La guerra de las medicinas, el Siamed y la muerte de venezolanos

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Franco Vielma.-Mision Verdad.-

La guerra económica es expresión absoluta de chantaje económico, de extorsión política. Y como en todo acto brutal de guerra, se pierden vidas. Quienes somos víctimas de ataques, estamos en la obligación de resguardar nuestras vidas, y quienes están en la potestad de protegernos, deben hacerlo con firmeza.

En días recientes, un lote de 14 millones de medicamentos vencidos encontró la Superintendencia de Precios Justos y la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en galpones de la Droguería SM Pharma, ubicados en el barrio Bolívar de Maracaibo, en el estado Zulia. En el lugar había medicinas de alta rotación para diabetes, hipertensión, vitamina B12 y antibióticos, entre otros, así como materia prima para la elaboración de remedios en grandes cantidades.

Pese a la intoxicación y al ocultamiento mediático, todavía está fresco en nuestra memoria el recuerdo de galpones repletos con millones de medicamentos en el estado Aragua en octubre de 2014, como expresión concreta del asesinato sistemático de la población venezolana a manos de cadenas capitalistas de distribución de medicamentos. No podemos explicarlo de otra manera: quieren matar a la población para que le entreguemos el gobierno a la burguesía.

Este tema tiene muchos bemoles, muchas aristas. Y sobre la necesidad de brindar una respuesta, el Gobierno venezolano asume, pese a la polémica y a la tergiversación opositora, el lanzamiento del Sistema Integrado de Acceso a Medicamentos (Siamed).

El negocio de dejar perder medicamentos acaparados

Que millones de medicinas aparezcan acaparadas y vencidas en galpones es una cuestión inexplicable, que sólo la propaganda opositora puede tergiversar para “explicarla”. Los voceros del mismo sistema capitalista empresarial que coloca una cerveza o una prenda de ropa hasta en el último rincón de Venezuela, puede defender a los asesinos de la guerra económica argumentando que, por “fallas de transporte”, unas medicinas se queden vencidas en galpones.

Dan a entender que en Venezuela los medicamentos se pierden en galpones, no hacen falta distribuirlos, pues la gente no los necesita. La gente no se enferma. No hay pacientes diabéticos o hipertensos en Venezuela. La mediática opositora es criminal, es cómplice de la guerra y del daño directo contra la población.

Pero, entre la maraña argumentativa, no se deja ver la cruda realidad detrás de este crimen, expresión de la violación de los Derechos Humanos en Venezuela por parte de las corporaciones metidas de cabeza en la guerra económica.

Quieren matar a la población para que le entreguemos el gobierno a la burguesía

Primeramente, nuestro sistema de distribución de medicamentos está en manos de algunos laboratorios y distribuidoras de medicamentos venezolanas, que aunque posean los derechos de franquicia de otras marcas extranjeras y laboratorios, son parte integrante del capital privado venezolano, asociado a la burguesía detrás de la guerra.

En segundo lugar, la importación de medicinas y de materias primas para la elaboración de medicinas en nuestro país está cartelizada por estos laboratorios y redes de distribución. Todo este negocio depende de los dólares de la renta petrolera asignada por el Estado. Dicho de otra forma: la renta social y las divisas van a dar a un negocio privatizado, sujeto a los intereses de los privados, quienes juegan con nuestro derecho a la vida.

En tercer lugar, el Estado asigna divisas a estas empresas, ellas importan medicinas o las elaboran, para luego distribuirlas a las redes públicas o privadas; estas últimas, las que más alcance tienen en el sistema de abastecimiento nacional por medio de las diversas cadenas de farmacias, muchas de ellas extensiones directas de los laboratorios e importadoras.

El negocio consiste, por ejemplo, en que una distribuidora solicita al Cencoex dólares a Bs 6,30 para importar medicamentos o materias primas. Hacen solicitudes abultadas al Cencoex solicitando, por ejemplo, 500 millones de dólares para dichas importaciones, que casi siempre se efectúan supuestamente bajo la planificación de abastecimiento para un año. Dichas empresas venezolanas importan sólo el monto de, digamos, 200 millones de dólares, para cumplir con una cuota mínima de importación y mantener un mínimo de abastecimiento. Luego emplean, digamos, los 300 millones de dólares que no usaron para importar, para colocarlos en el mercado paralelo, multiplicando las ganancias de un dólar adquirido a Bs 6,30 y así revenderlo a Bs 313 (precio actual según DolarToday).

Esto indica que, para enriquecerse obscenamente, las farmacéuticas e importadoras no necesitan distribuir y vender medicinas. No. Sólo necesitan tener un mínimo de rotación de medicinas para mantener al día su permisología, la cual les permitirá acudir nuevamente a Cencoex para solicitar divisas que colocarán en el mercado paralelo. Así, dejar perder medicinas en un galpón es tremendo negocio. En otros casos, estas cadenas dirigen medicinas al contrabando, o las dirigen a pequeños “distribuidores”, que con toda la permisología al día, las mueven por el territorio nacional desplazándolas hasta las rutas del bachaqueo.

