Ivermectina: un medicamento de Nobel, pero poco accesible

Jose Muñoz (ISGLOBAL)

El japonés Satoshi Omura ha ganado el premio Nobel de Fisiología y Medicina gracias al descubrimiento de la ivermectina hace más de 30 años. Conocida sobre todo por su extraordinario espectro de acción contra nematodos —diversas especies de gusanos que causan una importante proporción de las enfermedades olvidadas más frecuentes del planeta—, la ivermectina es utilizada en el tratamiento de millones de personas en riesgo de presentar enfermedades devastadoras, como la oncocercosis o la filariasis linfática, y tiene un importante rol en el control de las helmintiasis intestinales. Debido a su seguridad y amplio espectro, se trata de un medicamento catalogado de esencial por la Organización Mundial de la Salud y una de esas herramientas consideradas una bala mágica en salud global. Sus propiedades contra varias enfermedades de la pobreza la hacen candidata a convertirse en uno de los próximos descubrimientos en salud global por su potencial para la mejora de la calidad de vida y la disminución de la mortalidad global en países de renta baja.

Sin embargo —y aquí es donde vienen los peros—, las balas mágicas no son nada sin pistolas mágicas. Y hoy en día la ivermectina, por desgracia, no es accesible para todas las personas que lo necesitan. Desde los años ochenta, la ivermectina está disponible para el tratamiento de la oncocercosis y la filariasis linfática en áreas endémicas a través de donaciones de la industria farmacéutica Merck, pero no está comercializada o es muy cara en la mayoría de países para el tratamiento de las otras enfermedades parasitarias. De manera particular, no se encuentra disponible para tratar la estrongiloidiasis humana, a pesar de ser el tratamiento considerado de primera opción y también el más eficaz contra esta enfermedad parasitaria que afecta a decenas de millones de personas en el mundo y que resulta especialmente peligrosa en personas que tienen una inmunidad comprometida.

Uno de los motivos principales de la falta de acceso a esa bala mágica es que las enfermedades que combate son aquellas llamadas enfermedades olvidadas. Se caracterizan por afectar a millones de personas con bajos recursos en países tropicales o subtropicales, a pesar de lo cual la inversión en investigación y desarrollo es mínima. En general, no representan un atractivo para la industria farmacéutica debido a su escaso mercado económico. En el caso de la ivermectina, ese hecho ha causado que existan pocas opciones de acceso a ella fuera de las donaciones restringidas a ciertos países y a ciertas enfermedades, y que sea poco asequible por su precio, teniendo en cuenta que la población que la necesita suele vivir con menos de dos dólares diarios.

La ivermectina ofrece enormes posibilidades aún por descubrir en salud pública, en especial a través del control y la eliminación de varias enfermedades infecciosas olvidadas y de su potencial rol en el control de la malaria, ya que tiene la capacidad de matar a mosquitos que ingieren sangre de personas que han recibido el medicamento. Son necesarias iniciativas de gran calibre en investigación que faciliten el uso de nuevas formulaciones de ivermectina, y aporten datos de eficacia y de seguridad. Sin embargo, generar políticas de acceso a este medicamento esencial y precios adecuados a la población que sufre de las principales enfermedades olvidadas es el primer paso para mejorar la vida de millones de personas, en especial las de los niños en edad escolar. Sólo así tendrá pleno sentido el descubrimiento del profesor Omura.

La comunidad global debe actuar para asegurar que los medicamentos esenciales son asequibles, accesibles y se encuentran disponibles para todas aquellas personas que lo necesiten, independientemente de la indicación y del lugar en el que hayan nacido. En este sentido, hoy se presenta en Madrid la campaña No es Sano, que pretende contribuir a generar un sistema de investigación médica eficiente, sostenible y que garantice el derecho universal a la salud y el acceso a los medicamentos que la población necesita.

El doctor Jose Muñoz es especialista en Medicina Tropical en el Hospital Clínic de Barcelona e investigador en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

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