“A las multinacionales solo les interesa hacer dinero”: Germán Holguín

german-holguinLa serenidad que exhibe en su hablar pausado contrasta con la contundencia de sus afirmaciones. Germán Holguín hoy es una suerte de moderno ‘cruzado’, un hombre de batallas que se ha enfrentado a las poderosas multinacionales farmacéuticas a las cuales denuncia por utilizar diferentes armas para bloquear el acceso a medicamentos genéricos a bajo precio.

Pocos saben que detrás de este caleño, asociado siempre a la construcción y quien hace 15 años vio cómo se derrumbaba su empresa Holguines S.A., se esconde un hombre estudioso que se reinventó y ha dedicado sus esfuerzos a la defensa del acceso a los medicamentos.

El mismo al que muchos reconocen como un ‘guerrero’ que enfrentó una dura batalla para lograr que decisiones que han perjudicado al sistema de salud colombiano, como la liberación de precios, las patentes y los derechos de propiedad intelectual, fueran reencausadas en los TLC firmados con Estados Unidos y la Unión Europea.

Este martes lanza en Cali su libro La Guerra contra los medicamentos Genéricos, un contundente documento que revela las oscuras prácticas en que incurren muchos pulpos de la farmacéutica y que le cuestan la vida a diez millones de personas al año.
Acaba de escribir su libro ‘La guerra contra los medicamentos genéricos, un crimen silencioso’…. ¿Por qué emplear un término con una carga tan fuerte?

Después de mucho estudio y trabajar en este tema durante más de quince años, he llegado a la conclusión de que la falta de medicamentos en el mundo en desarrollo, donde vive el 80% de la población mundial, es el mayor problema de salud pública que enfrenta el planeta, no solo porque compromete el derecho a la salud y la vida, sino porque afecta a 2.000 millones de personas en el mundo. Lo que preocupa es que para muchos es un problema natural y resulta que no, las causas son consecuencia de acciones del hombre, en este caso de las multinacionales farmacéuticas y sus gobiernos, que tienen una serie de conductas que se traducen en el bloqueo al acceso a los medicamentos genéricos a bajo precio y eso es el resultado de una estrategia orquestada en el mundo. Esta práctica, según la OMS, provoca la muerte de más de diez millones de personas al año, un guarismo no registrado en la historia por ningún acontecimiento, ni aun por las dos guerras mundiales.
Estas multinacionales tienen unos poderosos ‘lobbys’ y campañas de publicidad enormes para apabullar cualquier cambio de legislación que los pueda afectar, eso se refleja en las campañas políticas en Estados Unidos, Alemania, Inglaterra. ¿Aquí también se ha percibido?

La guerra contra los genéricos es universal. América Latina no es una excepción, porque en nuestros países más de 200 millones de personas carecen de seguro de salud y más de cien millones del acceso a los servicios y productos básicos de la salud. Como consecuencia de esa situación, América Latina aporta a esos diez millones de muertes anuales 700.000 vidas cada año y desafortunadamente Colombia tampoco es excepción. La tercera parte de los medicamentos que se prescriben en el sistema de salud no llegan a la gente. Esa guerra la vivimos con el tema de la regulación del registro de los medicamentos biotecnológicos donde el gobierno colombiano sufrió todo tipo de presiones de parte de las multinacionales farmacéuticas y sus gobiernos, especialmente de Estados Unidos, para tratar de evitar que la regulación de los medicamentos biotecnológicos favoreciera la competencia.
Precisamente, el Gobierno Nacional aprobó la regulación de los medicamentos biotecnológicos, ¿qué opinión le merece esa decisión?

Por fin después de cinco años de lucha, el Gobierno expidió el decreto de regulación de los biotecnológicos y eso es muy conveniente para la salud de los colombianos porque estimula la competencia en estos medicamentos, que se utilizan para enfermedades catastróficas, como cáncer, artritis, etc. Gracias a este decreto, en esos medicamentos va a haber competencia, lo que significa menores precios. La gente va a tener acceso a esos medicamentos, una vez que lleguen al mercado y por otra parte el sistema de salud, al que hoy esos medicamentos biotecnológicos lo tienen quebrado, también tendrá un alivio muy grande.
Sin embargo, llama la atención que Afidro (gremio de los laboratorios multinacionales) rechaza la propuesta del Gobierno, porque, dice, reduce las exigencias sanitarias y generará un gran riesgo para los pacientes…

Eso no es cierto. El decreto no establece una nueva categoría de medicamentos biotecnológicos, unos de buena calidad y otros de mala calidad. El decreto es muy claro en el sentido que al establecer una guía más expedita de aprobación de los medicamentos genéricos biológicos, o sea biogenéricos, esos medicamentos tienen que someterse a todo el rigor en la evaluación farmacéutica y farmacológica por parte del Invima. Lo que pasa es que se exime a los genéricos de presentación de pruebas clínicas que son muy costosas porque los resultados de esas pruebas ya se conocen.
En términos prácticos esta medida que tomó el Gobierno cómo beneficiará al ciudadano de a pie…

