Chile: Especialistas cuestionan la eficacia de la vacuna contra el virus del Papiloma

Mirada Profesional.-SANTIAGO DE CHILE: Científicos de diversos países expresaron sus dudas en relación a la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano Gardasil, del Laboratorio Merck. Se preguntan si la información disponible sobre esta droga es lo suficientemente completa como para convertirla en una política pública obligatoria.

El CIPER (Centro de investigación periodística de Chile) publicó un informe en el que pone en tela de juicio la obligatoriedad de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) en Chile, dado a las dudas existentes sobre su eficacia y la cantidad de dinero invertida.

La publicación reseña que desde su incorporación al calendario de vacunación, sucedida el año pasado, se invirtieron más de 3 mil millones de dolares. La vacuna en cuestión es Gardasil, perteneciente al laboratorio Merck Sharp & Dohme.

Sin embargo, la polémica principal viene de los sectores científicos quienes dudan de su real efectividad y su duración, además de cuestionar los posibles efectos adversos que genera.

La vacuna en cuestión fue sacada de circulación en 2013 en Japón luego de que cientos de niñas acudieran a los centros de salud por posibles efectos adversos. También en Dinamarca la vacuna generó conflictos cuando se supo que poco más de mil niñas -del medio millón que fueron vacunadas- presentaron posibles efectos adversos severos.

Si bien los casos no han afectado a un gran numero de personas en proporción, lo que preocupa a los especialistas es la gravedad de los posibles efectos: anafilaxis, convulsiones, taquicardia; o el síndrome de Guillain-Barré.

Para Juan Pablo Morales, director ejecutivo de la ONG Políticas Farmacéuticas, esta vacuna genera más dudas que certezas: “La pregunta es por qué ante la controversia científica que existe al respecto, Cenabast compra en las cantidades que la adquirió y pone en ejecución un programa de vacunación tan agresivo como el que se ha hecho”.

En el mismo sentido se expresó el doctor Cristóbal Cuadrado, investigador de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile y miembro de la ONG Médicos Sin Marca: “Una cosa es garantizar el acceso y otra muy distinta es obligar a la población a que se vacune. Para implementar una vacuna como política pública necesitas un cierto nivel de evidencia, pero para poder hacerla obligatoria necesitas otro tipo de argumentos, más certezas, para que se justifique el intercambio de libertad individual por un bien común. Y eso, con esta vacuna, es un poco más dudoso.”

También la doctora Diane Harper -experta en VPH y su tratamiento e investigadora principal de los estudios de las vacunas Gardasil (Merck) y Cervarix (GlaxoSmithKline) para su aprobación por los entes reguladores internacionales- espresó sus dudas: “Hoy ni siquiera es seguro que la vacuna prevenga el cáncer, sino que más bien lo retarda. Pero en Chile, si se inocula la vacuna a niñas de 9 años, habrá 16 años entre la vacuna y el primer PAP, por lo que es posible que no tengan protección en ese tiempo, porque ninguna vacuna ha demostrado tener efectividad por ese plazo. ”

Gardasil fue aprobado por la FDA a través de una vía rápida llamada Fast Track Approval. Para poder participar en este proceso, la droga debe atacar una enfermedad grave y llenar un vacío en las necesidades médicas. Y para ser aprobado, el medicamento debe mostrar mayor efectividad que los tratamientos disponibles, evitar efectos adversos graves de otro tratamiento disponible y disminuir una toxicidad clínicamente significativa de otro tratamiento disponible, entre otros puntos.

Según un análisis publicado en la estadounidense Revista de Ley, Medicina y Ética por los doctores Lucija Tomljenovic y Christopher Shaw (2012), de la Universidad de Columbia Británica, en Canadá, Gardasil no cumple con los criterios básicos para obtener este tipo de certificación rápida, porque no hay evidencia suficiente que sostenga la tesis de que sus resultados son superiores que los del examen de PAP. Incluso, advierten, el diseño de los ensayos clínicos existentes sobre su seguridad y eficacia es tan precario que podría estar reflejando el hecho de que “en las últimas dos décadas, la industria farmacéutica ha ganado un control sin precedentes sobre la evaluación de sus propios productos”.

Con información de CIPER Chile.

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