Europa celebra el primer convenio binacional para adquirir nuevos fármacos

Se trata de un plan piloto anunciado por Bélgica y Holanda, que buscará acceder a medicamentos más baratos. La idea de la Unión Europea es que se rompa el monopolio Estado-farmacéutica, y se pueda negociar entre países, de manera más transparente. El caso español, el paradigma del abuso del valor de los nuevos fármacos en suelo europeo.

Desde hace un tiempo, el valor de las terapias innovadoras enfrenta a los países europeos con la industria farmacéutica. El caso de los medicamentos contra la hepatitis C en España se convirtió en el símbolo de una fuerte polémica, donde miles de pacientes quedan en el medio de la discusión, sin acceso a tratamientos que podrían salvarlos. Por eso, varios gobiernos analizan negociaciones y compras conjuntas para evitar que los laboratorios impongan sus condiciones. Esta semana, Europa celebra la primera de estas operaciones binacionales. Se trata de un plan piloto anunciado por Holanda y Bélgica, que negociarán juntos la compra de tratamientos de alta complejidad para sus sistemas de salud.

El anuncio del primer intento de fortalecer las posiciones de los gobierno fue confirmado por Edith Schippers y Maggie De Block, ministras de Sanidad de Países Bajos y Bélgica, respectivamente, durante el último encuentro informal de ministros de Salud de la Unión Europea celebrado en Riga (Letonia). Este es el primer plan de su tipo, que busca fomentar una nueva forma de negociación, dejando atrás el monopolio que hoy conforman los acuerdos nacionales entre cada Estado y la industria farmacéutica.

Estos acuerdos binacionales fueron propuestos por la Unión Europea (UE), con el objetivo de aumentar la transparencia y evitar casos como el español, donde miles de pacientes no lograr acceder a fármacos de última generación, como los de la hepatitis C, por su alto costo. La iniciativa fue anunciada por Ambas partes han firmado ya un acuerdo que permitirá iniciar un programa piloto cuyos resultados, tras su evaluación, podrían conocerse a principios de 2016. La fecha es doblemente importante, pues coincidiría con la presidencia holandesa de la UE, lo que constituiría “un impulso más a la petición de los Estados pequeños, esos que debido a su tamaño (menos pacientes, menos capacidad de negociar) confían más que nadie en los beneficios de la economía de escala para compensar la situación de desventaja de la que parten, según ellos, a la hora de negociar con la industria”.

El origen de la iniciativa nace de un debate instalado en Bélgica hace dos años, cuando el Ministerio de Sanidad rechazó financiar el tratamiento de una enfermedad rara para un paciente debido a su elevado costo: 18 mil euros al mes. Solo accedió a hacerlo después de haber negociado con Alexion, la compañía fabricante.

Bélgica es uno de los países que más defienden la idea de que la unión hace la fuerza. Lleva meses intentado convencer a sus socios de los beneficios de una negociación y un precio únicos, con pagos variables en función de la capacidad adquisitiva de cada país, una idea que ya impulsó Francia con Sovaldi.

En ambos casos, la propuesta se ha encontrado con la posición de países, como España, que se niegan a ser meros convidados de piedra y piden tener voz y voto en la negociación. No es extraño que Bélgica haya encontrado un aliado en Países Bajos, de características socioeconómicas similares.

El piloto que ambas partes han decidido llevar a cabo cubre inicialmente el espectro de los medicamentos huérfanos, pero su ámbito de influencia potencial, en caso de que la evaluación de sus resultados sea positiva para los estados, es muy elevado.

En efecto, el de las enfermedades raras es solo una parte del problema que hoy supone el acceso a las innovaciones farmacéuticas, y que recientemente encabezo Sovaldi, de Gilead. A nadie le ha pasado desapercibido, por tanto, las consecuencias que la iniciativa de negociación conjunta podría tener más allá del ámbito de los medicamentos huérfanos.

El Diálogo Transatlántico de Consumidores (TACD), foro que agrupa a organizaciones europeas y norteamericanas de usuarios y en defensa de la Sanidad Pública, como la EPHA, interpreta que de, salir adelante, el proyecto piloto irá mucho más allá del establecimiento de un precio conjunto. Además, a su juicio creará un precedente para la futura coordinación en la Unión Europea (algún medio asegura que ya hay un tercer país que podría estar interesado en sumarse al piloto) y servirá como “patrón” ante futuras decisiones que haya que tomar en relación a los fármacos innovadores, llámese oncológicos, o de hepatitis C.

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