El negocio detrás de la Hepatitis C

Alejandra Soifer – @soifereta

En el marco del Día Internacional de la Hepatitis, el último martes varios medios nacionales sacaron a relucir datos estadísticos vinculados al creciente número de pacientes afectados por esta enfermedad, tanto en nuestro país como en el mundo.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) 500 mil personas se encuentran infectadas con Hepatitis del tipo C en la Argentina, pero solo 20 mil lo saben y solo cinco mil están bajo tratamiento. El tratamiento mediante pastillas tiene un costo enorme, que no solo repercute en el bolsillo de los pacientes sino en el sistema de salud en general, del que saca provecho el sector privado.

El día mundial de la Hepatitis se celebra en honor al nacimiento del creador de la vacuna de Hepatitis B. En los medios nacionales hubo un fuerte eco de esta temática, aportando datos sobre cantidad de infectados en nuestro país y los posibles tratamientos y formas de detectarlo tempranamente. Lo sorprendente es que brilló por su ausencia uno de los debates más importantes que tiene que ver con garantizar la salud colectiva y es la imposibilidad, por el alto costo, de tratar a todos los enfermos que anuncia la OMS. Esto implica enormes problemas para el sistema público y el sistema solidario de salud (obras sociales), y un notable crecimiento del sector privado.

Según datos estadísticos, en el mundo hay entre 130 y 150 millones de infectados con hepatitis C. Hay varios tratamientos con pastillas aprobados alrededor del globo y el que ha probado mayor efectividad es el Sovaldi. Con los actuales precios de la droga Sovaldi -patentada con exclusividad por el Laboratorio Gilead Sciences- tratar a todos los pacientes enfermos costaría igual que el Producto Bruto Interno de Alemania, Francia, España, Reino Unido e Italia (unos nueve mil billones de euros).

Es que cada pastilla del tratamiento sale mil dólares, aunque el costo de producción de cada unidad de Sofosbuvir (nombre genérico del compuesto Sovaldi) no supera los 150 dólares.

Gilead Sciences surgió en los años 90, colaborando en la investigación con otros laboratorios. Su primer “éxito de venta masiva” fue el conocido TAMIFLÚ, contra la gripe aviar en 2005, comercializado por Roche y del que Gilead recibía un porcentaje de ventas. Varios países del mundo promovieron compras masivas de este medicamento para el tratamiento de lo que se temió que sería una pandemia.

Cabe remarcar que en 2005 la administración estadounidense a cargo de George W. Bush tenía como secretario de Defensa a Donald Rumsfeld, CEO del Laboratorio Gilead Sciences en los años 90 según anuncia la página de la propia empresa.

Hoy por hoy, el 85% de los activos de la compañía pertenecen a fondos trasnacionales como Black Rock, el fondo buitre denunciado por Donelley; y otros agentes de la banca internacional como JP Morgan Chase, Bank of New York, Capital Research Global Investors, entre otros.

En el mundo

En varios países del mundo se ha presentado batalla a estos altos costos del Sofosbuvir. India inició un juicio internacional para desconocer la patente de Sovaldi, ya que demostraron que el medicamento se producía con anterioridad para el tratamiento del cáncer y que la modificación en esa molécula no ameritaba una nueva patente. Ante esto, Gilead negoció que se realizaran genéricos de su patente en dicho país a un precio menor (300 dólares) en relación a lo que se paga en EEUU (84 mil dólares) y en Europa (más de 40 mil euros).

Hace unos meses estalló una crisis en Europa por el alto costo del medicamento. Pacientes curados por Sovaldi y organizados en ONGs (con el auspicio de prepagas reconocidas mundialmente) se manifestaron tomando hospitales y marchando frente al ministerio de sanidad de España, ya que el gobierno de Mariano Rajoy decidió priorizar los casos de mayor gravedad para otorgar el tratamiento (en 2014 se trató a 500 personas, en 2015 se prevé que se traten cinco mil, aunque hay medio millón de pacientes que la padecen). El gobierno fue demandado por estas ONGs por la muerte de cuatro mil afectados durante el 2014.

