Astrazeneca-Pfizer: el poder británico paró la fusión

La farmacéutica de EEUU llegó a ofrecer 88.000 millones por su rival inglesa, un 50% más de su valor en bolsa, pero el recelo del Gobierno de Cameron a perder su laboratorio estrella lastró la operación.

La que iba a ser la mayor fusión entre dos compañías farmacéuticas de la historia terminó el pasado martes 27 de mayo en agua de borrajas. Pfizer, la farmacéutica estadounidense número uno mundial, había llegado a ofrecer hasta 88.000 millones de euros por hacerse con su rival británica AstraZeneca, el séptimo laboratorio por ventas en todo el mundo. Sin embargo, la compañía con sede en Londres ni siquiera quiso sentarse a negociar.

¿Ha sido entonces un problema de escasa oferta económica? No parece ésta la razón, al menos la principal. El 3 de enero, el día antes de conocerse el primer acercamiento entre ambas compañías, las acciones de la farmacéutica británica cotizaban a 37 libras en la Bolsa de Londres y llevaban ancladas a ese nivel desde hacía un año. Pfizer estaba dispuesto a ofrecer 55 libras por acción. Es decir, una prima de más del 50 por ciento por encima de su valor antes del anuncio de compra. Entonces, ¿qué razones han llevado a la británica a cerrarse en banda? Los expertos consideran que la injerencia del gobierno británico del conservador David Cameron en la operación ha tenido mucho que ver en la decisión final de AstraZeneca.

Los ‘tories’ se oponen

Las presiones del Gobierno conservador de David Cameron han tenido su efecto y han podido las razones de Estado sobre el interés de los accionistas, según los analistas. Parece claro que la oferta para los inversores en AstraZeneca era bastante ventajosa, pero las dudas sobre los posibles despidos en Reino Unido pesaron demasiado en la operación. De haber prosperado, el acuerdo hubiera supuesto la mayor adquisición de una empresa del Reino Unido por parte de una compañía extranjera, según los medios británicos.

El plan de la firma estadounidense era crear la mayor compañía farmacéutica del mundo, con oficina en Nueva York, pero basada en el Reino Unido por razones fiscales. Estas razones de ahorro, expresadas directamente por Pfizer, levantaron bastante polémica en el Reino Unido. AstraZeneca es la mayor compañía farmacéutica de Inglaterra, una especie de orgullo nacional. La primera reacción del primer ministro Cameron a la posible compra fue asegurar que quería una evaluación de sus ministros sobre la oferta de adquisición. En este punto, Pfizer llegó incluso a enviar una carta al líder tory en la que se comprometía por escrito a construir el anunciado centro de investigación y desarrollo de AstraZeneca en Cambridge, al sureste de Inglaterra.

Las promesas de Pfizer no convencieron a Cameron, que puso en marcha la operación para convencer al consejo de administración de su compañía local. Así, poco después, en una comparecencia ante diputados británicos en el Parlamento, el consejero delegado de AstraZeneca, Pascal Soriot, llegó a asegurar que la fusión podía poner en peligro el desarrollo actual de fármacos para el tratamiento del cáncer en el que estaba inmersa la compañía. Una declaración insólita en una operación de este tipo.

Hasta Suecia puso trabas

La presión se extendió fuera de las Islas. El Gobierno de Suecia -de centroderecha- también declaró públicamente su oposición a la fusión. La farmacéutica londinense tiene la mitad de sus operaciones y más de 5.000 empleados en Suecia. Hasta tres ministros del Ejecutivo sueco expresaron en una conferencia de prensa su rechazo a la compra, subrayando el historial de recortes de puestos de trabajo que tiene Pfizer en adquisiciones previas. Hay que recordar que la multinacional AstraZeneca se formó por una fusión anglo-sueca hace 15 años, entre la sueca Astra AB y la británica Zeneca Group.

División entre los accionistas

Con todo, el rechazo a la oferta de Pfizer no ha tenido el respaldo de todos los accionistas de la británica, aunque sí de la mayoría. El principal fondo inversor, BlackRock, con el 8 por ciento de las acciones, ha secundado la decisión del consejo, pero le recomienda que vuelva a entablar conversación con la norteamericana pasados los tres meses que marca la ley. Se da la circunstancia de que el fondo también posee el 6 por ciento de Pfizer, por lo que es un actor principal en la historia.

Los fallos de Pfizer

El resto de miradas críticas con el devenir de la oferta han recaído en la propia Pfizer. Diversos analistas, sobre todo anglosajones, aseguran que la compañía ha actuado con prepotencia en todo este tiempo, considerando que el volumen de la oferta era lo único fundamental. Su anuncio de trasladar la sede a Londres tampoco gustó en EEUU.