Los ‘efectos colaterales’ de las grandes fusiones

Por Roberto Casado-expansion.com.- Una de las consecuencias habituales de las grandes fusiones es la venta de activos por parte de los grupos resultantes de estos procesos de integración, bien para alinear sus negocios, por exigencias de los reguladores de la competencia, o con el objetivo de reducir deuda.

Cerrado un 2015 que batió récords en el valor de las adquisiciones anunciadas en el mundo, los analistas están ya haciendo números sobre el reguero de operaciones colaterales que pueden producirse en los próximos meses.

AB InBev, incluso antes de finalizar la compra de SABMiller (la mayor fusión de la historia en el sector cervecero), está deshaciéndose de varias de las marcas que absorberá con la transacción.

Ya ha acordado la venta del 58% de SABMiller en la compañía estadounidense MillerCoors a Colson por 12.000 millones de dólares (11.000 millones de euros), y ahora busca comprador para las cervezas europeas Peroni y Grolsch.

El grupo japonés Asahi es uno de los favoritos para hacerse con estas marcas por unos 3.000 millones, aunque afronta la competencia de la cervecera catalana Damm y varias firmas de capital riesgo.

Medicinas

La adquisición de Allergan por Pfizer, otro de los grandes acuerdos de 2015, puede llevar a rebufo un movimiento significativo para el sector farmacéutico. Los analistas creen que la empresa británica Reckitt Benckiser estudiará hacerse con la actividad de medicamentos sin receta de Pfizer.

“Existen elevadas opciones de que Pfizer decida vender este negocio antes de 2018”, opina Graham Jones, analista de HSBC. En 2006, la farmacéutica estadounidense ya se deshizo de sus medicamentos sin receta, al venderlos a Johnson & Johnson (J&J), pero volvió al mercado al hacerse con Wyeth dos años después.

Tras la fusión con Allergan, el negocio de salud de consumo (que incluye analgésicos, vitanimas y jarabes contra el catarro, entre otros productos) sólo representará el 6% de las ventas de Pfizer.

En caso de que vuelva a poner en venta esa división; que incluye marcas como Centrum, Anadin y Robitussin; Reckitt Benckiser aparece como el gran favorito por su deseo de crecer en ese sector.

Este grupo, que es más conocido por sus marcas de productos del hogar como Woolite, Calgon y Harpic, lleva tiempo intentando hacerse un hueco en el área de salud. Tras invertir 7.600 millones de libras en adquisiciones en el sector durante la última década, ahora tiene la necesidad de responder a las operaciones realizadas en los últimos meses por Sanofi (compra de una filial de Boeringher), GSK (alianza con Novartis) y Bayer (adquisición de marcas de Merck). Reckitt ya pujó por la división de Merck, sin éxito.

“Desde 2013, los directivos de Reckitt han mostrado su deseo de crecer en el segmento de salud, donde el ritmo de consolidación se ha acelerado y existe una gran complementariedad entre su división de salud de consumo con la de Pfizer “, señala Celine Pannuti, de JPMorgan.

Rakesh Kapoor, consejero delegado de Reckitt Benckiser, admitió en diciembre que estaría interesado en comprar esa división de Pfizer en caso de que salga a la venta.

Los analistas creen que la empresa británica debería desembolsar unos 15.000 millones de dólares para ejecutar esa compra. La división de fármacos sin receta de Pfizer-Allergan factura anualmente más de 3.000 millones de dólares. Unidos a los 4.200 millones de dólares que ingresa Reckitt con productos como Nurofen y Strepsils, se crearía el líder del sector por delante de J&J, Bayer y Sanofi.

Turbulencias

Estas compraventas de activos pueden compensar el descenso de grandes fusiones en 2016 que pueden generar las fuertes turbulencias en los mercados, según los analistas.

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