prensa nacional, sobre el mismo tema. Un abogado dice que él puede conseguir que las obras sociales y prepagas paguen cualquier tratamiento, esté autorizado o no, en el 95 % de los casos, mediante recursos de amparo. Sin duda un recurso publicitario del abogado, aunque los juicios por esta causa cada vez son más frecuentes.

Ambos razonamientos tienen la misma base, mejor probar, aún con tratamientos dudosos, que esperar la muerte sin hacer nada, y aún a costa de acelerarla, algo que sin duda muchos pacientes o familias en situación desesperante compartirán.

Hace unos 7 años se produjo una muerte en el Hospital Fernández de Buenos Aires, un centro muy prestigioso, que ahora atiende el presidente Macri, y se armó escándalo al comprobarse que la muerte se debió a un tratamiento experimental, que la esposa del paciente autorizó sin saber muy bien de que se trataba. La defensoría de la ciudad revisó el tema, y encontró docenas de medicamentos que estaban siendo ensayados en los hospitales públicos, sin que ni siquiera sus directores estuviesen enterados, lo que hizo que el organismo de control revisara y endureciera las reglas para autorizar estos experimentos clínicos, que en algunos casos incluyen un pago a los pacientes, y siempre a los médicos. (18.000 dólares por cada caso según la defensoría)

La lista de medicamentos en experimentación en Argentina y los hospitales y sanatorios donde se lo hace puede consultarse en http://www.anmat.gov.ar/principal.asp.

En esta semana personas sanas voluntarias que estaban probando medicamentos experimentales por cuenta de una farmacéutica en Francia, tuvieron efectos adversos, uno murió, y varios están hospitalizados, de modo que el experimento ha sido paralizado y se está haciendo una investigación sobre los pasos previos, experiencias en animales, etc.

Aún después de haber superado todas los pasos requeridos, siendo el último que algunos miles de pacientes reciban el tratamiento, y otros al azar no, al comercializarse el medicamento, y ser usado por millones de personas pueden aparecer efectos adversos más raros, y por esa razón los pacientes y médicos deben estar alertas ante los mismos, y comunicar los mismos a las autoridades pertinentes. Es el caso del rofecoxib, un analgésico muy eficaz, que causó unas 80.000 muertes por infarto antes de ser retirado del mercado.

El organismo de control más severo es el de Estados Unidos, la FDA, y los demás países siguen en general sus decisiones, aunque la FDA está sujeta a muchas presiones de la industria, y las asociaciones de pacientes, para que se aceleren los requisitos de aprobación, y el año pasado se ha aprobado una cifra record de nuevos medicamentos, 45, en su mayoría para el cáncer, pero también uno muy controvertido, el llamado viagra femenino, con muchos efectos adversos, que requiere por tanto muchas precauciones en su uso, razón por la cual pocas mujeres han decidido usarlo hasta ahora, y quizás reemplazarlo por chocolate.

En síntesis, no tome medicamentos al tun tun, y lea cuidadosamente el prospecto antes usarlos, informe a su médico si aparecen los efectos adversos mencionados, u otros, y del mismo modo lea las varias páginas en letra chica cuando se le pida autorización para probar un medicamento experimental en un familiar, antes de firmar.

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