Así funciona la millonaria mafia de los medicamentos en el Valle del Cauca/ Colombia

Firmas con propuestas de dudosa idoneidad que ofrecen precios por debajo del mercado buscan contratos. Políticos también estarían detrás.

Por: Redacción de El País

El de los medicamentos es un mercado gigantesco. Los laboratorios los producen y los intermediarios los venden a hospitales y pacientes. Pero no todos son leales en esta práctica.
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Algunos dicen que son las mafias del negocio de los medicamentos las que se están infiltrando en los hospitales. Otros que son las mafias de la política que le sacan partido a la salud. Algunos más afirman que son ‘las mafias’, a secas… De cualquier manera, lo que está pasando con el negocio de las medicinas
y los insumos que utilizan muchos centros asistenciales no parece normal.

Peor aún, ese atractivo negocio que puede mover más de cien mil millones de pesos al año tan sólo en la red pública del Valle del Cauca, está agravando la situación financiera de muchas instituciones oficiales: bien porque están pagando medicamentos a precios exorbitantes ya que no tienen capacidad de negociación y las tutelas los obligan como le ocurrió al hospital Mario Correa Rengifo, o bien porque compran más de lo debido, así sea a precios sospechosamente por debajo del mercado.

De las dos cosas hay y ambas prácticas indebidas quieren sacar del juego a proveedores de medicamentos tradicionales y laboratorios reconocidos en el mercado legal de las medicinas.

La historia es sencilla. Hace 32 años, la red de hospitales públicos del Valle decidió crear una cooperativa que se encargara del manejo y suministro de medicamentos para las instituciones de salud, de manera oportuna y a precios competitivos, para liberarse de las presiones y mayores costos del mercado.

Entonces surgió la Cooperativa de Hospitales del Valle, Cohosval, que ha venido cumpliendo esa labor sin ánimo de lucro porque los dueños son 53 hospitales públicos. La entidad distribuye sus ganancias entre ellos, da descuentos en medicamentos y una oferta de servicios adicionales en educación, capacitación y programas sociales como ‘El Valle de los corazones sanos’, que atiende más de 2.000 pacientes hipertensos y enfermos crónicos con consulta y medicinas gratuitas y permanentes.

“De allí que nuestra red de hospitales en el Valle está con Cohosval”, dice Janeth Vélez, auditora médica de la Secretaría de Salud Departamental, “porque como cooperativa es más amigable y solidaria con los hospitales, tiene una trayectoria y posibilidad de entrega en varios puntos de servicio en el norte, centro y sur del Valle, lo cual facilita la calidad, oportunidad y todo lo que la ley obliga a cumplirle al paciente”, indicó.

Sin embargo, en los últimos años otros intermediarios han entrado a arañar ese mercado público, algunos de los cuales no tienen la competencia técnica suficiente para manipular medicinas con los protocolos que exige el Invima y el Ministerio de Salud. O tienen una oferta muy amplia y disímil de productos por fuera de la salud.

Son firmas que al lado del acetaminofén y medicinas para el cáncer, venden también café molido, aparatos de celulares, equipos de transporte, muebles e inmuebles y negocian títulos valores, entre muchas otras cosas.

Pero lo más sospechoso es que en licitaciones recientes de hospitales de Cali y otros municipios del Valle, han logrado ganar concursos para suministro de insumos y medicamentos especializados con precios que arrojan un margen de ganancia entre el 0% y el 5%. Cuando la empresa debe incurrir en gastos administrativos, costos de comercialización y pagar impuestos ese margen no da. De esta manera, han desplazado a proveedores tradicionales.

Médicos del Hospital Psiquiátrico del Valle denunciaron las recurrentes demoras en el suministro de medicamentos psiquiátricos especializados por un proveedor que se ganó el negocio, pese a que, al parecer, no tiene la experiencia, capacidad y conocimiento para proveer ese mercado especializado.

Hospitales como el Mario Correa, Universitario del Valle y San Juan de Dios, entre otros, han tenido que comprar medicamentos a otros intermediarios a mayor precio, porque tienen créditos cerrados.

El problema es que aquí es donde aprovechan los negociantes para meterse a los hospitales a vender sus productos caros cuando son legales. Otros se hacen pasar como vendedores de laboratorios supuestamente nuevos, con el fin de colocar sus productos de dudosa procedencia y calidad, aprovechando la urgencia de la institución.

Son redes que actúan de dos formas: una, trayendo productos de contrabando desde Ecuador o Venezuela a menor precio para revenderlos caros aquí. Y, otra, falsificando productos de laboratorios reconocidos. Por ejemplo, un sobre de 20 cápsulas lo dividen en dos muestras, cada una tiene diez pastas originales y completan las otros diez con cápsulas falsificadas. Las etiquetas y sobres los fabrican en litografías de San Nicolás, en el centro de Cali, explicó un oficial del Grupo Especial de Investigación de la Sijín.

Pero, aparte de esto, funcionarios de hospitales denunciaron que hay licitaciones públicas para medicamentos, cuyos términos de referencia son hechos para favorecer a uno u otro proveedor, por recomendación de algún líder político que busca quedarse con la contratación, sin tener en cuenta criterios de idoneidad, imparcialidad, economía, eficiencia y eficacia.

La contratación anual de medicamentos de un hospital de nivel 2 puede costar $2.000 millones u $8.000 millones si es para una institución de nivel 3, lo que resulta un negocio atractivo.

Aparte de la venta ilegal o usurera, otra ‘mafia’ que afecta a los hospitales es el robo o sustracción de medicamentos por parte de funcionarios para negociarlos por fuera del hospital en el mercado negro.

