España: LLega primera insulina biosimilar

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Kit de inicio de la insulina glargina Alianza Boehringer Ingelheim y Lilly en Diabetes (Abasaglar).

LAURA TARDÓN/Madrid

A partir de hoy, en España, los pacientes con diabetes tienen una nueva opción terapéutica: la insulina Abasaglar, la primera biosimilar de la historia. Por su parte, hace apenas siete meses que la Agencia Americana del Medicamento (FDA, por sus siglas en inglés) daba por primera vez en EEUU luz verde a un medicamento biosimilar: Zarxio (de Sandoz, basado en el biológico filgrastim). Según los expertos, esta nueva generación de terapias, las biosimilares, supondrán un notable giro en el mercado farmacéutico y médico.

¿Qué son los biosimilares?
Son medicamentos producidos basándose en fármacos biológicos cuyas patentes han expirado, con el objetivo de reducir los costes. Se desarrollan con la finalidad de que sean altamente similares al producto de referencia en cuanto a calidad, seguridad y eficacia, pero nunca iguales. Una copia exacta es imposible, de ahí que el término normativo utilizado en la Unión Europea para definir esta opción sea medicamentos biosimilares.

¿En qué consiste un fármaco biológico?
Este tipo de medicamentos se obtienen de organismos vivos, entre los que pueden estar los seres humanos y los animales, y microorganismos como los hongos y las bacterias. Se componen de proteínas tales como hormonas, enzimas producidas naturalmente por el cuerpo humano o anticuerpos monoclonales, pero también de productos sanguíneos, medicamentos inmunológicos, alérgenos y productos tecnológicos avanzados (como productos de terapia génica y celular).

¿Qué diferencia uno biológico de uno clásico?
Los fármacos convencionales, sin embargo, se fabrican a través de síntesis química. En consecuencia, los biofármacos tienen un peso molecular mayor, son mucho más complejos y heterogéneos. Es decir, su producción y manipulación resulta más difícil y delicada. En comparación con los tratamientos clásicos, han demostrado alta eficacia en el abordaje de enfermedades graves y crónicas. En contra, tienen un alto coste. Cabe señalar que los biológicos no son efectivos en todos los casos. Depende de las características propias del individuo tratado. Otro de los problemas que puede ocurrir es la inmunogenicidad, es decir que el cuerpo reconozca al producto biológico como un agente extraño y genere anticuerpos que neutralicen la actividad de fármaco. Dada la complejidad de estos medicamentos, mientras que los convencionales pasan por unas 40 ó 50 pruebas durante su producción, los de tipo biológico originales son testados unas 250 veces o más.

¿Qué biológicos existen?
Los primeros biofármacos de la historia fueron las vacunas. Después se desarrollaron otros productos como la heparina de cerdo (anticoagulante para el tratamiento de la trombosis). En general, existen opciones biológicas para tratar distintos tipos de enfermedades como la diabetes, la psoriasis, la fibrosis pulmonar, artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico, varios tipos de cáncer (mama, leucemia…), etc.

¿Por qué es imposible una copia exacta de los biológicos?
La producción de medicamentos biológicos utiliza procesos como la fermentación y la purificación y materiales como el cultivo de células, además de numerosos pasos de producción. Es un sistema extremadamente complejo que requiere un alto nivel de especialización. Precisamente por la complejidad de los biológicos a los que imitan los biosimilares, nunca pueden ser igual, “sino altamente similares al producto de referencia, en cuanto a calidad, seguridad y eficacia”, subraya Juan Pedro López Siguero, endocrinólogo pediátrico del Hospital materno-infantil de Málaga. Al contrario, producir genéricos de los medicamentos convencionales es más sencillo. A través de técnicas químicas se logran copias reales de los fármacos de marca.

¿Podría ser peligroso que el biosimilar no sea una copia exacta de su referente biológico?
Como señala la FDA en un comunicado, “el producto biosimilar debe demostrar que no posee diferencias clínicas significativas con el producto de referencia en lo que respecta a la seguridad y la eficacia. Sólo se permiten pequeñas diferencias en ingredientes clínicamente inactivas en los productos biosimilares”.

