Así funciona el “bachaqueo” de medicinas hacia Colombia

medicina(6)
Ilustración Jaime Ortega
domingo 01 de septiembre de 2013 01:20 PM
Daniela Romero Nava / Maracaibo

Siete farmacias ha visitado Marina Bracho, en Maracaibo, en busca de Glucofage de 500 miligramos, un medicamento cuyo componente es la metformina y sirve para los controles de insulina en la sangre. Cuando llega al octavo establecimiento, el gesto del farmaceuta es el mismo de los anteriores vendedores: Aprieta los labios y con gesto de negación informa que no dispone de la medicina, además de eso agrega: “Está agotado, señora”.

Así, la búsqueda de Bracho ha sido infructuosa, al igual que la de las nueve personas que ya el farmaceuta ha contabilizado durante el día, en procura del producto, regulado a un costo de 4,90 bolívares y que para sustituir el paciente debe comprar de un miligramo, a un precio de 77 bolívares, o en la versión conocida como RX (de liberación prolongada), a un costo de 176 bolívares, en otras palabras, 58 veces más caro que el regulado.

“Lo que pasa es que hay quienes compran el medicamento en grandes cantidades y se lo llevan para comercializarlo en Colombia”, suelta con seguridad Rafael, el farmaceuta, con diez años de experiencia en la venta de medicamentos que conoce de cerca la fuga de este y otros insumos hacia la frontera con Colombia, bajo el argumento de una “mayor rentabilidad después de La Raya”.

En el caso del Glucofage ya empieza a sentirse la ausencia en los anaqueles de las farmacias marabinas. Y detrás de la falta de este medicamento también comienza a notarse la desaparición de otros como Akineton (recetado para los pacientes de Parkinson), Aspirina, Cialis (para la disfunción eréctil), Euthyrox, Menofen (tratamientos hormonales) y, en algunas ocasiones, también parecen desaparecer los complementos alimenticios como Pediasure, Ensure, Enterex, Sustagen, y otros, recomendados médicamente a niños o adultos que requieren del consumo de los suplementos.

La realidad es dibujada por la extracción de estos y otros productos a Colombia, en donde los llamados “jinetes” (tanto colombianos que entran, compran y se llevan los artículos, como venezolanos que también salen a comercializarlos en el vecino país) consiguen una mayor ganancia a través de la venta y el cambio a pesos.

“Por ejemplo, el Glucofage de 4,90 bolívares se vende en Colombia por 110 pesos. Eso hace un total de 78 bolívares por caja, a lo que se le hace una ganancia de 74 bolívares. El Pediasure, de 400 gramos, que cuesta 350 en Venezuela, se vende a 890 pesos y viene saliendo a 1.300 bolívares al cambio, dependiendo de a cómo esté el peso”, explica Rafael, quien sin importar la escasez a la que se han sometido los anaqueles de las farmacias en la entidad, ha preferido renunciar al establecimiento local en la zona norte de Maracaibo para dedicarse al negocio ilícito del “jineteo” y así, por los caminos verdes, hacer crecer su economía.

Los años de experiencia en el mercado le han permitido conocer la demanda del país vecino, por lo que ha transportado y ha visto pasar a la frontera medicamentos e insumos como Trangorex (para el tratamiento de arritmias cardíacas) al igual que otros con la misma prescripción, Dol (para el dolor de cabeza) Acetaminofén (para el malestar), Corilín (pediátrico), Sustagen (suplemento alimenticio), Ni una dieta más (merengada dietética), duchas vaginales de todas las marcas, pañales desechables, guantes quirúrgicos, inyectadoras, leche Nan (fórmula lactante) y otros, que llegan a ser vendidos en mesones improvisados en Maicao, Río Hacha y otros mercados populares colombianos.

Pese a que también conoce de cerca las penurias que pasan algunos pacientes para encontrar algunos productos, Rafael no solo compra los medicamentos, tanto regulados o no, en grandes cantidades para venderlos en Colombia, sino que también vende a otros “jinetes” que, como él, adquieren los insumos en cantidades considerables; las justas para transportar en bolsos o maletas que quepan dentro de algunos de los microbuses que salen a diario, a las 4:00 de la madrugada, desde la Plaza de Toros, en la avenida Guajira de Maracaibo, desde el centro y desde el barrio Blanco, al norte de la ciudad.

“Los productos que no son regulados no tienen una cantidad determinada para la venta. Por eso, el que venga a comprar 20 potes de Pediasure, por ejemplo, se le venden. La adquisición de los regulados se le hace más fácil a quien esté más ligado con el ramo farmaceuta, pero quien no esté tan empapado pasa la roncha de que le nieguen la venta de cantidades altas en las farmacias”, explica Rafael, de unos 28 años.

Consciente de las consecuencias que ha generado “el negocio” en los anaqueles de las farmacias marabinas —aunado a la baja en la producción o importación de algunos medicamentos por parte de los laboratorios y que ha sido justificada por el gremio con la restricción de divisas— el farmaceuta asegura que “esos microbuses van full y casi nunca los revisan”.

“Se sale a las 4:00 de la madrugada, en un único viaje al día. Se trata de salir a esa hora para estar pasando por Paraguachón a eso de las 5:00. El que lleva regulados se tiene que ‘bajar de la mula’ en las alcabalas. El que no lleva regulados los dejan pasar aunque carguen un bolso lleno de medicinas”, detalla Rafael, pese a todo, sorprendido por “la apatía de las autoridades” ante el paso de estos insumos, según sus propias palabras.

