“La industria de las vacunas tiene muchos trapos sucios que esconder”

El periodista Miguel Jara aboga en su último libro por una mayor transparencia por parte de la industria farmacéutica y los médicos para entender de verdad los efectos que causan las vacunaciones
Jornada de vacunación contra la gripe A en El Salvador. (Efe/Roberto Escobar)
Foto: Jornada de vacunación contra la gripe A en El Salvador. (Efe/Roberto Escobar)

¿Quién puede no vacunar a un hijo? “Nadie en su sano juicio” es la respuesta que la mayor parte de personas daría. Al fin y al cabo, son medicinas preventivas que sirven para protegernos de las múltiples enfermedades que nos pueden aquejar en un momento u otro, y que han conseguido erradicar afecciones como la viruela. A cambio de un pinchazo, una protección garantizada. Sin embargo, cada vez más voces se alzan en contra de las vacunas, algunas de forma casi supersticiosa, otras desde un punto de vista racional y exigente.

En este último grupo puede clasificarse al periodista Miguel Jara, que acaba de publicar Vacunas, las justas (Península), en el que se pregunta si todas las vacunas son necesarias, efectivas y seguras. El director de comunicación del Bufete Almodóvar & Jara critica la ideología de “cuantas más, mejor” que conviene a los productores de dichos medicamentos y que convierte rápidamente a quien se atreve a cuestionar la utilidad de las mismos en un antivacunas irracional.

En su libro, Jara explica cómo funciona el marketing del miedo, explica con detalle los que considera “pelotazos” de la vacuna contra el papiloma humano y la gripe A, desvela los conflictos de intereses de algunos de los profesionales que las defienden y denuncia los casos de Andrea, Luca o Álvaro, niños que murieron tras recibir una vacuna y cuyos casos ha defendido su bufete. Básicamente, defiende la transparencia de las farmacéuticas para facilitar la libre e informada elección de los medicamentos que se consumen. El Confidencial entrevista al autor, ganador del premio Eupharlaw-Ibercisalud en 2011 a la personalidad del año en el ámbito sanitario.

PREGUNTA. La lógica que todos los padres siguen es la siguiente: es mejor vacunar que no hacerlo, puesto que lo peor que puede ocurrir es que la vacuna sea inútil, y no se permitirían que sus hijos enfermasen por su omisión. Una lógica que se extiende a toda la sociedad. ¿Qué está equivocado en dicha lógica y cómo podemos salir de ella?

RESPUESTA. Es una lógica sensata y comprensible. El error sería no plantearse otras muchas cosas: ¿Cuántas vacunas son necesarias y por ello aconsejables y cuántas “aguanta” el organismo humano (porque cada vez hay más y no se ha estudiado dicho “aguante”)? ¿Qué grado de eficacia tiene cada una? ¿Y de seguridad? Porque como todo fármaco conllevan reacciones adversas, por lo general minoritarias pero que pueden ser graves e incluso mortales (hay casos). A diferencia de otros medicamentos aplicamos las vacunas en personas sanas. ¿Cómo interfiere ello con el desarrollo del sistema inmunitario de un bebé? También es importante conocer datos de los resultados en salud de la población de cada vacuna, saber cuál es la mortalidad evitada por su uso.

Todo esto es lo que planteo en el libro. Además de otros aspectos no menos destacados: ¿Cómo se aprueban las vacunas, qué tipo de estudios clínicos se hacen para ello? ¿Existen intereses comerciales en torno a los sistemas de inmunizaciones y pueden estos estar impregnados de los mismos? ¿Qué sucede cuando “algo sale mal”, existen sistemas de compensación de daños por vacunas, alguien se hace responsable de estos? ¿No habremos entrado en una fase de “vacunas para todos, para todo y cuanto antes mejor” carente de fundamento científico y de lógica? ¿Se informa de todo esto de manera adecuada a la población?

P. Poner objeciones a las vacunas le convierte a uno rápidamente en un antivacunas, pero usted afirma que ello se trata de una ridiculización que interesa a la industria farmacéutica. ¿Cómo se produce ese tabú sobre las vacunas y esa caricaturización de quien las critica?

R. Las vacunas son un buen invento y las vacunaciones comenzaron hace más de 200 años siendo un éxito. Con el tiempo y sobre todo en los últimos lustros la vertiente del negocio ha ido imponiéndose al concepto de bien social. La mercantilización de la salud (y de las vacunas) conlleva graves problemas sanitarios y esto hay que criticarlo y proponer soluciones. Cuando algo que comienza bien se tuerce lo inteligente es rectificarlo. Por diversas razones es cierto que en el mundo occidental existe un porcentaje de personas cada vez mayor que usan menos las vacunas. Suelen ser de estamentos medios y altos de la sociedad y tener buena información. Parece que la reacción de los defensores a ultranza de los sistemas de vacunaciones como están diseñados hoy (con todos sus fallos) han elegido la vía del insulto y la descalificación. Eso no ayuda a mejorar la situación y sí favorece a una industria de las vacunas que tiene muchos trapos sucios que esconder y que está encantada de que existan “guardianes de la fe” en las vacunas para que no se planteen cambios. La estrategia es pan para hoy y hambre para mañana.