¿Qué relevancia tiene la aparición de los biosimilares?
Tal y como destacan los expertos, al abaratarse los costes respecto a los biológicos, los productos biosimilares permitirán que más pacientes puedan beneficiarse de la terapia biológica. Álvaro Hidalgo, doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Castilla-La Mancha, señala que, en un contexto de crisis económica como el actual (con contención de gastos), los biosimilares, tanto en Europa como en EEUU, tienen el objetivo de “incrementar la competencia, reducir el coste de las terapias biológicas e incrementar el acceso de las mismas a los pacientes”. Se estima que la generalización del uso de biosimilares consiga en ocho países diferentes (entre ellos, España), un ahorro entre 11,8 y 33,4 miles de millones de euros en el intervalo de 20017 y 2020. En EEUU se calcula que el ahorro sería de 25 mil millones de dólares entre 2009 y 2018.

En la actualidad, ¿cuántos biosimilares hay aprobados?
Así como en EEUU no ha sido hasta 2015 cuando se ha dado luz verde al primer fármaco biosimilar, en Europa ya se han aprobado medicamentos de este tipo desde 2006. Concretamente, 19. Entre estos: hormona de crecimiento (principio activo: somatropina), eritropoyetina (principio activo: epoetina alta, epoetina zeta) y factor estimulante de colonias de granulocitos (G-CSF) (principio activo: filgrastim).

¿En qué especialidades actúan los fármacos aprobados?
En cáncer, artritis reumatoide, enfermedades autoinmunes, digestivas… Todos los usos de los fármacos biosimilares existentes se realizan a nivel hospitalario. Por eso, la insulina biosimilar que se acaba lanzar al mercado español supone un gran paso, porque es el primero de los productos biosimilares dirigidos a un grupo amplio de pacientes.

¿Cómo se evalúan los medicamentos biosimilares en la Unión Europea?
Según señala un documento de la Agencia Europea del Medicamento (EMA), dado que el medicamento de referencia (el biológico) ha estado autorizado en la UE durante varios años y se han comprobado sus efectos beneficiosos, puede que no sea necesario reproducir algunos estudios realizados con el medicamento de referencia. Desde 2003, “la parte principal de la evaluación es una comparación del medicamento biosimilar con su medicamento de referencia para demostrar que no existen diferencias entre ellos”. La autoridad reguladora competente, reza la EMA, “aplica unos criterios en la evaluación de los estudios que comparan la calidad, la seguridad y la eficacia de los dos medicamentos. Los estudios sobre calidad incluyen extensas comparaciones de la estructura y la actividad biológica de sus principios activos, mientras que los estudios sobre seguridad y eficacia deben demostrar que no existen diferencias importantes entre sus beneficios y sus riesgos, como el riesgo de reacciones inmunitarias”. Los medicamentos biosimilares se fabrican siguiendo las mismas normas que otros medicamentos, y las autoridades reguladoras realizan inspecciones periódicas de las plantas de fabricación.

¿Cómo se controla la seguridad de los medicamentos biosimilares?
Los expertos recuerdan que, como en todos los medicamentos, la seguridad de los biosimilares se controla de forma continuada tras su autorización. Cada empresa debe implantar un sistema para controlar los efectos secundarios notificados con sus medicamentos. Las autoridades reguladores evalúan los daños y cuando existen indicios de un problema de seguridad, lo investigan y actúan en consecuencia. “Un medicamento biosimilar, como cualquier biológico, queda sometido a especial vigilancia durante cinco años, periodo en el que deberá completar la caracterización de su seguridad e inmunidad mediante un programa propio de fármacovigilancia”, explica Arantxa Sancho, miembro del comité de Medicamentos de Uso Humano de la Agencia Europea del Medicamento (EMA).

¿Cómo se irán introduciendo los medicamentos biosimilares en el mercado?
Las normas europeas y españolas establecen que estos fármacos deben prescribirse por marca comercial y no por principio activo, con el objetivo de garantizar una correcta farmacovigilancia (de posibles efectos adversos). Según la AEMPS, los biológicos ni los biosimilares deben ser objeto de sustitución. En consonancia, la SEFC defiende que “no puede existir sustitución del medicamento prescrito ni por el farmacéutico, ni por comisiones de farmacia, ni por otras instancias similares, en ningún ámbito asistencial y sin permiso expreso del prescriptor”, apunta Cristina Avendaño Solá, presidenta de la SEFC. Esto se justifica por varias razones: la ausencia de demostración de intercambiabilidad, la necesidad de atribuir posibles efectos adversos a cada marca concreta o la repercusión que dicho cambio pudiera tener en la adherencia al tratamiento. La experta insiste en que “conviene ir introduciendo los biosimilares con sentido común y respetando la decisión del médico especialista”.

La primera insulina biosimilar de la historia llega a España
Kit de inicio de la insulina glargina Alianza Boehringer Ingelheim y…
Kit de inicio de la insulina glargina Alianza Boehringer Ingelheim y Lilly en Diabetes (Abasaglar).