Algunos podrían indicar que esto podría ser un más lucrativo negocio, si no dejan perder las medicinas en los almacenes. Pero éste es el meollo del asunto. Que las medicinas no lleguen a la población es la cuestión de fondo en la guerra económica. He ahí que la “ganancia” de dejar perder unas medicinas en un galpón es una ganancia política. El saldo favorable para los empresarios es político. Si un diabético venezolano muere, es ganancia política. Si un hipertenso sufre penurias por su medicina o si muere, esto es para ellos ganancia política. Cumplen con su rol en la guerra, hacen “su trabajo” para el cual han sido encomendados como actores en la guerra económica.

Las farmacéuticas entienden que, hacer rotar esos medicamentos que terminan perdidos en almacenes, sería contribuir a un mínimo de normalidad en el abastecimiento, lo cual contraviene en su rol de asesinos silenciosos en la guerra. Las cadenas extranjeras que tienen su sello en estos laboratorios y distribuidoras en Venezuela, por cuestiones de su personalidad jurídica empresarial, pueden lavarse las manos y no asumirse responsables de lo que los dueños de su franquicia hacen en Venezuela. Aunque, dadas estas redes de complicidad, no ha de extrañarnos si estas farmacéuticas están conscientes de la jugada.

La “ganancia” de dejar perder unas medicinas en un galpón es una ganancia política

La orden es asesinar venezolanos. La orden es que, en el marco de nuestra economía muy afectada por la baja del precio petrolero y la contracción de las importaciones, se vea afectado un sector del abastecimiento nacional que ha sido priorizado y al cual el Estado le está protegiendo las divisas. El esfuerzo del Gobierno nacional es enorme, en prescindir de compras al extranjero, en no financiar importaciones superfluas a dólar preferencial, en sacrificar proyectos de asociaciones con el extranjero que impliquen el uso de divisas, sólo para garantizar que toda la demanda nacional de medicinas sea cubierta a dólar a Bs 6,30. He ahí que ante el esfuerzo en la administración de divisas, la estrategia corporativa es mucho más cruenta, mucho más miserable. Si su objetivo es asesinar para ganar la guerra, emplearán los métodos más malignos y creativos para hacerlo. He ahí que la respuesta del Gobierno debe ser creativa y audaz para preservar la vida.

El Siamed, la guerra y proteger nuestro derecho a la vida

Pese a la tergiversación opositora, la supuesta “cubanización” del acceso a las medicinas y demás escándalos armados por la Federación Médica Venezolana, los farmaceutas y demás gendarmes de la guerra, el Siamed es una carta fundamental que el Estado empleará para proteger la vida de las personas. En una primera fase, el sistema tomará como prioridad los medicamentos para las enfermedades cardiovasculares, endocrinometabólicas y neurológicas. Posteriormente se incluirán otras enfermedades crónicas.

El sistema registrará a cada paciente para que éste pueda solicitar, con la periodicidad debidamente señalada según informe médico y récipe, los medicamentos que necesita. El paciente debe acudir a una farmacia de su preferencia para efectuar su registro. Al registrarse, el paciente incluirá en el sistema su número telefónico; luego el sistema avisará vía SMS a su teléfono la disponibilidad del medicamento en la farmacia que el paciente eligió y dónde se registró. Sin tener que buscar de una farmacia a la otra, el paciente retirará en una farmacia su medicina, la cual llegará asignada con su nombre y apellido.

El Siamed es un modelo de sistema para apoyar el registro computarizado de medicamentos, elaborado por la OMS y la OPS en el año 1985

Las críticas al sistema no mencionan que, por ejemplo, ya hay experiencia internacional en la asignación planificada de medicamentos en otros países de donde Venezuela toma la experiencia. El Siamed es un modelo de sistema para apoyar el registro computarizado de medicamentos, elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la OPS en el año 1985, con diferentes modificaciones a lo largo de los años, adecuándose a los adelantos tecnológicos. Países como República Dominicana, Perú, Chile, Cuba, Colombia, entre otros, lo han utilizado para el registro y rectoría en la distribución de medicamentos. Sistemas similares al Siamed son implementados en países de Europa Occidental, pero patrocinados por las empresas privadas y farmacéuticas, en los que, mediante registro, el paciente recibe el medicamento en su casa y su costo es recargado vía electrónica a su tarjeta de crédito. Pero claro: eso no lo leerá usted en la mediática opositora, la cual destruirá el esfuerzo del Estado en desarrollar un sistema planificado de protección a la salud de las personas. Los pacientes que requieran este tipo de medicamentos aún pueden comprarlo libremente, pero la afiliación al sistema garantiza el acceso a los medicamentos.

La guerra económica debe ser peleada con firmeza por la Revolución Bolivariana, protegiendo nuestro frente interno, pues en él residen la vida de la población, la estabilidad y la paz pública. Quienes hoy nos dicen que “nosotros tenemos el poder económico y queremos de vuelta el poder político”, continúan articulados haciéndonos la guerra, intentando someternos como rehenes. Continúan desarrollando todas las estrategias focalizadas dirigidas a la destrucción de todo vestigio de estabilidad y gobernanza económica. La audacia, la voluntad y la eficacia por parte de las fuerzas revolucionarias son vitales en este sentido. El Gobierno nacional ha dado parto al Siamed, pero debe ser la acción cohesionada de nuestras fuerzas sociales la que debe acompañar el buen funcionamiento de este plan. Es, literalmente, la vida de las personas lo que está en juego.

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