Estados Unidos: Misterio por la muerte del principal promotor de los movimientos “antivacunas”

Agencias;-
Carolina del Norte.- Jeff Bradstreet apareció muerte en un río del condado de Rutherford, y la policía cree que se suicidó. La familia informó que recaudará fondos para investigar las causas de su muerte. Una investigación suya vincula el autismo con las vacunas, y dio origen a un movimiento que rechaza las vacunas que hoy los especialistas consideran muy peligro.

Para los seguidores de Jeff Bradstreet, el médico y predicador que desde hace unos años es la principal referencia de los movimientos “antivacunas”, su muerte no hace más que confirmar que sus dichos eran ciertos. Con una visión conspirativa de las cosas, estos grupos, radicalizados en los últimos años, rechazan la idea del suicidio que anunció la policía, apenas encontró el cuerpo del doctor en un río en el condado de Rutherford, en Carolina del Norte. Las dudas llegaron a la familia, que decidió recaudar fondos para una investigación independiente. Como sea, Bradstreet es responsable del auge del rechazo a ciertas vacunas, con argumentos que la ciencia y la medicina rechazan. Pese a esto, sus ideas proliferan en el mundo, y hoy los especialistas alertan sobre el daño que causa la no vacunación.

Bradstreet fue hallado flotando en un río por un pescador local. La Oficina del Sheriff del condado de Rutherford, que está investigando el caso, considera que el médico antivacunas de 60 años “se habría suicidado disparándose en el pecho”, según informó en un comunicado. El arma de fuego también fue encontrada en el río.

La fama de este médico oriundo de Georgia comenzó cuando hace unos años publicó una investigación en el que afirmaba que algunas vacunas causaban autismo. Como Andrew Wakefield, el médico inglés que intentó vincular los fármacos con la enfermedad, Bradstreet apoyaba sus ideas en dudosos datos, además de una antecedente familiar: tenía un hijo con el trastorno, consideró que el autismo se le había desatado por haberse aplicado una vacuna a los 15 meses de edad.

En su clínica de Buford (Georgia), trató a pacientes de todo el mundo. Le buscaban en internet. Creían en él cuando la ciencia y los tratamientos convencionales no podían ayudarles. Sus detractores advertían de que, sencillamente, estaba equivocado. No hay evidencias de que el autismo sea causado por las vacunas. Así de sencillo. En cambio, sus pacientes y sus familiares necesitaban creer que podían tener una oportunidad de cura. O quizá de mejoría. Y ahí estaba Bradstreet para darles el consuelo y la esperanza que no encontraban en sus médicos u otros especialistas.

Apenas conocida su muerte, sus seguidores comenzaron a tejer todo tipo de hipótesis. Incluso la familia de Bradstreet está recaudando fondos para investigar su muerte. De hecho su mujer creó una web donde agradece a toda la comunidad autista el apoyo mostrado hacia su marido.

“Jeff dedicó toda su vida a buscar respuestas, siempre llegando a lo desconocido y nunca abandonó, incluso aun a riesgo de ser percibido como un hombre controvertido. En este momento, estamos inmersos en la búsqueda de respuestas. Y lo que intentamos hacer es encontrarlas”, escribió su sobrina Cali Bradstreet Howell en la página web donde se empezó la recaudación de fondos para su causa particular.

Aun así, no ha sido el primero que mantiene que las vacunas provocan algún tipo de enfermedad. Cada cierto tiempo, alguien sale con algo nuevo, según explica el rector del Centro Universitario Baylor de la Escuale Nacional de Medicina Tropical, Peter Jay Hotez. “Es pseudociencia basada en malentendidos de neurobiología del autismo”, advierte.

El movimiento antivacunas cobró en todo el mundo especial relevancia, y sus consecuencias quedan a la vista. Hace un tiempo, un brote de sarampión generó alarma en Estados Unidos, y se extendió desde los parques de Disney a la frontera con México. En España, esta semana se registró la muerte por difteria de un pequeño de 6 años, al que sus padres no habían vacunado. Los médicos que atendieron al menor afirman que sus padres se sienten “destrozados y engañados” por los grupos antivacunas, que les convencieron para no inmunizar a su hijo.

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