Hoy en día los medicamentos biotecnológicos tienen unos precios exorbitantes, que oscilan entre cien y 500 millones de pesos por paciente y por año. Tenemos el caso del medicamento rituximab, que es para algunos tipos de cáncer y la artritis, antes de que hubiera control de precios el costo de una ampolla era de $950.000, una vez que se estableció el control de precios bajó a $590.000, pero al estimular la competencia, como lo hizo el Gobierno, es de esperar que baje a $300.000. Ese es el efecto positivo para el ciudadano de a pie.
Me inquieta una expresión demoledora que rescata en su libro y que fue pronunciada por Marijn Dekker, alto directivo de Bayer: “Nosotros no producimos medicamentos para los indios. Los producimos para los pacientes occidentales que pueden pagarlos”…

Pues eso resume la falta de sentido humanitario de estas multinacionales. El único interés que poseen en la producción y comercialización de medicamentos, es tener un monopolio, fijar altos precios y obtener unas utilidades, las más grandes posibles, es decir, el interés de las multinacionales, como lo dijo este señor, no es curar a los indios, no es curar a los pobres, su interés es hacer dinero. Hay otra frase que quisiera recordar, que es de un alto ejecutivo de Roche, él dice: ‘Nosotros no hacemos negocios para salvar vidas, si no para hacer dinero. Salvar vidas no es nuestro negocio’. Esto es el fondo del problema, es que las grandes multinacionales farmacéuticas y sus gobiernos no tienen ningún interés en entregar los beneficios a la salud pública de los países en desarrollo, su interés es conseguir todo el dinero que les sea posible. El cuento de que me preocupa la salud de la población es un disfraz de sentido humanitario ajeno a la realidad.

Entonces es allí donde se escondería la verdadera razón para que las multinacionales no se interesen en una cura para enfermedades de ‘pobres’ como la leishmaniasis, el dengue, el mal de chagas o la malaria…

La falta de investigación médica para enfermedades de países con ingresos medios y bajos es algo indiscutible. El incentivo que tiene el innovador es obtener patentes y a través de ellas altos precios de monopolio, entonces eso hace que los esfuerzos y recursos que se destinan a la investigación se orienten a los medicamentos negocio. La investigación está orientada a los medicamentos de los ricos. El porcentaje que se destina a la investigación de las enfermedades de los pobres es ínfimo, 2 o 3% y eso se debe a que allí no hay negocio.
Sin embargo, uno escucha denigrar a médicos, visitadores médicos, hasta los de las farmacias de los genéricos y de quienes las producen …

La guerra contra los genéricos la libran las multinacionales y sus gobiernos con varias armas. Unas son legales, por ejemplo las patentes que dan monopolio de 20 años, esa es el arma más letal, y otras son ilegales, entre ellas están los incentivos y sobornos a médicos para que desacrediten los medicamentos genéricos y para que prescriban medicamentos pioneros, de marca original sin importar el costo. En desarrollo de esas campañas de descrédito hay muchos casos famosos que nos cuentan que en Estados Unidos, catorce de las más grandes multinacionales aceptaron en los últimos cinco años multas por haber sobornado a médicos indebidamente, incluso para que prescribieran medicamentos no autorizados por la autoridad sanitaria, la FDA, y esos sobornos que aceptaron suman US$17.000 millones.
En esta cruzada que usted ha emprendido no serán pocos los golpes bajos que le han llovido. ¿Es cierto que a usted lo financian los laboratorios que producen genéricos, como Tecnoquímicas, por ejemplo?

A lo que estoy dedicado es a la Fundación Misión Salud, cuyo objeto es la promoción y defensa no de la industria nacional sino del acceso a medicamentos por parte del pueblo colombiano. Misión Salud no es financiada por la industria farmacéutica, Tecnoquímicas u otras empresas nacionales. Ellas nos apoyan en un programa específico que es el Banco de Medicamentos, a través del cual, con medicamentos que nos dona la industria de genéricos, estamos suministrando ese recurso esencial a más de 20.000 personas diarias, que se encuentran en situación de pobreza absoluta, y lo hacemos a través de más de 200 instituciones que están dedicadas a cuidarlos. Pero jamás a ellos se les ha ocurrido decir que apoyan al banco de medicamentos, siempre y cuando se los defienda ante la opinión pública, ese esquema no existe.
¿Hasta dónde y hasta cuándo piensa llevar, esta sí, una verdadera ‘madre de todas las guerras’?

Yo pienso continuar haciendo el esfuerzo de hacer visible este problema e invitar a la gente con capacidad de decisión, de acción para que se establezcan los correctivos al control de esta guerra. El libro no es más que un instrumento para concientizar a la opinión pública del mayor número de países posibles sobre la existencia de esta guerra y la necesidad de ponerle fin.

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