Sobre la extracción de los artículos —que deja claro que el ‘bachaqueo’, en el que se estima una fuga de 8.000 millones de dólares al año, va más allá de los productos de la cesta básica, el combustible, y los materiales de construcción, como ya se había denunciado anteriormente— el gerente de una farmacia ubicada en la avenida Bella Vista sostiene: “Eso es una situación sabida desde hace tiempo. Uno no puede restringir la venta del medicamento si no está regulado; de hecho, si lo está, tampoco. Uno lo que hace es que determina una restricción interna. Y así es como se puede más o menos controlar la cosa dentro de los anaqueles, con medicamentos como el Glucofage y otros regulados, por ejemplo”.

“La fuga de los medicamentos hacia Colombia es de vieja data, inclusive, mucho más que el bachaqueo de alimentos. Exactamente de hace tres a cuatro años”, asevera la presidenta del Colegio de Farmaceutas en el Zulia, Haidée Torres de Semprún. “Sobre el tema se han realizado reiteradas denuncias ante la Contraloría Sanitaria del Zulia, adscrita al Sistema Regional de Salud. Se han efectuado varios operativos de control en las farmacias para vigilar la venta en cuanto a las cantidades, sin embargo; sabemos que hay gente dentro de los establecimientos que hace la venta indiscriminada sin importar la salud y la necesidad del paciente venezolano, hasta de los que requieren de psicotrópicos, medicamentos éstos que se van hasta la frontera en grandes cantidades porque son muy económicos en Venezuela”, explica Torres.

Sin embargo, el ilegal negocio sigue mostrándole “el queso de la tostada” a Rafael y otros “jinetes” que van y vienen en busca de los medicamentos y otros insumos de venta en farmacias, a los que, por lo menos, le multiplican el costo seis veces más cuando los venden al cambio del peso, cuya moneda no entra con la misma denominación a Venezuela, pues es cambiada por dólares para ser vendida, acá, en el mercado negro.

Mientras tanto, Marina Bracho sigue caminando bajo el sol marabino, de farmacia en farmacia, a sus 62 años, en busca del Glucofage de 500 miligramos regulado para tratar su insulina, porque debe comprar otros medicamentos que son más costosos, para su presión arterial y sus problemas hepáticos, y no le alcanza para adquirir ni siquiera el de un miligramo. “Esto se lo llevó quien lo trajo”, dice la abuela con gesto de decepción al escuchar al “jinete” hablar con indolencia sobre la ausencia de la pastilla que tanto ella anhela encontrar.

“Se sale a las 4:00 de la madrugada, en un único viaje al día. Se trata de salir a esa hora para estar pasando por Paraguachón a eso de las 5:00. El que lleva regulados se tiene que ‘bajar de la mula’ en las alcabalas. El que no lleva regulados los dejan pasar aunque carguen un bolso lleno de medicinas”, detalla Rafael, pese a todo, sorprendido por “la apatía de las autoridades” ante el paso de estos insumos, según sus propias palabras.

Sobre la extracción de los artículos —que deja claro que el ‘bachaqueo’, en el que se estima una fuga de 8.000 millones de dólares al año, va más allá de los productos de la cesta básica, el combustible, y los materiales de construcción, como ya se había denunciado anteriormente— el gerente de una farmacia ubicada en la avenida Bella Vista sostiene: “Eso es una situación sabida desde hace tiempo. Uno no puede restringir la venta del medicamento si no está regulado; de hecho, si lo está, tampoco. Uno lo que hace es que determina una restricción interna. Y así es como se puede más o menos controlar la cosa dentro de los anaqueles, con medicamentos como el Glucofage y otros regulados, por ejemplo”.

“La fuga de los medicamentos hacia Colombia es de vieja data, inclusive, mucho más que el bachaqueo de alimentos. Exactamente de hace tres a cuatro años”, asevera la presidenta del Colegio de Farmaceutas en el Zulia, Haidée Torres de Semprún. “Sobre el tema se han realizado reiteradas denuncias ante la Contraloría Sanitaria del Zulia, adscrita al Sistema Regional de Salud. Se han efectuado varios operativos de control en las farmacias para vigilar la venta en cuanto a las cantidades, sin embargo; sabemos que hay gente dentro de los establecimientos que hace la venta indiscriminada sin importar la salud y la necesidad del paciente venezolano, hasta de los que requieren de psicotrópicos, medicamentos éstos que se van hasta la frontera en grandes cantidades porque son muy económicos en Venezuela”, explica Torres.

Sin embargo, el ilegal negocio sigue mostrándole “el queso de la tostada” a Rafael y otros “jinetes” que van y vienen en busca de los medicamentos y otros insumos de venta en farmacias, a los que, por lo menos, le multiplican el costo seis veces más cuando los venden al cambio del peso, cuya moneda no entra con la misma denominación a Venezuela, pues es cambiada por dólares para ser vendida, acá, en el mercado negro.

Mientras tanto, Marina Bracho sigue caminando bajo el sol marabino, de farmacia en farmacia, a sus 62 años, en busca del Glucofage de 500 miligramos regulado para tratar su insulina, porque debe comprar otros medicamentos que son más costosos, para su presión arterial y sus problemas hepáticos, y no le alcanza para adquirir ni siquiera el de un miligramo. “Esto se lo llevó quien lo trajo”, dice la abuela con gesto de decepción al escuchar al “jinete” hablar con indolencia sobre la ausencia de la pastilla que tanto ella anhela encontrar.