“Viagra femenino”: Cómo fabricar una enfermedad

 

Bárbara Gaya-economiadigital.es.- Pocos meses antes de que el laboratorio farmacéutico Pfizer comercializara el famoso Viagra para el tratamiento de la disfunción sexual masculina, y ante las expectativas del gran éxito comercial que se avecinaba, varios laboratorios se unieron para intentar aplicar una solución similar en el caso de las mujeres.

Pero la disfunción sexual femenina no tenía una definición médica “oficial” así que había que conseguirla. Para ello, en 1997, tuvo lugar un encuentro de especialistas médicos en Cape Cod (Nueva York) para determinar el perfil clínico de la disfunción sexual femenina, ante la posibilidad de encontrar un “tratamiento” para una enfermedad que oficialmente todavía no existía.

Tras varias reuniones a lo largo de varios años surgió el llamado Forum para la Función Sexual Femenina, que después de unas cuantas conferencias oficializó la “enfermedad”, gracias evidentemente al interés y… a la financiación de la industria farmacéutica.

Hubo intentos infructuosos de que las autoridades sanitarias asumieran ese dictamen, pero finalmente un comité asesor de la FDA, la agencia reguladora de Estados Unidos, ha recomendado hace poco, por 18 votos a favor y 6 en contra, la comercialización de la flibanserina como tratamiento del “Deseo Sexual Hipoactivo”, definiendo la “enfermedad” como la ausencia persistente, recurrente o absoluta, de fantasías y deseos para la actividad sexual.

El 18 de agosto de 2015 la FDA, ya en pleno, decidirá si aprueba o no su comercialización. A la vista del camino recorrido, hay que reconocer que ha sido largo y tortuoso, y sólo ha podido ser salvado por expertos especialistas en marketing que han dado un giro espectacular adaptándose a las tendencias progresistas actuales y políticamente correctas, hasta conseguir el informe positivo.

La historia se inició cuando Boheringer Ingelheim investigaba nuevos antidepresivos. Descubrió que la fiblanserina tenía una eficacia limitada como antidepresivo, pero también que tenía un efecto secundario interesante como potenciador de la líbido. Aprovechando este efecto secundario, lo desarrollaron para incrementar el número de experiencias sexuales satisfactorias en mujeres premenopáusicas con deseo sexual reducido.

En el 2009, el comité asesor de la FDA rechazó su comercialización por considerar que tenía una eficacia reducida: 0,7 episodios satisfactorios adicionales al mes, que no significa orgasmos.

En 2010, Boheringer Ingelheim abandonó el proyecto tras un nuevo rechazo del medicamento a causa de su poca efectividad y de sus reacciones adversas: mareos, sueño, fatiga e insomnio, que pueden aumentar si se toma alcohol, anticonceptivos hormonales o algunos antidepresivos. Pero salvó los muebles vendiendo el fármaco a Sprout Pharmaceuticals.

¿Qué ha hecho cambiar el voto a los asesores de la FDA? Cindy Whitehead, fundadora de Sprout reconoció que es por el cambio en el tono de la conversación al incluir “la voz del paciente”. La campaña de Sprout para lograr su inclusión en el circuito del medicamente ha enfatizado el trato desigual que se ha dado a la salud sexual de las mujeres en relación con los hombres y ha conseguido el apoyo de 24 grupos feministas, quienes utilizaron el lema Even the Score (Igualar el marcador), afirmando que los hombres tiene 26 medicamentos para la disfunción sexual y las mujeres ninguno.

Esta campaña, fuertemente vinculada con Sprout, consiguió que 15 congresistas del gobierno de Estados Unidos solicitaran a la FDA su reevaluación.

Todo un éxito de marketing al atribuir los informes negativos al sexismo imperante y no a la escasa eficacia y a la falta de seguridad de un fármaco que debe tomarse todos los días, para obtener 0,7 experiencias sexuales satisfactorias en un mes, es decir, experiencias satisfactorias nada más.

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