En Tuluá, se encontró hace pocos meses que se pedían dos tarros de anestésico para cirugía, se usaba uno y otro salía a la calle por el tarro de la basura donde alguien lo recogía para revenderlo. Y este es un insumo que cuesta entre $300.000 y $500.000.

Las pérdidas por robo de medicamentos en los hospitales no han sido cuantificadas, pero son millonarias.

Con todo lo anterior, el Invima anunció que investiga varios casos de hospitales donde se está dando la práctica de compra de medicamentos clandestinos, sin registros legales o sin las formalidades de ley.

Dato clave
Algunos proveedores
Entre los proveedores de medicamentos está Distritodo Medical, cuya escritura de constitución data del 22 de marzo de 2006 con un capital de $2.000 millones.
Surgió de la transformación de la empresa unipersonal Distritodo que había sido creada en 2004 con un capital de diez millones de pesos. Y tiene un amplio portafolio de productos médicos y no médicos en su objetivo social. Ese objetivo social ha cambiado o se ha ajustado cada año desde su creación, según sus registros de Cámara de Comercio.
Uno de sus socios es Dimerco S.A., firma que fue distribuidora de aguardiente de la Industria de Licores del Valle.
Intercomercial Médica es otro intermediario en el negocio al por mayor de equipos médico quirúrgicos y de aparatos ortésicos y protésicos, que le ha vendido medicamentos a entidades como el Mario Correa Rengifo.
Evedisa es una firma dedicada al suministro de medicamentos, productos hospitalarios y de consumo masivo como productos de aseo, cuidado del cabello, tarjetas prepagos, leches, multivitamínicos, entre otros.
Otros intermediarios menores de medicamentos son droguerías de municipios en hospitales de primer nivel que les hacen compras directas y sin concurso.

Mafia de los medicamentos: una libertad de precios que afecta los hospitales

Administración de farmacias dentro de los hospitales y el manejo integral de medicamentos con termo- quín para su transporte oportuno, cuartos climatizados y estándares de calidad certificada ofrece Cohosval a sus clientes y hospitales.

El de los medicamentos es un mercado gigantesco. Los laboratorios los producen y los intermediarios los venden a hospitales y pacientes. Pero no todos son leales en esta práctica.

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Los medicamentos en Colombia son un mercado con libertad de precios, lo cual es aprovechado por algunos intermediarios para cobrarles a los hospitales mucho más de lo que realmente cuestan, observó Janeth Vélez, auditora médica de la Secretaría de Salud del Valle.

Estos intermediarios, que no siempre son distribuidores idóneos de medicamentos, se aprovechan de la necesidad de los hospitales, que no tienen flujo de caja pero necesitan insumos para cirugías y medicamentos para sus pacientes que no pueden esperar.

De igual manera, por tutelas y decisiones judiciales se ven obligados a suministrar medicamentos en menos de 48 horas a sus demandantes, lo cual los obliga a incurrir en contrataciones onerosas con intermediarios.

Eso ocurre, pese a que la ley le exige al proveedor que demuestre idoneidad, que tenga reconocimiento, un portafolio aceptado y aprobado por el Invima, etc, explicó la funcionaria.

Ese es el caso que se presentó con el Hospital Mario Correa Rengifo donde el intermediario Intercomercial Médica le facturó al hospital medicamentos de alto costo para enfermedades catastróficas a valores hasta cuatro veces superiores al precio de referencia del mercado.

Y como la deuda no se pudo pagar oportunamente, su valor terminó duplicándose debido a los procesos jurídicos derivados de su cobro judicial.

La compra se hizo porque una serie de tutelas emplazaron al Hospital a suministrarles, en cuestión de horas, medicamentos a pacientes de VIH, cáncer y otras enfermedades de alto costo.

Como no había recursos para eso, su proveedor Intercomercial Médica Ltda. se comprometió a entregarle los medicamentos. Pero como el hospital no podía pagarlos en un corto plazo, los facturó a precios exorbitantes.

En su momento, el auditor médico del centro asistencial Gonzalo Duque denunció casos como el Humira, una solución inyectable para tratar pacientes con reumatismo, de la cual el proveedor entregó seis unidades a un costo individual de $17.710.860, por lo que le facturó en esta compra al hospital $106.265.160.

Gracias al comparativo de una auditoría externa de la Universidad del Valle, con valores establecidos en Farma (la revista médica especializada en precios de medicamentos) y con los valores de referencia del Invima, se detectó un sobrecosto de hasta $77 millones. El valor de la compra en realidad, no debió superar los $32,7 millones (ver cuadros).

Lo mismo ocurrió con la facturación de otras medicinas como el Benefix, indicado para pacientes hemofílicos, por el que se cobraron hasta $61 millones más del valor de referencia del mercado.

“Entiendo que el proveedor le dio la mano al hospital en un momento que lo necesitaba, pero a un costo muy alto”, dijo una funcionaria del Mario Correa. El proveedor, por su parte, se limitó a decir que en el mercado de medicamentos hay libertad de precios y el hospital aceptó.

Costo de la necesidad

Valor cobrado al Hospital por 313 medicamentos: $878.232.608.
Diferencia con precios de Farma por los mismos 313 medicamentos: $644.864.262
Diferencia con precios de Invima por los mismos 313 medicamentos: $650.393.62.
El Acitretin Neotigason, utilizado para tratar la psoriasis (crecimiento de las células e inflamación de la piel), fue cobrado $57 millones por encima de lo debido.