Colombia: Invima, la puerta que todos quieren controlar

La batalla de los medicamentos

Con una nómina que supera los 1.500 empleados, el instituto que regula los fármacos y alimentos es un apetitoso botín político, pero también es una entidad que despierta los más bajos instintos de la industria farmacéutica.

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Blanca Elvira Cajigas de Acosta, exdirectora nacional del Invima
Por: Pablo Correa @pcorrea78

Con la renuncia de Blanca Elvira Cajigas a la dirección del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), que más bien fue una invitación a abandonar el cargo, ha quedado libre una silla en la burocracia colombiana que muchos miran con oscuros deseos.

Para los políticos, se trata de una nómina de 1.500 empleados y más de $150.000 millones que permiten maniobrar a la hora del póquer electoral. Para la industria farmacéutica, lograr que se posesione alguien afín a sus intereses es la oportunidad de tener la llave que abra y cierre la entrada de medicamentos al mercado colombiano.

Cajigas era una de las últimas fichas uribistas en el actual gobierno. Aunque fue nombrada hace cuatro años por el presidente Santos, había sido viceministra de Salud de Diego Palacio. Tan cercana era su relación que se vio salpicada en el escándalo de la yidispolítica.

Aunque bendecida por Santos, en realidad fue cuestión de unas pocas semanas y meses para que la funcionaria dejara en claro que su agenda política al frente de la institución no necesariamente coincidiría con la del Gobierno.

La gota que colmó la paciencia del ministro de Salud, Alejandro Gaviria, el presidente y otros funcionarios del Gobierno, según le contó una fuente a El Espectador, fue su renuencia a respaldar la flexibilización de requisitos para los vendedores de perfumes en los sanandresitos y otros detalles de la Ley Anticontrabando.

En reuniones con la ministra de Comercio, Cecilia Álvarez Correa, en las que el volumen de la voz comenzó a elevarse, Cajigas se opuso a que se eliminara el requisito de contar con la autorización del fabricante. ¿Le darían los ejecutivos de Carolina Herrera o Hugo Boss su respaldo a un comerciante de sanandresito? Para los comerciantes, esa es una simple barrera que favorece a los grandes almacenes y distribuidores.

Pero quizás esa sea la menos cuestionable de sus actuaciones. Una de las primeras decisiones que tomó al ser designada directora de la entidad fue el nombramiento de Inés Elvira Ordóñez como asesora y su mano derecha. En el sector salud esta fue una clara señal de su cercanía con la industria farmacéutica. Ordóñez se había desempeñado como directora médica de Afidro, gremio de las farmacéuticas multinacionales. Era, en otras palabras, como poner al lobo a cuidar las ovejas.

Durante las discusiones en torno al decreto para regular los medicamentos biotecnológicos, un negocio que mueve más de US $1.000 millones al año en el país, la delegada siempre fue Ordóñez. Mientras el Gobierno intentaba girar la llave de la puerta para dejar pasar los biosimilares (copias de los medicamentos originales), las multinacionales y el propio Invima hacían lo posible por girar la llave en sentido contrario.

En esa misma batalla por controlar los precios de los medicamentos, Cajigas siempre estuvo en la orilla contraria al Gobierno. Mientras Gaviria intentaba que los precios se controlaran desde que llegan al mercado y no cuando figuran en la lista de los más costosos, Cajigas se encargó de enredar el asunto.

Otro de los episodios que enfrentaron a Cajigas y el ministro Gaviria fue la exigencia de fórmula médica para 59 productos naturales. La iniciativa, que fue impulsada por una sala especializada del Invima y respaldada por la directora, se estrelló con un rechazo popular y también del Gobierno.

“Ella siempre estuvo trabajando en favor de los intereses de las multinacionales. Su procedencia es de allá. Lo que entendemos que quiere hacer el Gobierno es poner al frente a personas con mucha experiencia técnica”, comenta Germán Holguín Zamorano, director de la Fundación Salud.

¿Y ahora quién?

“Antes del año 2000 no había tanto deseo por ser director del Invima”, recuerda un veterano funcionario de la institución que pidió que omitiéramos su nombre. “Ahora es una cosa dura porque la industria farmacéutica es una de las más poderosas del mundo. La regulación se hace a través del Invima. Es el organismo que decide si un medicamento entra o no entra”.

De acuerdo a un artículo publicado por el portal La Silla Vacía, el representante a la Cámara por Boyacá Rafael Romero, quien fue director del Instituto Nacional de Salud entre 2004 y 2006 y es cercano a la saliente directora, es uno de los que más han maniobrado para influir en la nueva vacante.

Romero estaría apoyando al secretario general del instituto, “el vallenato Jesús Alberto Namen, para que mantenga al instituto en la línea de Cajigas. Y, aparentemente, para ello tiene el apoyo de Afidro y Asinfar, los dos gremios de productores de medicamentos”.

Al parecer el ministro Gaviria quiere que el Invima recupere su vocación de instituto técnico. Uno de los nombres que siempre están sobre la mesa es el de Claudia Vaca, una farmacóloga, profesora de la Universidad Nacional, y quien lo ha acompañado desde el Ministerio de Salud en la formulación de una nueva política de medicamentos. Vaca fue nombrada hace cuatro años como directora del Invima, pero las presiones políticas desde la industria farmacéutica impidieron que llegara a posesionarse.

El Espectador intentó hablar sobre estos cuestionamientos con la saliente directora del Invima, Blanca Elvira Cajigas, pero todo lo que dijo es que no entendía por qué tanto revuelo con su salida si era algo que estaba acordado y previsto desde enero de este año.

Origen: Invima, la puerta que todos quieren controlar | ELESPECTADOR.COM

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