Hay personas que dicen que de entrada no quieren ninguna vacuna y, por el contrario, las hay que no soportan la más mínima crítica a los sistemas de vacunaciones

P. Usted parece mantener una actitud razonable frente a las vacunas, pero imagino que habrá localizado multitud de actitudes críticas con las vacunas con las que no se siente identificado. ¿Podría poner ejemplos de aquellas tesis que coinciden con las suyas sólo en apariencia?

R. Yo no coincido con las actitudes totalitarias. El asunto de las vacunas es muy complejo, con muchos matices. No entiendo bien a quienes generalizan en su crítica de las vacunas. Hay personas que dicen: de entrada no quiero ninguna vacuna. Por el contrario las hay que no soportan la más mínima crítica a los sistemas de vacunaciones. Pero la ciencia avanza precisamente gracias a la revisión de sus errores. Hoy se da un sutil tecnofascismo sanitario que desearía que las vacunas fuesen obligatorias. Pero ¿cómo se puede obligar a vacunar a una persona que está sana? ¿Es “obligatorio” mantener nuestra salud y prevenir enfermedades? Se diría que es por el bien de la sociedad pero entonces habría que hacer una especie de nuevo contrato social para las inmunizaciones. Si en el ámbito de las vacunas no se respeta ni el mínimo consentimiento informado…
Yo escucho a todas las personas y versiones, quizá por ello tengo una visión bastante abierta y estoy a favor de la libertad de elección. No es fácil saber elegir con respecto a las vacunas pero si lo haces bien informado y con honestidad, elijas la opción que elijas habrás hecho bien.

P. ¿Están hechos los calendarios de vacunación a medida de las necesidades de las farmacéuticas, y cómo se llega a dicha confección interesada?

R. En España existen dos calendarios de vacunaciones. El oficial, el del Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas y el que cada año proponen algunas organizaciones de profesionales sanitarios omnipresentes en el ámbito vacunal que están financiadas de manera directa o indirecta por los fabricantes de vacunas. Estos han tejido durante años tal red de lobby, “puertas giratorias” y conflictos de interés que han logrado pervertir el espíritu originario de los sistemas de vacunaciones. Por cierto, adivine cuál de los dos calendarios recomienda más vacunas, con más pinchazos y antes.

P. ¿Está de acuerdo con la pregunta de si España tiene una mierda de calendario vacunalpero no por disponer de pocas, sino por disponer de demasiadas?

R. El problema es que ni siquiera sabemos si las que se proponen son demasiadas porque nadie ha estudiado qué es demasiado para un organismo humano en este ámbito. Están incluyendo vacunas en los calendarios cada poco “a ciegas”. Yo al menos no he encontrado el fundamento científico. Y desde luego que son muchas, pues alrededor de la mitad de las vacunas que se ofertan hoy son cuestionadas científicamente por algún motivo (las “estrellas” son la de la gripe y la del papiloma humano). Es decir, no deberían estar en los calendarios.

El autor, Miguel Jara.
El autor, Miguel Jara.

P. Hay muchos casos de conflictos de interés por parte de los médicos que abalan sus vacunas. ¿Cuáles son los casos más sangrantes?

R. Antes cité las tres estrategias principales de los laboratorios para imponer sus intereses a la sociedad: lobby, presión a los políticos, funcionarios y líderes de opinión; puertas giratorias: por poner un sólo ejemplo, en los últimos años directores y altos funcionarios de la Agencia Española de Medicamentos, entidad que ha de controlar a los laboratorios por sus fármacos, han pasado a trabajar en la industria; conflictos de interés: las farmacéuticas continúan comprando la voluntad de médicos y doctoras con dinero, regalos, invitación a dar conferencias como líderes de opinión, labores de consultoría y asesoramiento, participación en ensayos clínicos comerciales, etc. Es algo tan extendido que digo que es el cáncer de la medicina.

P. El refrán dice que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. ¿De qué manera la buena fe de los padres, que se preocupan por proteger a sus hijos de todas las enfermedades posibles, los conduce a tomar decisiones que pueden no ser las mejores?

