¿Trazabilidad para todos?: la ampliación del sistema nacional argentino y los límites reales de su puesta en marcha.

La ANMAT anunció la puesta en marcha de la tercera etapa, que incluye unas 11 drogas más, algunas de alta rotación. En las farmacias, hay cada vez más dudas sobre la viabilidad de un método que muestras fallas prácticas a la hora de implementarse. De no corregirse, una buena idea puede terminar siendo un paso en falso. La necesidad de trabajar en conjunto con los farmacéuticos, escucharlos y consultarlos.
Por Nestor Caprov

Mediante la disposición Nº 247/2013, esta semana la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) informó la puesta en marcha de la tercera etapa del plan de Trazabilidad, el sistema de control de los medicamentos puesto en marcha por el gobierno nacional a mediados del 2011. En este nuevo tramo, que comenzará a tener vigencia en junio de este año, se incorporarán casi una docena de principios activos, la mayoría vinculadas a psicofármacos. El avance de la entidad nacional no tiene un correlato con la realidad que vive la farmacia, que sufre la carga de este programa que suma trabajo administrativo sin que estén dadas las condiciones. Las dudas de los farmacéuticos fueron expuestas varias veces por este espacio, que a la presión interna que se vive se suma el agobio de ser responsable de una apuesta ambiciosa, saludable pero lanzada a destiempo.

La primera reacción al conocer las nuevas drogas a trazar es clara: no están dadas las condiciones ni tecnológicas ni de organización para profundizar el control. Las muchas tareas administrativas que todos los días los profesionales deben afrontar detrás del mostrador (con una Seguridad Social cada vez más burocrática) hacen colapsar el propio sistema, que además presentan varios puntos débiles. Los farmacéuticos vienen advirtiendo que la red online “no anda bien” y es difícil trazar los ya muchos productos que están incluidos hasta ahora. Con más fármacos, está claro que habrá un colapso y los problemas se sumarán.

Desde MIRADA PROFESIONAL venimos siguiendo con atención la puesta en marcha de este programa, una buena medida pero un tanto “voluntarista”. Un sistema complejo y de difícil aplicación, en condiciones adversas por el crecimiento desmedido de las tareas administrativas y los trámites que se deben realizar en la farmacia, tiende al fracaso. Así, una idea correcta pero con “viento en contra” puede ser una pésima medida, un contrapeso que en vez de solucionar los problemas puede abrir otro frente de batalla.

Si bien no es el tema central, el problema económico también preocupa. Más trabajo administrativo significa menos tiempo en el mostrador, menos atención al paciente, menos rol sanitario. Además, aleja al profesional de la gente, que ante la baja rentabilidad del sector está imposibilitado de sumar personal, que pueda aliviarle esa tarea. Entendemos la preocupación de la ANMAT, y la iniciativa es saludable. Pero no se lleva bien con una realidad difícil. En una charla realizada el año pasado en el Colegio de Farmacéuticos de Lanús, los colegas lo dejaron claro. Hay un “cambio cultural” que debe ser puesto en práctica y llevará mucho tiempo, además de cambios tecnológicos que deben absorber las farmacias, para acceder al sistema online. Uno de los cambios es que el sistema no permitirá fraccionar algunas presentaciones, a través de la venta de blister. Para muchos, esta medida significa un golpe a su rentabilidad y a los hábitos de dispensa de muchas zonas carenciadas o no de toda la Argentina, ya que muchos pacientes no tiene el dinero para comprar la presentación completa, y recurren a esta práctica.

El mercado negro de medicamentos en Argentina es un peligro latente, de la mano de la venta por fuera de las farmacias. El Sistema Nacional de Trazabilidad es una solución final para esto, pero no se puede pasar de “cero a 100”. Cuando se comienza a instrumentar operativamente este plan comienzan los problemas. Casi seguro que quienes idearon este método no pasaron más de unas horas detrás de un mostrador, atendiendo pacientes, haciendo la tarea administrativa y pensando en evitar el colapso financiero.

Todo eso debe jugar a la hora de pensar un plan que cambia de raíz la realidad de un sector complejo como es el de los medicamentos. Este desconocimiento dificulta de sobre manera la implementación, que puede terminar con una idea noble pero sin consenso.

Ese es un tema fundamental. El farmacéutico es pieza clave de cualquier trazabilidad de medicamentos que se quiera hacer. La farmacia es garantía de calidad y seguridad a la hora de dispensar medicamentos. Es necesario que el profesional esté integrado completamente al sistema, sino perdemos un eslabón fundamental para su uso correcto. Como está planteado ahora, los farmacéuticos tienen más dudas que certezas, y para peor, se muestran escépticos en su puesta en marcha. Sin ese convencimiento y ese trabajo comprometido, nos animamos a decir que la situación marchar a un callejón sin salida.

La Argentina tiene unas 14 mil farmacias, de todo tipo y color. La idea del gobierno de trazar oncológicos y medicamentos de alta complejidad (que son por lo general de alto costo y baja incidencia) fue un primer paso inteligente. Avanzar con fármacos de alta rotación sin que se hayan dado mecanismos automáticos o se mejoren las condiciones informáticas de las farmacias es un grave error. Es políticamente correcto anunciar al mundo que la Argentina traza, pero la realidad es otra. “Que lo ideal no nos prohíba de lo posible”, diría el viejo dicho. Para no retroceder los pasos que ya dimos hacia adelante.