Pablo Iglesias de Podemos participó de estas movilizaciones y sostuvo que hay expropiar la patente de Sovaldi :“Hay que decirle a la multinacional, necesito tratar a 30 mil, o pone usted un precio que podamos pagar o si no, lo siento mucho, en la legalidad internacional y europea, hay mecanismos que permiten a un gobierno que por delante del interés [de una empresa], está la obligación de proteger a los ciudadanos de mi país para que no se mueran”.

El mecanismo al que refiere Iglesias es la Declaración de Doha relativa a los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio y la Salud Pública, que establece que un país tiene mecanismos para intervenir en el pago de las patentes en caso de que peligre la salud colectiva.

¿Y en Argentina qué pasa?

En Argentina, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) está tratando la aprobación del tratamiento con Sofosbuvir. Actualmente los tratamientos que se utilizan con otros compuestos duran un año y tienen una efectividad del 50%.

Para nuestro país existen dos posibilidades: una opción es seguir los pasos de India e iniciar la producción de un genérico (que abre todo un debate acerca de cómo garantizar que dicha producción tenga los mismos resultados). La otra, que es la opción que encararon varios países en Europa, es negociar regionalmente un precio de la patente de Sovaldi. Fuentes periodísticas indican que para Sudamérica el costo podría rondar entre siete mil y 15 mil dólares.

Si el tratamiento costara siete mil dólares, en Argentina serían necesarios más de cinco mil millones de dólares para tratar a todos los infectados. El presupuesto del Programa Nacional de control de Hepatitis Virales debería ser aumentado al menos en un 115.000%.

El costo no sólo resulta inaccesible para los pacientes, sino que pone en serio riesgo las finanzas públicas en pos del enriquecimiento de fondos de inversión que no dejan de privilegiar el lucro propio por sobre el derecho a la vida.

Alejandra Soifer – @soifereta

Por Alejandra Soifer.-

En el marco del Día Internacional de la Hepatitis, el último martes varios medios nacionales sacaron a relucir datos estadísticos vinculados al creciente número de pacientes afectados por esta enfermedad, tanto en nuestro país como en el mundo.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) 500 mil personas se encuentran infectadas con Hepatitis del tipo C en la Argentina, pero solo 20 mil lo saben y solo cinco mil están bajo tratamiento. El tratamiento mediante pastillas tiene un costo enorme, que no solo repercute en el bolsillo de los pacientes sino en el sistema de salud en general, del que saca provecho el sector privado.

El día mundial de la Hepatitis se celebra en honor al nacimiento del creador de la vacuna de Hepatitis B. En los medios nacionales hubo un fuerte eco de esta temática, aportando datos sobre cantidad de infectados en nuestro país y los posibles tratamientos y formas de detectarlo tempranamente. Lo sorprendente es que brilló por su ausencia uno de los debates más importantes que tiene que ver con garantizar la salud colectiva y es la imposibilidad, por el alto costo, de tratar a todos los enfermos que anuncia la OMS. Esto implica enormes problemas para el sistema público y el sistema solidario de salud (obras sociales), y un notable crecimiento del sector privado.

Según datos estadísticos, en el mundo hay entre 130 y 150 millones de infectados con hepatitis C. Hay varios tratamientos con pastillas aprobados alrededor del globo y el que ha probado mayor efectividad es el Sovaldi. Con los actuales precios de la droga Sovaldi -patentada con exclusividad por el Laboratorio Gilead Sciences- tratar a todos los pacientes enfermos costaría igual que el Producto Bruto Interno de Alemania, Francia, España, Reino Unido e Italia (unos nueve mil billones de euros).

Es que cada pastilla del tratamiento sale mil dólares, aunque el costo de producción de cada unidad de Sofosbuvir (nombre genérico del compuesto Sovaldi) no supera los 150 dólares.

