Colombia: Proponen que bloqueo a genéricos sea delito de lesa humanidad

El Gobierno colombiano está a punto de expedir la regulación para los medicamentos biológicos y biotecnológicos –incluidos los ‘genéricos’ de estos llamados biosimilares-, que, afirma, sin menoscabar su seguridad, eficacia y calidad, favorece su presencia en el país.

El director de Misión Salud, Germán Holguín, asegura que hay una guerra contra los medicamentos genéricos.
El director de Misión Salud, Germán Holguín, asegura que hay una guerra contra los medicamentos genéricos.

Las presiones para que el Ministerio de Salud, líder de la iniciativa regulatoria,elimine la llamada tercera vía, una ruta abreviada que derrumba los obstáculos innecesarios para que haya competencia en ese mercado, se reduzcan los precios de estos productos y no colapsen las finanzas del sistema de salud, han sido múltiples.

Las mismas autoridades han hecho públicos, y rechazado, esos intentos para bloquear el camino de los biosimilares. El mundo, literalmente, está pendiente de la decisión que tome el país, pues puede marcar la ruta que seguirían otras naciones –desarrolladas y en desarrollo- en este tema.

La falta de medicamentos afecta a más de 2.000 millones de personas, aproximadamente la tercera parte de la población mundial. La mitad no tiene acceso a ellos cuando los requiere y la otra mitad ¡ni siquiera sabe que existen!, observa Germán Holguín, director de Misión Salud, organización que cuenta con el respaldo pleno de la Iglesia católica.

En ‘La guerra contra los medicamentos genéricos Un crimen silencioso’, libro que acaba de salir al mercado, de la editorial Penguin Random House, Holguín propone que esa guerra sea calificada como un “crimen de lesa humanidad”.

¿En qué consiste esa guerra?

En el conjunto de normas de propiedad intelectual y de prácticas de la industria farmacéutica internacional y sus gobiernos tendientes a bloquear el acceso a medicamentos genéricos, que por su precio y su calidad son los únicos a los que tiene acceso la mayor parte de la población y los sistemas de salud del mundo en desarrollo, donde vive el 80 por ciento de la humanidad.

¿Qué opina de la propuesta del Ministro de Salud para regular los medicamentos biotecnológicos?

Tengo la mejor opinión sobre ese proyecto, porque propende para que haya medicamentos genéricos de biotecnológicos. Cuando se facilite su producción e ingreso al mercado nacional vendrá una caída de los precios hoy escandalosos, que oscilan entre 100 y 500 millones de pesos por paciente al año. El Soliris (para tratar una ‘enfermedad rara’ de los glóbulos rojos), por ejemplo, 800 millones de pesos anual por paciente.

Afidro (gremio de los laboratorios multinacionales) rechaza la propuesta del Gobierno, porque, dice, reduce las exigencias sanitarias y generará un gran riesgo para los pacientes. Por lo tanto, reclama todo tipo de pruebas para permitir la comercialización de un biosimilar.

Hoy hay muchos avances de la ciencia para caracterizar los medicamentos biotecnológicos con el objeto de que puedan reproducirse con los mismos niveles de eficacia y seguridad que los innovadores. Por lo mismo, no es cierto que por el hecho de que se les abran las puertas a los biogenéricos se vaya a sacrificar ni la seguridad ni la efectividad de los medicamentos ni la seguridad y la salud de los pacientes.

¿Y entonces a qué obedece la afirmación de ese gremio?

Afidro sabe muy bien que eso no es cierto y lo que defiende es el monopolio de sus laboratorios afiliados, porque se trata de un negocio billonario y no quieren competencia. Desde el punto de vista nuestro se requieren mecanismos que faciliten el acceso del pueblo colombiano a ese avance científico (los biotecnológicos y sus biogenéricos). Afidro sabe que el proyecto del Gobierno llevará al fortalecimiento de la competencia y eso les quita mercado a sus asociados.

¿En cuáles enfermedades se presentan los problemas que usted menciona?

En todas las enfermedades conocidas. En unas porque no existen las tecnologías médicas para prevenirlas, diagnosticarlas y tratarlas, y en otras porque las tecnologías existentes tienen unos precios inalcanzables por los sistemas nacionales de salud y los pacientes de escasos recursos, lo que, según la Organización Mundial de la Salud, cada año causa la muerte de más de 10 millones de personas. Esto es un crimen silencioso.

Puede dar un ejemplo de enfermedades?

Sí: en las 17 enfermedades tropicales olvidadas reconocidas por la OMS, entre las que figuran el dengue, la leishmaniasis y el chagas, el denominador común es la ausencia de vacunas tratamientos eficaces y pruebas de diagnóstico seguras. Todas ellas anualmente matan tres millones de personas.

¿Y para el cáncer, diabetes…?

Para esas patologías sí hay tratamientos, pero sus precios son exorbitantes. En cáncer, por ejemplo, de 12 medicamentos aprobados en 2012 por el FDA de Estados Unidos, 11 tienen un costo cercano a los 200 millones de pesos paciente/año.

¿Por qué la guerra contra los genéricos?

Los genéricos cuestan en promedio tres veces menos que los medicamentos pioneros y en casos puntuales hasta 50 veces menos y son de igual calidad, por lo que es lógico que se les hayan abierto las puertas en el mundo entero en perjuicio de las ventas de los pioneros. En respuesta, la gran industria farmacéutica multinacional ha puesto en marcha la guerra contra los genéricos, una estrategia internacional encaminada a bloquear estos productos, utilizando armas legítimas e ilegítimas.

¿Cuáles son esas armas?

Las dos más letales son las patentes farmacéuticas y la protección de los datos de prueba, que les brindan entre 5 y 15 años efectivos de monopolio durante los cuales los genéricos no pueden entrar al mercado, lo que, por los elevados precios de los pioneros, se traduce en enfermedad y muerte de los pacientes de escasos recursos.

Esos dos mecanismos son legales. ¿Cuáles son las armas ilegales?

Las principales son las campañas de descrédito contra los genéricos a través de los visitadores médicos, avisos publicitarios, artículos y entrevistas disfrazados de aportes científicos. El libro contiene muchos ejemplos.

También, el pago de estímulos económicos y sobornos a médicos para que desprestigien los genéricos y prescriban ciertos medicamentos pioneros, de igual calidad pero mucho más costosos, aún para usos no autorizados por la autoridad sanitaria; y las barreras técnicas para bloquear los medicamentos biogenéricos.

¿Cuáles son sus propuestas para acabar con esta guerra?

Destaco dos de las planteadas en el libro: la abolición de las patentes y la protección de datos de los medicamentos esenciales en los países en desarrollo, y procurar que la guerra contra los genéricos sea calificada como crimen de lesa humanidad desde el punto de vista jurídico, juzgable por la Corte Penal Internacional.

¿No es como soñar despierto?

Son medidas radicales, pero sin ellas no será posible poner fin a esta guerra. Los medicamentos son un bien público y no pueden ser objeto de monopolio allí donde este privilegio sea fuente de torrentes de dólares para unos pocos y de torrentes de sufrimiento y muerte para el resto de la humanidad.

Jorge Correa C.

Redacción de Economía y Negocios