Especulación farmacéutica en el combate contra la hepatitis C

 

Bernard Borel, presidente de Médicos del Mundo Suiza, asegura que “los gobiernos europeos podrían autorizar la producción de una copia de Sovaldi, es decir un genérico,  sin pedir la autorización de la trasnacional que detiene la patente”..-

En poco tiempo, Sovaldi,  ‘el’ medicamento contra la Hepatitis C, se ha convertido en uno de los fármacos más caros de la historia. Distribuido por la multinacional estadounidense Gilead, alcanza precios prohibitivos, lo que motiva una prescripción selectiva. En 2011, Gilead Sciences compró la empresa Pharmasset por 11.000 millones de dólares y se hizo con la patente del Sofosbuvir (el principio activo del Sovaldi). Según diversas fuentes, su precio multiplica por 100 el costo real, es decir, la llamada ‘pastilla de los mil dólares’ no cuesta ni 10 dólares fabricarla. Con la ganancias de la venta del medicamento la Gilead recuperó íntegramente en apenas un año, en  el 2014, la inversión, asegura en esta entrevista exclusiva el doctor Bernard Borel. Pediatra suizo, ex – diputado en el parlamento del Cantón de Vaud. Bernard Borel es presidente de Médicos del Mundo /Suiza, miembro del comité de la  ONG E-CHANGER de cooperación solidaria,  y activo militante asociativo. Detrás del Sovaldi se destapa la tensión abierta entre la salud pública y la rentabilidad empresarial, según la reflexión del profesional helvético. En países como España se han conformado comités de afectados y víctimas de la hepatitis C que han promovido movilizaciones de protesta en calles (y cárceles) de diferentes ciudades.

Pregunta: ¿En qué consiste exactamente la hepatitis C, que tiene hoy un gran impacto en la salud mundial?

Bernard Borel : La hepatitis C es una enfermedad del hígado debida a un virus, conocido desde los años 80 y que afecta al menos a 150 millones de personas en el mundo entero, de los cuales ocho millones en Europa. En el 80 % de los casos evoluciona hacia una cirrosis hepática o un cáncer de hígado. Esta enfermedad, sin un despistaje sistemático, puede pasar desapercibida durante muchos años y como es contagiosa, esencialmente por vía sanguínea, tiene consecuencias muy graves en el sistema de salud pública.

P: ¿Qué incidencia tiene en concreto en un país como Suiza?

BB: 33.000 personas son reconocidas como portadoras de la hepatitis C, pero la Oficina Federal de Salud Pública -es decir el Ministerio de Salud helvético- estima que serían más de 83 mil las personas portadoras del virus. En relación con la población corresponde a la media de Europa occidental. Los casos son mucho más significativos en Europa del este.

P: ¿Con posibilidad de ser tratada ?

BB: Hasta muy recientemente no existían medicamentos eficaces para tratar a los pacientes. Incluso aunque desde los años 90 se ha ido progresando y se logró mejorar el pronóstico de cerca de la mitad de las personas afectadas. Pero pagando un alto precio debido a efectos secundarios muy pesados y a tratamientos muy largos en cuanto a duración.  Pero, insisto,  se han dado progresos significativos en los últimos años.

P: ¿En qué consisten?

BB: Hay que recordar que se hicieron numerosas investigaciones desde esa fecha para elaborar una vacuna, como ya existe contra la hepatitis A y B. La que permitiría prevenir la enfermedad y limitar el contagio. Lamentablemente, los investigadores encontraron significativas dificultades en torno a la hepatitis C -como también se da en  el caso del SIDA- dada la variabilidad genética del virus. Desde hace cuatro años surgen esperanzas renovadas de curar a los enfermos, ya que se descubrieron nuevos medicamentos. El Sofosbuvir, comercializado bajo el nombre de Sovaldi por la multinacional norteamericana Gilead, es hasta ahora el medicamento más esperanzador. Asociado a otras moléculas ya utilizadas permite una cura de  más del 90% con un tratamiento relativamente corto, a unos tres meses y con efectos secundarios menores. Sin duda significaría una mejora significativa para los enfermos y para los responsables médicos si este medicamento se pudiera ofrecer a todos los enfermos. Pero Gilead, que obtuvo la propiedad intelectual en Europa, vende su medicamento a un precio enorme. Entre 40.000 y 60.000 euros para un tratamiento trimestral.  Los servicios de salud europeos, y la Oficina de Salud Pública en Suiza, en particular, no lo financian bajo presión de los seguros médicos privados, con la excepción de pacientes que padecen ya de una enfermedad muy avanzada del hígado. Esta política representa un verdadero racionamiento de la atención médica, lo que es escandaloso en sí mismo y aún más en Europa. Es un contrasentido en términos de salud pública, ya que esta visión no minimiza más que marginalmente el riesgo de contagio y permite que la enfermedad se siga expandiendo.

P: Un precio del medicamento y una política irracionales…

BB: Lo irracional de todo esto es que los costos de producción del medicamento están, según las fuentes, en torno a los 1000 euros. Gilead justifica la diferencia de precios  -como siempre lo hacen las trasnacionales farmacéuticas- en los costos que significa la investigación y debido al precio de venta más barato en los países denominados del Sur. Sin embargo hay que saber que una buena parte de la investigación en torno a la hepatitis C fue financiada por fondos públicos. Dato adicional, Gilead, en efecto, ha comprado la ‘start up’ que ha desarrollado el Sofosbuvir por 11 billones de dólares. ¡Suma que recuperó integralmente en tanto ganancia en el año 2014 comercializando ese medicamento!

P: ¿Ante una situación semejante los gobiernos no pueden hacer nada?

BB: Los gobiernos europeos (incluyendo el suizo) podrían, en coherencia con una disposición legal del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Acuerdo sobre los ADPIC o TRIPS, en inglés) de la Organización Mundial del Comercio (OMC), autorizar  la producción de una copia del Sofosbuvir, es decir un genérico,  sin pedir la autorización de la trasnacional que detiene la patente. Podrían invocar un principio de salud pública, más allá de indemnizar a Gilead. Nadie lo ha hecho hasta ahora. Prefieren poner en peligro la salud de la gente -e imponer un racionamiento de la atención a los pacientes- antes que atacar en el marco de la ADPIC a Gilead.

Ante esa pasividad cómplice de los gobiernos europeos y los intereses ilimitados que tiene la Gilead en tanto que multinacional, ésta prefiere seguir dando provechosos dividendos a sus accionistas antes que beneficiar con su medicamento a los enfermos que padecen la hepatitis C. La indignación es enorme. Y ha llevado, por ejemplo,  a la ONG Médicos del Mundo Europa a interponer un recurso de oposición a la patente del Sofosbuvir ante la Oficina Europea de Brevets (OEB) en el primer semestre del año en curso. Con esta acción esa organización espera obligar a los gobiernos a actuar y obtener una reducción drástica del precio del medicamento de manera a que sea más accesible a todos los que sufren esta terrible enfermedad.

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