Advierten deficiencias de magnesio en personas que toman regularmente antiácidos

El doctor Alberto Cormillot hace referencia a los pacientes que están bajo tratamiento contra la acidez, gastritis o reflujo gastroesofágico y reciben en forma prolongada alguna de las drogas de la categoría de los ‘inhibidores de la bomba de protones’.

La Food and Drug Administration de los Estados Unidos y la Administración Nacional de los Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) de nuestro país, recomendaron monitorear los niveles de magnesio en aquellos pacientes bajo tratamiento contra la acidez, gastritis o reflujo gastroesofágico, que reciben en forma prolongada alguna de las drogas de la categoría de los ‘inhibidores de la bomba de protones’.

El llamado, al que también adhirió la Entidad Reguladora de Medicamentos y Dispositivos Médicos del Reino Unido (MHRA) se realizó a partir de haber notado cuadros severos de hipomagnesemia (disminución de los niveles de magnesio en el cuerpo) en aquellas personas bajo tratamiento con este tipo de medicaciones.

La recomendación, si bien hace hincapié en la importancia de chequear los niveles de magnesio y eventualmente suplementarlos con sales de este mineral, advierte que ya a partir del tercer mes de tratamiento se han detectado casos con una disminución considerable.

La acidez estomacal, los cuadros de inflamación gástrica (gastritis) y el reflujo de ácido hacia el esófago (reflujo gatroesofágico), son muy frecuentes en la población adulta. El uso de medicamentos que bloquean en forma muy efectiva la producción de ácido ha revolucionado el tratamiento de este tipo de afecciones, dada su alta respuesta terapéutica. Si bien son medicamentos muy seguros, en los últimos tiempos se han recibido reportes de pacientes que han presentado una diminución muy marcada de sus niveles de magnesio en sangre cuando utilizaban los denominados inhibidores de la bomba de protones (como por ejemplo omeprazol, pantoprazol, lanzoprazol, rabeprazol, esomeprazol, y otros), que si bien son los fármacos más efectivos y más utilizados para bloquear la producción de ácido, su uso prolongado llevó a la internación por hipomagnesemia muy severa a algunos de estos pacientes.

En opinión del doctor Alberto Cormillot, fundador del Centro de Obesidad y Enfermedades Metabólicas que lleva su nombre en el partido de Malvinas Argentinas, “distintos análisis evidenciaron que la administración de los medicamentos pertenecientes a la familia de los inhibidores de la bomba de protones, provoca una disminución paulatina pero severa en los niveles de magnesio en el cuerpo. Sin embargo, aquellos pacientes a los que se les reemplazó esta clase de medicación por otras que también disminuyen el ácido gástrico, se observó que inmediatamente los niveles de magnesio se van recomponiendo”.

“Está demostrado por la propia FDA que este uso crónico de antiácidos produce el agotamiento del magnesio en el cuerpo hasta niveles muy peligrosos para la salud. No estamos diciendo que se suspenda la administración de los antiácidos en aquellas personas que por sus condiciones de salud los necesitan, sino que el médico debería solicitarles chequeos de sus niveles de magnesio y eventualmente recomendarles una complementación con suplementos de sales de este mineral”, insistió Cormillot.

El magnesio es un nutriente de estructura similar a la del Calcio, imprescindible para el funcionamiento de varios e importantes procesos enzimáticos y metabólicos, cuya regulación interna es realizada por el riñón. Si bien se lo incorpora a través de alimentos ricos en este nutriente, como por ejemplo vegetales, cereales, legumbres, ciertas carnes, cacao y mariscos, ante determinadas situaciones especiales es necesaria una suplementación.

El déficit de Magnesio tiene múltiples presentaciones clínicas. Su presencia puede estar enmascarada por signos inespecíficos relacionados con el proceso patológico primario, o bien pueden aparecer de forma súbita signos y síntomas muy manifiestos.

El magnesio es necesario para el funcionamiento de más de 325 enzimas, y para la transmisión neuromuscular, la actividad muscular, la mineralización ósea y la función de diversas hormonas, entre otros roles. Además, es importante remarcar que el balance del Calcio (homeostasis) es dependiente del Magnesio, y la hipomagnesemia a menudo se acompaña de hipocalcemia. Por otra parte, la hipokalemia (disminución del Potasio) es también frecuentemente encontrada junto con la falta de magnesio.

“Suele indicarse suplementación de magnesio ante dietas deficitarias en pacientes con alto riesgo cardiovascular, frente a la aparición de calambres y sensación de hormigueo (parestesias) de cualquier etiología, y como prevención de litiasis renal. Otras indicaciones precisas relacionadas con su acción en el organismo están ligadas a combatir el estrés, evitar calambres y contracturas y aportar la dosis diaria de energía”, subrayó el doctor Cormillot, quien también es Director de la Licenciatura de Nutrición de la Universidad ISALUD.

Entre los signos y síntomas con que puede manifestarse un déficit de Magnesio, se encuentran los vinculados al Sistema Nervioso Central: como apatía, desorientación, confusión, alucinaciones, delirio, estupor, etc., disminución de la tolerancia a sonidos habituales (híperacusia), síntomas cerebelosos como por ej. descoordinación en el movimiento de partes del cuerpo (ataxia), vértigo, movimiento involuntario de los ojos, etc.; al aparato Cardiovascular: arritmias ventriculares y/o auriculares, taquicardia, hipertensión arterial y muerte súbita (consecutiva a arritmias); al Sistema Neuromuscular: temblor, convulsiones, debilidad muscular, rigidez, contracción involuntaria e híper reacciones involuntarias; entre las Metabólicas: descenso en los niveles de calcio y/o de potasio (hipocalcemia, y/o hipopotasemia) refractarias que responden únicamente a la administración de magnesio, e inflamación de la membrana sinovial por depósito de cristales de sal de calcio en el interior del cartílago articular.

En los últimos 50 años, la ingesta de magnesio ha caído considerablemente en países industrializados debido a refinamientos y otros procedimientos realizados en los alimentos. Simultáneamente, se ha observado una reducción en el consumo de frutas y vegetales, y un incremento de ácidos grasos, azucares y calcio. Estos cambios en los hábitos alimentarios han significado una disminución de la ingesta de magnesio, siendo en muchos países inferior a la recomendada.