España: La amarga realidad de la estevia

Hay quien le atribuye propiedades curativas, otros la consideran un aditivo más

La amarga realidad de la estevia
Estevia (Jordi Bagué – LV)
, Barcelona

La estevia es el ingrediente de moda. En opinión de Josep Miquel Mulet, profesor de Biotecnología de los Alimentos de la Universitat Politècnica de València y autor del libro Comer sin miedo , el fenómeno estevia es igual que el que se produjo con las de las bayas de goji hace unos años.

Un ingrediente al que algunos atribuyen propiedades terapéuticas para un buen puñado de enfermedades (la diabetes, entre ellas) y muy beneficioso para la hipertensión, la circulación, la inflamación de la próstata, la ansiedad, la caries, y antibacteriana (si se mastican sus hojas). Para otros, por el contrario, no es más que un edulcorante sin ninguna propiedad especial. El problema reside en que unos y otros hablan de cosas distintas. Los que la defienden lo hacen siempre que la estevia es un alimento y que lo que se consume son sus hojas, mientras que los que no ven en la estevia mayor encanto piensan en ella sólo como el edulcorante que se obtiene de sus hojas.

En la web de la asociación Dolça Revolució, impulsada por uno de los mayores defensores del consumo de hojas de estevia, Josep Pàmies, se puede encontrar un exhaustivo listado de sus efectos beneficiosos, así como bastantes testimonios, perfectamente identificados, de personas que dan fe de mejoras sustanciales en su salud o sus dolencias desde que toman hojas de estevia.

Pero hasta la fecha, la única forma legalmente permitida de comercializar y consumir estevia es como el aditivo de alta pureza (E-960) que se obtiene de sus hojas, y que se conoce como glucósidos de esteviol. Así que la estevia que encontramos en los lineales de los supermercados es un aditivo. Otro más. Además, su ingesta diaria admisible es, por ejemplo, diez veces menor que la del aspartamo, considerado tradicionalmente el chico malo entre los edulcorantes.

Puesto que es un producto procesado, la estevia no es un producto natural como a menudo se dice en su marketing, sino un producto de origen natural, que es muy distinto. Y si nos fijamos en la composición que se indica en los envases que dicen contener estevia, veremos que sólo contienen un 1% de glucósido de esteviol. Se vende mezclada con otros edulcorantes por razones comerciales y de sabor. La estevia es más cara y además tiene un sabor amargo, parecido al del regaliz, que no termina de convencer a los consumidores.

En España, comercializar las hojas (frescas o secas), que sí serían un producto natural, es ilegal, y la planta sólo se puede vender como planta ornamental, aunque también es cierto que hay quien las vende (hojas y plantas), incluso por internet, y que las autoridades miran para otro lado. Para los representantes de Dolça Revolució, que sólo se pueda consumir como edulcorante en forma de aditivo es la prueba de que tanto la EFSA como la FDA (autoridades europea y estadounidense de seguridad alimentarias) se han plegado a las presiones y a los intereses de la industria alimentaria y farmacéutica.

Por el contrario, según el profesor Mulet, las hojas no se pueden tomar porque se ha demostrado que contienen tres o cuatro compuestos que tienen actividad farmacológica que se han relacionado con problemas de infertilidad y de tensión arterial. Mientras que en Dolça Revolució dicen que el consumo de estevia “puede sustituir gran parte de la insulina que toma un diabético”, Mulet opina que decir esto o insinuar que puede curar la diabetes es una barbaridad que puede provocar que algunos diabéticos vean perjudicada su salud por sustituir la insulina por infusiones de estevia. Lo que sí admite Mulet es que es apta para el consumo de los diabéticos. Según Aitor Sánchez, dietista nutricionista y tecnólogo de los alimentos de la Universidad de Granada, hay estudios que demuestran que la estevia controla la respuesta de la glucemia y de la insulina en la sangre y al no ser un azúcar, se puede incluir en la dieta de los diabéticos. Pero afirmar esto es muy distinto de asegurar que tiene efectos terapéuticos en el tratamientos de la diabetes.

Tanto Mulet como Sánchez están de acuerdo en que el consumo de estevia en forma de edulcorante es completamente seguro, pero también en que no aporta nada distinto a cualquier otro edulcorante, y que su consumo habitual no tiene efectos beneficiosos concretos para la salud. Es más, Josep Miquel Mulet afirma que cuando se piden los estudios científicos que avalan sus supuestas cualidades beneficiosas o bien no existen o bien están hechos con muestras poblacionales tan pequeñas que sus resultados no se pueden considerar concluyentes.

En opinión de Aitor Sánchez, el éxito de la estevia y en general de todos los productos etiquetados como naturales –muchas veces, sin ningún sentido, dice Sánchez– se debe a la disociación instalada en la sociedad entre los alimentos naturales y los alimentos ultraprocesados. Es lo que Sánchez llama quimiofobia. “La ciencia tiende a dar respuestas complejas, cosa que crea incertidumbres entre determinadas personas que hace que acepten con más facilidad ideas pseudocientíficas y se vuelvan quimiofóbicas”, explica.

Sánchez cree que en general no hay que abusar de los edulcorantes y que hay que tener cuidado con los productos que nos venden como light o azucarados con edulcorantes, pues por regla general la gente que consume estos productos termina por consumir más calorías de las que debería. Además –según Sánchez– estudios recientes han vinculado a edulcorantes con problemas de caries.

Origen: La amarga realidad de la estevia

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