Laboratorios: once años de guerra

Resulta sospechoso que la campaña por más dólares para los medicamentos, entre ellos los requeridos por pacientes con insuficiencia cardíaca, no está liderada por los laboratorios, sino por sus agentes comerciales. Antes de entrar en los viejos antecedentes del problema, recordemos que en 2014, la cifra de diagnosticados se elevó a casi tres millones, y sigue en ascenso entre los mayores de 70 años, en quienes el riesgo es 50 veces mayor, según la Fundación Venezolana de Insuficiencia Cardíaca (Funvic).

En ese contexto se inserta el vía crucis de millares de posinfartados o preinfartados, en peligro a causa del desabastecimiento de medicinas y, tal vez, -ojalá que no- nuestro Cardiológico Infantil y sus miles de pacientes, todos hijos de padres sin recursos.

El rostro oculto de la guerra

Las clínicas insisten en defender su lista de pacientes en espera sin mencionar los laboratorios que los surten, apoyados por la vista gorda de los medios privados, -beneficiarios de pautas publicitarias abiertas o encubiertas- para no exponerlos ante la opinión pública. La razón es obvia: evitar que se abra un debate en el que empresas y medios tendrían que explicar por qué en 2011 y 2012 no hubo desabastecimiento, a pesar de que la cantidad de dólares para los laboratorios fue una bagatela comparada con los mil millones de dólares otorgados en 2015.

Además, el debate implicaría investigar los 400 millones de dólares del Estado que Bayer y Merck destinaron a la importación de productos más “rentables”, -incluidos perfumes para mascotas- con la finalidad de provocar el desabastecimiento de medicamentos regulados.

Ataque a los genéricos

y ganancias ilegales

En 2014, 30 laboratorios fueron demandados ante el TSJ por violar el artículo 51 de la Ley de Medicamentos, que los obliga a vender medicamentos por dosis y no por cajas para aumentar las ganancias. Entre los demandados estaban precisamente Bayer y Merck, defendidos por la Cámara Venezolana del Medicamento (Caveme), que agrupa a las multinacionales farmacéuticas.

La carestía y el desabastecimiento de fármacos en la actualidad, es parte de la ofensiva de los laboratorios multinacionales y sus asociados nacionales contra el Estado venezolano desde 2006. Ese año, los laboratorios transnacionales, precisamente encabezados por Bayer introdujeron 20 acciones judiciales contra la importación de materia prima para la fabricación, comercialización y distribución de medicamentos en Venezuela, que ahora reclaman, supuestamente en favor de los consumidores.

Sin embargo, la noticia de primera página no fue que nuestro país, -comprometido a fondo con programas gratuitos de salud como Barrio Adentro- importaba para entonces casi la tercera parte de los $3.5 millones en medicamentos que compraba toda Latinoamérica. La noticia fue que productores nacionales cometieron el “pecado” de vender el antibiótico genérico Moxifloxacina 50% por debajo del precio de mercado, porcentaje que, en teoría, le habría correspondido a Bayer, si hubiera tenido la exclusividad en la venta del medicamento, por cierto, ilegalmente patentado, según revelaron en rueda de prensa el para la época ministro de Comercio, Eduardo Samán (nunca suficientemente recordado), y la Cámara Nacional de Medicamentos Genéricos y Afines (Canamega).

Los medios en el medio

Ante la arremetida judicial, los medios no divulgaron el nombre, ni la cantidad de laboratorios involucrados, ni identificaron los tribunales donde accionaron, y mucho menos los alegatos que presentaron. Una omisión extraña, según principios elementales de investigación periodística, pero muy explicable si consideramos que Bayer, no tiene por hábito responder al Gobierno y al público por los daños que ocasiona. Lo hace, siempre, a través de terceros mediáticos. “Nada de lo que se dijo en esa rueda de prensa se corresponde con hechos reales”, manifestó una fuente que prefirió reservar su identidad. Con esa misteriosa fuente desmintió la denuncia el diario El Universal (21-11-09).

Amenaza sin respuestas

La verdad definitiva es que es que el monopolio privado de la producción y comercialización de fármacos, equivale a controlar el libre acceso a todos los medicamentos estratégicos, gracias a la ausencia de legislaciones y políticas soberanas de protección a la salud.

Tal vulnerabilidad no ha sido desperdiciada por las multinacionales: “Esperamos (que nuestra tecnología) tenga implicaciones globales, especialmente en mercados o países donde las leyes de patentes son débiles o no existen”. El autor de la frase es Murray Robinson, presidente de Delta & Pine Land, propietaria de la patente Terminator, la tristemente célebre tecnología de semillas estériles, genéticamente manipuladas, que permite “encender”, “apagar” o extinguir a conveniencia la producción agrícola de los países no desarrollados.

De esa despiadada maquinaria no se puede esperar una respuesta ética, aunque la ONU la haya institucionalizado con el “Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología para la Paz y el Desarrollo”. Esta ciencia “carece de moral, hay que imponérsela desde fuera”, planteaba en 1980 nuestro inolvidable Arístides Bastidas ante la Unesco. Excelente inspiración para endurecer la estrategia contra la guerra económica.

@RalPineda

Origen: Laboratorios: once años de guerra – Por: Raúl Pineda

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