Gilead Sciences surgió en los años 90, colaborando en la investigación con otros laboratorios. Su primer “éxito de venta masiva” fue el conocido TAMIFLÚ, contra la gripe aviar en 2005, comercializado por Roche y del que Gilead recibía un porcentaje de ventas. Varios países del mundo promovieron compras masivas de este medicamento para el tratamiento de lo que se temió que sería una pandemia.

Cabe remarcar que en 2005 la administración estadounidense a cargo de George W. Bush tenía como secretario de Defensa a Donald Rumsfeld, CEO del Laboratorio Gilead Sciences en los años 90 según anuncia la página de la propia empresa.

Hoy por hoy, el 85% de los activos de la compañía pertenecen a fondos trasnacionales como Black Rock, el fondo buitre denunciado por Donelley; y otros agentes de la banca internacional como JP Morgan Chase, Bank of New York, Capital Research Global Investors, entre otros.

En el mundo

En varios países del mundo se ha presentado batalla a estos altos costos del Sofosbuvir. India inició un juicio internacional para desconocer la patente de Sovaldi, ya que demostraron que el medicamento se producía con anterioridad para el tratamiento del cáncer y que la modificación en esa molécula no ameritaba una nueva patente. Ante esto, Gilead negoció que se realizaran genéricos de su patente en dicho país a un precio menor (300 dólares) en relación a lo que se paga en EEUU (84 mil dólares) y en Europa (más de 40 mil euros).

Hace unos meses estalló una crisis en Europa por el alto costo del medicamento. Pacientes curados por Sovaldi y organizados en ONGs (con el auspicio de prepagas reconocidas mundialmente) se manifestaron tomando hospitales y marchando frente al ministerio de sanidad de España, ya que el gobierno de Mariano Rajoy decidió priorizar los casos de mayor gravedad para otorgar el tratamiento (en 2014 se trató a 500 personas, en 2015 se prevé que se traten cinco mil, aunque hay medio millón de pacientes que la padecen). El gobierno fue demandado por estas ONGs por la muerte de cuatro mil afectados durante el 2014.

Pablo Iglesias de Podemos participó de estas movilizaciones y sostuvo que hay expropiar la patente de Sovaldi :“Hay que decirle a la multinacional, necesito tratar a 30 mil, o pone usted un precio que podamos pagar o si no, lo siento mucho, en la legalidad internacional y europea, hay mecanismos que permiten a un gobierno que por delante del interés [de una empresa], está la obligación de proteger a los ciudadanos de mi país para que no se mueran”.

El mecanismo al que refiere Iglesias es la Declaración de Doha relativa a los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio y la Salud Pública, que establece que un país tiene mecanismos para intervenir en el pago de las patentes en caso de que peligre la salud colectiva.

¿Y en Argentina qué pasa?

En Argentina, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) está tratando la aprobación del tratamiento con Sofosbuvir. Actualmente los tratamientos que se utilizan con otros compuestos duran un año y tienen una efectividad del 50%.

Para nuestro país existen dos posibilidades: una opción es seguir los pasos de India e iniciar la producción de un genérico (que abre todo un debate acerca de cómo garantizar que dicha producción tenga los mismos resultados). La otra, que es la opción que encararon varios países en Europa, es negociar regionalmente un precio de la patente de Sovaldi. Fuentes periodísticas indican que para Sudamérica el costo podría rondar entre siete mil y 15 mil dólares.

Si el tratamiento costara siete mil dólares, en Argentina serían necesarios más de cinco mil millones de dólares para tratar a todos los infectados. El presupuesto del Programa Nacional de control de Hepatitis Virales debería ser aumentado al menos en un 115.000%.

El costo no sólo resulta inaccesible para los pacientes, sino que pone en serio riesgo las finanzas públicas en pos del enriquecimiento de fondos de inversión que no dejan de privilegiar el lucro propio por sobre el derecho a la vida.

Alejandra Soifer – @soifereta

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