Medicina moderna ‘opaca’ a las plantas medicinales

La flora curativa pierde terreno en la Península de Yucatán, a pesar de ‘ser tan efectiva como los medicamentos de patente’.

Usada como fuente medicinal en la alimentación humana o animal, la flora de la península de Yucatán pierde espacio ante el desinterés de las nuevas generaciones por preservar el conocimiento generado a partir de ella. (Notimex)
Usada como fuente medicinal en la alimentación humana o animal, la flora de la península de Yucatán pierde espacio ante el desinterés de las nuevas generaciones por preservar el conocimiento generado a partir de ella. (Notimex)

Agencias
MÉRIDA, Yucatán.- Usada como fuente medicinal en la alimentación humana o animal, la flora de la península de Yucatán pierde espacio ante el desinterés de las nuevas generaciones por preservar el conocimiento generado a partir de ella, según informó Notimex.

Compuesta por unas dos mil 400 especies, se estima que por lo menos una tercera parte de la flora regional tiene un uso medicinal tan efectivo como los medicamentos de patente.

Sin embargo, la medicina alópata gana terreno frente al empleo de la flora, pues la aplicación de la misma es desconocida por niños y jóvenes.

Para el director del herbolario “Alfredo Barrera Marín” de la Universidad Autónoma de Yucatán, Juan Tun Garrido, hay numerosas plantas cuyas hojas o frutos también se han dejado de consumir, pese a sus propiedades nutricionales.

En entrevista, el jefe del herbario universitario expuso que en esa instancia se trabaja en la definición taxonómica de plantas regionales y se estudia su impacto ecológico.

Asimismo, dijo, se analiza y promueve el empleo de la flora para edificar viviendas y elaborar artesanías.

“Trabajamos en el rescate del germoplasma nativo de la península yucateca, con el que se evita que continúe un franco proceso de extinción del conocimiento relativo a su empleo, así del cómo aprovecharlo en forma eficiente”, indicó.

Tun Garrido mencionó que la cultura maya tenía un uso frecuente de una gran cantidad de plantas, en especial en el tema medicinal, pues se estima que una tercera parte de la flora que crece de manera silvestre a nivel peninsular, tiene propiedades medicinales.

“Mucho de este conocimiento se practica aun en comunidades rurales, pero lamentablemente no son las nuevas generaciones las que poseen esta información, la cual debemos conservar como el acervo cultural heredado de nuestros antepasados mayas”, consideró.

Desde el punto de vista económico, el saber cómo se emplean determinadas plantas puede redundar en grandes ahorros, pues se ha visto que son tan efectivas como medicamentos de patente en la atención de muchas enfermedades, refirió.

Señaló que el dolor de garganta, el bajar una calentura o mitigar un dolor de riñón son padecimientos que pueden ser atendidos con plantas, varias de las cuales al analizarse su perfil químico se comprueba que tienen los mismos principios activos que los medicamentos alópatas.
La chaya se popularizó en muchos restaurantes de comida tradicional, pero también se preparan aguas frescas que, a su vez, es un excelente diurético

“Mucho se ha dicho que existen ciertas plantas que curan el cáncer, esto no es cierto, pero lo que sí es verdad que el empleo de varias de ellas puede servir como paliativos de los malestares que genera la enfermedad”, mencionó.

“Para nosotros -expuso el investigador de la facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UADY-, la mejor estrategia para revertir esa situación es enseñar a los niños a conocer las plantas por su nombre común, a reconocerlas de manera visual y sepan de sus efectos”.

Como experiencia propia, agregó que ese conocimiento le permitió curarse de un dolor de garganta crónico, pues por recomendación de un campesino hizo una infusión con un pequeño fruto silvestre y luego de su empleo por un tiempo determinado la afección desapareció, ya que el fruto era rico en yodo.

“Existe también una planta que segrega una resina que al aplicarse sobre una raspadura o herida, comunes entre los biólogos después de un reconocimiento en campo, no sólo ayuda a evitar comezón o dolor por sus efectos analgésicos, sino también en la cicatrización por contener propiedad antisépticas, anotó.

Tun Garrido señaló que la efectividad en la tarea de concientizar y revalorar esta información debe basarse en hacer lo propio para con quienes poseen estos saberes: los médicos tradicionales.

Hay, dijo, mucha preocupación por los médicos tradicionales respecto a la transmisión de este conocimiento, pues entre los niños y jóvenes parece ser que no existe interés por replicarlo.

Comentó que la medicina tradicional maya no se limita a las plantas nativas, incluye otras introducidas, como el epazote, la albahaca o la ruda, la bugambilia y los cítricos y sus híbridos, que ayudan a curar males estomacales, son buenos para atender crisis nerviosas o los dolores de garganta y la gripe.

Sin embargo, señaló, existe otro aspecto que se ha dejado a un lado y se relaciona con el rescate de plantas con fines comestibles, como el bonete, un fruto con sabor muy similar a la papaya o el po´ox, un fruto de la familia de las anonas, los cuales en la actualidad se encuentran en lugares remotos de la selva.

La piñuela, un fruto del cual se extrae un líquido acidito y es consumido como “botana” también tiene esta suerte, mientras que el zapote negro o tahuch es poco consumido, pues a pesar de ser rico en nutrientes y de sabor agradable, su aspecto es poco apetecible, anotó.

“Uno de los alimentos que más se consumen es la chaya, gracias que se hizo un rescate de la planta y se popularizó en muchos restaurantes de comida tradicional, ya que no sólo sirve para elaborar platillos típicos, sino también para preparar aguas frescas que, a su vez, resulta un excelente diurético”, sostuvo.

En la actualidad uno de los frutos nativos que ha cobrado un gran auge, incluso internacional, es la pitahaya, gracias a su sabor que se conserva pese a ser congelado, así como por su forma estilizada, conociéndose como la “fruta del dragón”.

Para muchos investigadores, citó, retornar a los forrajes nativos ofrece ventajas productivas, pues en comparación con los pastos introducidos, poseen más nutrientes, generan menos daño ambiental y pueden ser utilizados para el control parasitario del ganado.

Un referente es el arbusto llamado “uaxim”, el fruto de un árbol denominado coloquialmente como “pixoy” y una gramínea conocida como “tamarindo xiu”, los cuales son más eficientes en el aporte de nutrientes, además de que su producción es barata por ser silvestre.

Uno de los principales retos de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia a la que pertenece el herbario es lograr que los alumnos se interesen por desarrollar proyectos sociales en los que se motive a las comunidades a reapropiarse del conocimiento heredado de sus ancestros.

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