R. Es que buena fe tienen todos los padres y madres de bien, tanto los que optan por poner todas las vacunas existentes, como los que ninguna o quienes usan unas sí y otras no. Si una familia de manera informada y responsable no vacuna a su hijo y luego enferma puede ser un drama. Y también le cuento que he conocido a algún niño, cuyo rostro no se me va, que ha muerto de encefalitis postvacunal. Sus padres le vacunaron con toda la buena fe del mundo de todo lo que sus pediatras les aconsejaron (y les aconsejaron todas las vacunas). No son hechos aislados, ahí está la asociación Afectados por Vacunas (AxV) y en el Bufete Almodóvar & Jara representamos a familias que han pasado por este tipo de situaciones, por desgracia.

P. Cita al pediatra Jesús Martínez, que alerta sobre el hecho de que las campañas publicitarias sobre vacunas tengan como objeto a los padres y no a los profesionales, lo que genera una situación de alarma y, por extensión, una mayor demanda. ¿De qué manera estamos indefensos ante tales campañas de publicidad?

R. Las campañas de marketing son muy completas, tienen por objeto influir en médicos, familias, instituciones, políticos, educadores, periodistas… Un ejemplo está en la vacuna de la varicela. Retirada de las farmacias por Sanidad porque estaba haciéndose un mal uso de la misma y por tanto poniendo en peligro la salud de la población, el laboratorio fabricante ha movido todos sus hilos, en especial a “sus” asociaciones de profesionales sanitarios para intentar revocar por las malas la decisión razonable. De lo que se queja Martínez, como tantos profesionales críticos, es del “vacunas cuantas más mejor” y de que se cree antes la necesidad que el remedio en los colegios.

Durante la campaña de marketing del miedo a la gripe A, muchos profesionales sanitarios emprendieron una contracampaña en Internet llamando a la calma y una de las propuestas fue no vacunarse de la gripe

P. Define la gripe A como “el mayor pelotazo de la historia”. Pero siempre que hay un pelotazo, lo hay a cuenta de alguien… ¿De nosotros? ¿De los gobiernos? ¿Quién paga el pato? 

R. Sí, se produjo una campaña de miedo a una gripe que se sabía que no sólo no era tan temible como nos advertían sino que era más “benigna” que otros años. Todo para vender el antiviral Tamiflu, sobre todo, y las vacunas para la gripe. Eso lo pagaron y caro los gobiernos. También la Organización Mundial de la salud (OMS) lo pagó caro pues su credibilidad ha caído en picado desde entonces. El asunto tiene visos de estafa pues luego se ha publicado en destacadas revistas médicas que la eficacia tanto del Tamiflu como de las vacunas es muy muy baja y se han documentado graves reacciones adversas, como narcolepsia, en quienes usaron la vacuna Pandemrix, de GlaxoSmithKline (GSK). En Reino Unido el Gobierno ha tenido que pagar fuertes indemnizaciones por esos daños pues en el contrato de la vacuna GSK no se hacía responsable de esos daños.

P. Dedica un gran número de páginas al virus del papiloma humano, que califica como una de las grandes estafas de la industria farmacéutica. ¿Podría resumir en unas líneas lo ocurrido?

R. Dedico un gran capítulo a esta vacuna, continuación de otro que ofrezco en mi libro La salud que viene (Península, 2009). Es la que más reacciones adversas y muertes notificadas acumula y su efectividad tardaremos unos 20 años en documentarla pues sus fabricantes dicen que previene un cáncer, el de cuello de útero que tarda unos 30 años en desarrollarse y la vacuna se aplica desde 2007. Es un pelotazo sanitario que los dos fabricantes que la venden han conseguido con una campaña de marketing del miedo y lobby histórica. Pero los gobiernos comienzan a reaccionar. El de Japón ha dejado de recomendarla y los médicos deben advertirlo a quienes la deseen.

P. En Estados Unidos se han producido muchos ataques contra los antivacunas debido a la epidemia de sarampión, que se creía erradicada, hasta el punto que se ha terminado convirtiendo en una pelea política entre Rand Paul y Hillary Clinton. ¿Cuál es su opinión sobre lo ocurrido?

R. La situación de EEUU y de España en este asunto es muy distinta pues mientras que allí quienes no se vacunan del sarampión son personas de buena posición económica y social, aquí los casos de Sevilla y Granada que se produjeron hace unos años tiene que ver con la exclusión social más que con el rechazo a vacunar.

P. Para terminar, ¿cuánto de cierto hay en aquello de que los médicos no se vacunan de la gripe y qué podemos aprender de ello?

R. Es cierto. Durante la campaña de marketing del miedo a la gripe A, muchos profesionales sanitarios emprendieron una contracampaña en Internet llamando a la calma y una de las propuestas fue no vacunarse de la gripe. Entiendo que lo hicieron porque sabían que esta vacuna es casi inútil y tiene fallos de seguridad destacados. Como los médicos son referente social, esa actitud honesta fue clave para que la población no se vacunase de algo que no lo merecía.

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