Abasaglar es el nombre comercial de la nueva opción de tratamiento que tienen a partir de hoy los pacientes con diabetes tipo 1 y 2. Los laboratorios Lilly y Boehringer Ingelheim lanzan al mercado español la primera insulina biosimilar del continente europeo, basada en Lantus (insulina garglina), de Sanofi. Está indicada en adultos, adolescentes y niños a partir de dos años.

El medicamento original (Lantus) es una insulina basal (inyectada), que se administra una vez al día y va actuando de forma lenta, manteniendo su efecto durante unas 20 horas. Como explican los expertos, ayuda a controlar la glucemia entre las comidas y por la noche. Las personas con diabetes 1 la utilizan junto con la insulina de acción rápida (la que se inyecta entre 15 y 20 minutos antes de las comidas) y quienes tienen diabetes de tipo 2 y se ponen insulina (no todos lo necesitan), pueden o no requerir otro tipo de tratamiento añadido, como el oral o el inyectado previamente a las comidas.

La insulina glargina es un medicamento biológico. Este tipo de fármacos están compuestos de organismos vivos o extractos de éstos, como proteínas, bacterias, hongos… Por el contrario, los fármacos convencionales se fabrican a través de síntesis química. En consecuencia, los biofármacos tienen un peso molecular mayor, son mucho más complejos y heterogéneos. Es decir, su producción y manipulación resulta más difícil y delicada. En comparación con los tratamiento clásicos, han demostrado alta eficacia en el abordaje de enfermedades graves y crónicas y provocan menor daños en las células sanas y otros órganos sanos. En contra, tienen un alto coste.

Abasaglar viene a ser una ‘copia’ de la insulina biológica. ‘Copia’ entre comillas precisamente porque por la complejidad de los biológicos a los que imita, “nunca puede ser igual, sino altamente similar al producto de referencia en cuanto a calidad, seguridad y eficacia”, subraya Juan Pedro López Siguero, endocrinólogo pediátrico del Hospital materno-infantil de Málaga. De ahí que este tipo de medicamentos se denominen biosimilares.

Hasta la fecha, los biosimilares aprobados en Europa son de administración hospitalaria (en especialidades como reumatología y oncología), pero en el caso de la insulina biosimilar, es el primero de estos medicamentos dirigidos a un gran número de pacientes. De hecho, el medicamento original (Lantus) es hasta la fecha la insulina más vendida en el mundo. Factura unos 6.000 millones de euros al año. Como expone López Siguero, de las insulinas basales que se ponen, Lantus representa el 90%.

¿Qué ventajas supone la introducción al mercado de Abasaglar, la ‘copia’ de Lantus? En palabras del endocrinólogo, para empezar, “ganamos una alternativa terapéutica y se gana también en el precio, que se reduce en un 25% respecto a la insulina biológica”. Por lo tanto, “mejoran las arcas públicas y hay más recursos para otro tipo de fármacos”.

Cabe señalar que el uso de la insulina biosimilar, por normativa europea y también de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, “sólo está indicada en los pacientes nuevos que nunca se han puesto insulina”, recalca el experto. Por dos razones: para evitar el rechazo de los pacientes (acostumbrados a su medicamento de siempre) y para garantizar la trazabilidad. “Es fundamental tener un registro exhaustivo de posibles efectos adversos. Cambiar a los pacientes de insulina complica un poco el seguimiento”. No se esperan efectos secundarios, agrega López Siguero, “pero es necesario tener un seguimiento claro y exhaustivo de los nuevos medicamentos que entran al mercado”.

Dada la novedad de este tipo de tratamientos (los biosimilares en general), apunta el endocrinólogo, “los médicos muestran cierta reticencia, por desconocimiento y porque se suele pensar que no tienen los mismos efectos que los medicamentos originales (los de referencia, los biológicos). Existe cierta confusión y creencia de que no va a ser igual”.

En este sentido, en un comunicado de Lilly y Boehringer Ingelheim explica que fue en septiembre de 2014 cuando la Comisión Europea concedió la licencia de comercialización para la insulina glargina Abasaglar, “fundamentada en un programa de desarrollo clínico que demostró su perfil de eficacia y seguridad en personas con diabetes tipo 1 y 2. La solicitud incluyó resultados de estudios farmacocinéticos y farmacodinámicos, así como estudios de fase III en pacientes con diabetes”.

 

Origen: ELMUNDO

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