La sanidad inglesa retira nueve fármacos contra el cáncer por su alto precio

Se recetaban a pacientes terminales para prolongarles la vida unos meses

La sección inglesa del Servicio Nacional de Salud (NHS) británico ha decido retirar nueve fármacos contra el cáncer de última generación debido a su alto precio, aunque incorporará tres nuevos. Las medicinas, que dejarán de recetarse a partir de abril salvo para los pacientes que ya están siendo tratados con ellas, se utilizaban contra cánceres de pecho, próstata e intestino y se empleaban en unos 25 tratamientos específicos para enfermos terminales. No se lograba la sanación, sino que actuaban como paliativos que alargaban la vida algunos meses.

El NHS reconoce que la decisión es «dura», pero alega que ha sido necesario tomarla para poder seguir pagando otros tratamientos que se ha probado que dan mejores resultados: «Tenemos que sacar el máximo beneficio a cada libra de las que disponemos», replican. Las asociaciones de pacientes han expresado su malestar. Sin embargo, la medida no ha sido objeto de una gran polémica pública ni de bandería electoralista, a pesar de que el debate sobre cómo salvar el sistema público de salud es un tema estelar en la precampaña en curso de cara a las elecciones generales del próximo mayo.

El Partido Conservador gobernante aboga por reformas y ajustes para garantizar la viabilidad del servicio. Por su parte, los laboristas acusas a los tories de querer privatizarlo y enfatizan que será objeto de una protección muy especial si ganan ellos. Pero lo más que han concretado hasta ahora es que implantarían un impuesto sobre las segundas residencias valoradas en más de dos millones de libras para destinar esos fondos a la sanidad.

Los medicamentos retirados formaban parte del inventario del Cancer Drug Fund, un fondo que creo el Gobierno conservador al llegar al poder para acabar con las quejas de que algunos medicamentos punteros y algo experimentales se quedaban fuera de la oferta del NHS, que es establecida por el Instituto Nacional de Salud y Excelencia en los Cuidados (NICE).

El Cancer Drug Fund nació con un presupuesto de 260 millones de euros, pronto aumentado a 361. Este año se irá a 438 millones, pese al ahorro de 103 que se ha logrado con la retirada de los nueve anticancerígenos. Se calcula que desde su nacimiento ha permitido dar tratamientos de vanguardia a 60.000 ingleses. El problema es que el Fondo tiene un presupuesto que se aprobó a varios años vista y en el modelo británico se considera inadmisible burlar de manera muy aparatosa las cifras que se comprometieron, que de hecho ya han sido ampliadas.

Las compañías farmacéuticas, a través de la Fundación para los Cánceres Raros que auspician, han calculado que las medidas de ahorro dejarán sin sus fármacos a 7.700 enfermos oncológicos. Pero a ellas también les han llovido las críticas. «The Independent» recuerda en su editorial que han venido aumentando el precio de sus nuevos anticancerígenos cuatro veces por encima de la inflación anual.

Más duro todavía es Richard Sullivan, profesor del Kings College de Londres especialista en cáncer, quien afirma que las multinacionales están inflando los costes. Leslie Galloway, la presidenta del Grupo de Industrias Farmacéuticas Éticas, alega que tanta culpa como las compañías la tiene el Gobierno, por cometer «la locura» de pagar esos precios por las medicinas. Los laboratorios se acogen a un argumento conocido: sin cobrar lo que cobramos, no podríamos sustentar la investigación de vanguardia, de costes multimillonarios.

Aunque retira nueve fármacos, el servicio de salud inglés ha añadido tres a la lista, entre ellos el Panitumumab, contra el cáncer de intestino. A partir de abril, la lista incluirá 672 medicamentos. A diferencia de lo que está ocurriendo en España con la polémica de los medicamentos de la hepatitis C, el debate se está basando en intercambios de cifras y argumentos y sin encierros ni manifestaciones.