Sedentarismo, tan malo como fumar

José Luis de la Serna,-

El sedentarismo, tan malo como el tabaco y peor que la hipertensión.

Si queremos mantener el grado de bienestar que tienen la mayoría de los países desarrollados, es imperioso incorporar la promoción de la salud en todas la agendas políticas y sociales.

Lo sencillo en sanidad es recetar pastillas, que luego muchos no las suelen tomar. Lo fácil para los políticos -cuando se atreven a hablar de salud y medicina- es centrarse en si la oferta asistencia será pública, privada o mixta y alardear de que apoyan una u la otra, o las dos. Lo difícil es planificar a largo plazo para que la salud de los ciudadanos se resienta cuanto menos, mejor. Los tiempos en los que lo optimo era construir hospitales, cargados de tecnología ultramoderna y llevar más y mejores medicamentos a las farmacias hace tiempo que tendrían que haberse moderado.

Siempre será necesaria la medicina asistencial, siempre habrá que parchear enfermedades crónicas y siempre habrá que intentar aliviar sufrimientos provocados por las enfermedades. Sin embargo, ese siempre no puede ocultar más la necesidad imperiosa de incorporar la promoción de la salud en todas la agendas políticas y sociales si queremos mantener el grado de bienestar que tienen la mayoría de los países desarrollados. Y del que presumimos un día detrás de otro.

En el número de hoy del British Medical Journal se publica un artículo más de los muchos que están viendo la luz en los últimos meses sobre la trascendencia del estilo de vida a la hora de disminuir muy significativamente los riesgos de enfermar. Se trata de un trabajo noruego, realizado en la Universidad de Oslo, en el que se han seguido durante 15 años a casi 6.000 varones que en el año 2000 tenían al menos 70 años, evaluando si el ejercicio físico moderado (30 minutos de actividad al menos moderada seis veces por semana) podía ser un elemento que protegiera la salud cardiovascular y el riesgo de morir.

La conclusión es clara: incluso en las personas mayores el ejercicio físico protege y disminuye en un 40% la mortalidad cuando se comparan poblaciones similares pero que son fundamentalmente sedentarias. Pocos medicamentos pueden presumir de ese porcentaje.

Los autores concluyen que el sedentarismo es un factor de riesgo de enorme magnitud, tan peligroso como lo es el tabaquismo y mayor incluso de lo que es la hipertensión.

De la misma manera que la industria del celuloide no se dio cuenta de que lo digital acabaría con la emulsión de plata para grabar imágenes, que los medios impresos están ahora en peligro si no trasladan sus contenidos a soportes digitales multimedia, móviles y ubicuos, la sanidad que no tenga en cuenta la necesidad de implicar a la sociedad en actividad física y en dietas con mucha menos azúcar y grasas animales terminará quebrando. No hay presupuesto en un solo país (hasta el más rico) que pueda mantener una medicina reactiva y poco curativa enfrentada a la pandemia de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer que se nos avecina.

Hay que comprometer a todos los ciudadanos en el empeño de hábitos de vida saludables aunque los dirigentes -que son los que administran el dinero de todos los impuestos- deben hacer asimismo sus deberes, legislando, ayudando, financiado programas, impulsando estudios de calado que sigan probando con la ciencia en la mano la excelencia de estas estrategias. Lo malo es que hay muy pocos de uno u otro partido que sepan de sanidad y salud. Y hay menos aún que quieran gobernar pensando más allá del corto plazo.

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