España: Los médicos piden reformar con urgencia el sistema de patentes y los criterios para su financiación

MADRID

La Organización Médica Colegial (OMC) ha aprobado por unanimidad un documento donde insta a “revisar y reformar con urgencia” el sistema de patentes y los límites que se otorgan en el sector sanitario para medicamentos y productos sanitarios, así como los criterios para su financiación y establecimiento.
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En un documento, aprobado por la Asamblea General el pasado sábado, recuerda que la patente como valor nunca puede anteponerse al valor absoluto de la vida. En consecuencia, “el beneficio de la patente no puede estar por encima de los resultados en salud”.

El objetivo es que “el beneficio comercial no eclipse los verdaderos beneficios clínicos para los pacientes ni ponga en peligro la viabilidad económica de los sistemas nacionales de salud”.

Asimismo, si la incorporación de nuevos fármacos y/o tecnologías se realiza cuando los presupuestos anuales ya están aprobados, solicitan que solo puedan financiarse por una partida extraordinaria que “nunca implicará la detracción de otros elementos del presupuesto sanitario global y que se debe mantener consolidada presupuestariamente en los años sucesivos”.

El documento viene a complementar el aprobado por la Asamblea General en octubre del pasado año sobre el sector farmacéutico, que consiste en un informe pormenorizado en el que la OMC hizo una serie de recomendaciones y propuestas centradas en políticas farmacéuticas vinculadas a la eficiencia; una evaluación económica y social de la prestación farmacéutica; reformas estructurales en las actividades esenciales de la cadena de valor farmacéutica y en los roles agenciales en el sector del medicamento.

Ahora, con este informe, la OMC quiere alertar ante una situación que constituye una “seria amenaza” para el Sistema Nacional de Salud (SNS); y contribuir a que el medicamento cumpla con su objetivo que no es otro que la salud de los ciudadanos, advirtiendo de los riesgos que produce el uso excesivo, insuficiente o indebido de los fármacos y los efectos adversos que esto provoca.

Asimismo, recuerda a las Administraciones sanitarias que “seleccionar el medicamento más adecuado a las necesidades de cada paciente supone un ejercicio de elección clínica, ética y profesional, no una estrategia de austeridad”.

PIDE MAYOR INFORMACIÓN SOBRE LAS INVESTIGACIONES

El texto alude también a la “investigación y desarrollo de los medicamentos” que, en ocasiones no responden a demandas de auténticas necesidades de salud y, en este caso, alude a la responsabilidad de los médicos en garantizar una buena praxis evitando todo tipo de “influencias perniciosas” y a la responsabilidad del regulador para evitar que se promocionen productos en base a artículos y estudios poco rigurosos e insta al control de toda aquella publicidad engañosa que contribuya a la innecesaria medicalización de la vida.

Denuncia que en las autorizaciones de medicamentos por los organismos supranacionales –Agencia Norteamericana del Medicamento (FDA) y Agencia Europea del Medicamento (EMA)– ocurren errores tipo 1 dando por bueno un medicamento que no lo es, “por benevolencia, por conflictos de intereses poco claros o porque no se publican los errores graves”.

Además, critican que no se publiquen todos los resultados de los estudios de investigación médica y la falta transparencia al ampararse la industria investigadora en el secreto empresarial. “La mayor parte de la investigación médica está financiada por la iniciativa privada y, en general, no suelen prestar interés a la prevención”, advierte.

En este sentido, defiende que todos los ensayos clínicos deben estar registrados y permitir el acceso a todos los datos en bruto de los mismos antes de ser aprobados para poder realizar análisis independientes; asimismo, la investigación en salud pública y enfermedades raras debe protegerse y alentarse desde los poderes públicos, pero también con la colaboración de la industria farmacéutica, como parte de su responsabilidad social corporativa.

Además, la investigación con fondos privados debe invertir un porcentaje del presupuesto de cada investigación para la financiación de investigación de proyectos públicos. Este pacto de colaboración debería ser inicial y prioritario en las negociaciones y/o acuerdos o convenios con todas las empresas Farmacéuticas.

UNA PRESCRIPCIÓN “RAZONADA Y PRUDENTE”

La alternativa de la OMC al mal uso de los medicamentos pasa por el fomento de una prescripción “razonada, prudente y con sentido común”; que es determinante una buena relación médico-paciente, contar con tiempo para una adecuada explicación de la importancia del tratamiento, de sus beneficios y riesgos.

Y aboga para que todos los agentes implicados tengan definidas claramente sus funciones y estén comprometidos y coordinados en la tarea de minimizar los riesgos de los medicamentos originados por deficiencias en la información sobre los mismos y sobre su manejo.

Además recuerda que los medicamentos curan y alivian enfermedades, pero comportan riesgos y costes que hay que tener en cuenta. Constituyen una herramienta a favor de la salud humana pero no la única. “Muchos problemas de salud tienen hoy un abordaje preventivo y social, por lo que esta estrategia debe potenciarse al mismo tiempo que se apoya la investigación”, afirma.

Entre sus recomendaciones, destaca la importancia de una buena relación médico-paciente, por ello demanda la continuidad de los profesionales en los puestos de trabajo, ya que de otro modo “es difícil supervisar la evolución del tratamiento y mantener la terapia óptima”.

“Es la simbiosis médico-paciente-medicamento la que permite que este último cumpla su objetivo y contribuya de este modo a lograr la misión primordial del sistema sanitario”.

LOS FÁRMACOS INEFICACES DEBEN SER IDENTIFICADOS

El documento pone el dedo en la llaga de lo que se ha denominado “medicalización de la vida” que nos ha llevado a tratar problemas como si fueran una enfermedad sin serlo, generando riesgos innecesarios para los pacientes y creando un serio problema de salud. Una situación que puede llevar a una colusión de intereses entre los diversos agentes, no respalda por la evidencia científica ni deseable y que en nada beneficia a los pacientes.

En la aprobación de nuevos medicamentos debe garantizarse que representan alternativas eficaces y seguras, evitando la inclusión de nuevos fármacos que no hayan demostrado tales cualidades, muy especialmente al haber utilizado en los estudios muestras pequeñas de pacientes.

La recomendación pasa por opciones terapéuticas que han demostrado su eficacia, “deben mantenerse hasta que los nuevos fármacos demuestren mayores beneficios”; y, por ello, ve necesario que “los productos comercializados inseguros o ineficaces sean rápidamente identificados”; los daños y las insuficiencias ampliamente difundidas y que sean retirados con urgencia del mercado.

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